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La casa kintsugi: Tres generaciones de mujeres que buscan sanar
256 pages, Paperback
Published May 12, 2026
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July 16, 2026
Tras crecer con cierto desapego hacia los demás, Mao ha logrado un cómodo equilibro en su hogar, junto a Yuko, su madre y Chie, su abuela. Las tres mujeres viven juntas, tres generaciones de mujeres que han tenido que enfrentarse a la vida y a sus problemas desde lugares muy diferentes. Cuando su madre debe alejarse por trabajo, Mao estrecha el vínculo con su abuela, consiguiendo que esta le enseñe los entresijos de su profesión. Chie se dedica al kintsugi, el arte milenario de reparar artículos de cerámica y otros materiales cuando estos se rompen, usando una laca especial que consigue pegar los trozos y recubriéndolos de polvo de oro. De esta manera, el objeto se vuelve aún más bello, pues en vez de ser desechado, es reparado, resaltando esas imperfecciones que lo hacen único. Ayudando a su abuela, Mao descubre las pasiones ocultas de Chie, y decidirá ayudarla a cumplir sus deseos.
Llevo media vida obsesionado con este arte asiático que refleja tan bien el concepto que tienen sobre la belleza, y cada vez que he leído cositas sueltas del tema, o lo he visto en series, pelis o mangas, me quedaba embobado, por lo cual este libro ya lo tenía fácil para hacerme disfrutar hablando del kintsugi o el resto de prácticas similares, pero es que consigue hacerlo muy bien. Este arte no es un atrezo de fondo que ayude a que el libro resulte más atractivo, se convierte en el hilo conductor de toda la historia, y mientras las protagonistas van avanzando por las páginas, el lector puede entender las labores del kintsugi, de la habilidad que se necesita, de lo difícil que es y de como ese deseo de conservar la belleza y no eliminar lo que se fractura, pese a resultar más fácil y barato sustituirlo, es una cosa absolutamente vocacional. Además, la autora añade constantes explicaciones de todo el proceso por el que puede pasar una pieza para ser reparada, integrándolo bien en la historia. Ha sido una de mis partes favoritas de la obra.
Pocas cosas me gustan más en la literatura que una buena saga familiar y si esta es femenina, más aún. Los silencios, la falta de comunicación y las impresiones equivocadas han marcado la vida de Mao, Yuko y Chie. Las tres han crecido en un entorno diferente, enfrentándose cada una a los obstáculos que la vida tenía preparados para ellas. Chie, separada de su familia por la guerra, vivió en una época donde el cometido de la mujer solo era tener hijos y casarse. Yuko no consigue alcanzar sus sueños a causa de un estricto padre que fija un techo ficticio hasta el que las mujeres pueden estudiar, pero ella se niega a que marquen su camino y decide trazarlo ella misma. Mao, por último, es una joven que no encaja con la gente de su edad, que no valora las mismas cosas que su generación y a la que le cuesta encontrar su camino, marcar sus objetivos.
Al despertar el interés de Mao por el trabajo de su abuela, las tres acaban abriéndose, permitiendo que las otras conozcan partes de su corazón que llevaban cerradas muchos años, incluso toda una vida en el caso de Chie. Y de esta manera conectan, se sienten más cerca, más iguales, reconocer la vulnerabilidad en las otras, les ayuda a aceptar la propia. Los secretos, los deseos, las pasiones tantos años guardadas en lo más profundo de su ser, se muestran y esto les permite sanar.
“La casa Kintsugi” habla de aprovechar la vida, de disfrutarla. Nunca es tarde para dar un paso adelante y decidir tu destino, recorrer tu propio camino, pese a que el mundo que te rodea no lo entienda, porque seguro que durante el recorrido encontrarás personas afines, personas que te entenderán y con las que encajarás. Creo que el kintsugi funciona a la perfección para hablar de lo importante que es encontrar aquello que nos apasiona, que nos mueve y aferrarnos a ello.
Como buena autora japonesa que es, Sanae Hoshio, describe los lugares que recorre con gran delicadeza, dándole a la belleza de estos paisajes, la importancia que merecen. Especialmente destaca la ciudad de Takayama, un entorno tranquilo que mantiene el lado más tradicional del país y en el que se trabaja la laca que se usa para este tipo de reparaciones. La autora describe el lugar de una manera tan hermosa, tan cálida, que no he podido evitar señalarlo como un destino que debo visitar en algún momento.
“La casa kintsugi” no deja de ser un libro dentro de la ola feel good que actualmente asola el planeta, pero nos encontramos con un libro que tiene muchas más capas, que está lleno de matices que le otorgan una mayor profundidad de la que habitualmente se suele encontrar en este tipo de historias. Ojalá la editorial se anime con alguna otra obra de Hoshio, porque esta se ha convertido para mí en una de sus mejores publicaciones.
Llevo media vida obsesionado con este arte asiático que refleja tan bien el concepto que tienen sobre la belleza, y cada vez que he leído cositas sueltas del tema, o lo he visto en series, pelis o mangas, me quedaba embobado, por lo cual este libro ya lo tenía fácil para hacerme disfrutar hablando del kintsugi o el resto de prácticas similares, pero es que consigue hacerlo muy bien. Este arte no es un atrezo de fondo que ayude a que el libro resulte más atractivo, se convierte en el hilo conductor de toda la historia, y mientras las protagonistas van avanzando por las páginas, el lector puede entender las labores del kintsugi, de la habilidad que se necesita, de lo difícil que es y de como ese deseo de conservar la belleza y no eliminar lo que se fractura, pese a resultar más fácil y barato sustituirlo, es una cosa absolutamente vocacional. Además, la autora añade constantes explicaciones de todo el proceso por el que puede pasar una pieza para ser reparada, integrándolo bien en la historia. Ha sido una de mis partes favoritas de la obra.
Pocas cosas me gustan más en la literatura que una buena saga familiar y si esta es femenina, más aún. Los silencios, la falta de comunicación y las impresiones equivocadas han marcado la vida de Mao, Yuko y Chie. Las tres han crecido en un entorno diferente, enfrentándose cada una a los obstáculos que la vida tenía preparados para ellas. Chie, separada de su familia por la guerra, vivió en una época donde el cometido de la mujer solo era tener hijos y casarse. Yuko no consigue alcanzar sus sueños a causa de un estricto padre que fija un techo ficticio hasta el que las mujeres pueden estudiar, pero ella se niega a que marquen su camino y decide trazarlo ella misma. Mao, por último, es una joven que no encaja con la gente de su edad, que no valora las mismas cosas que su generación y a la que le cuesta encontrar su camino, marcar sus objetivos.
Al despertar el interés de Mao por el trabajo de su abuela, las tres acaban abriéndose, permitiendo que las otras conozcan partes de su corazón que llevaban cerradas muchos años, incluso toda una vida en el caso de Chie. Y de esta manera conectan, se sienten más cerca, más iguales, reconocer la vulnerabilidad en las otras, les ayuda a aceptar la propia. Los secretos, los deseos, las pasiones tantos años guardadas en lo más profundo de su ser, se muestran y esto les permite sanar.
“La casa Kintsugi” habla de aprovechar la vida, de disfrutarla. Nunca es tarde para dar un paso adelante y decidir tu destino, recorrer tu propio camino, pese a que el mundo que te rodea no lo entienda, porque seguro que durante el recorrido encontrarás personas afines, personas que te entenderán y con las que encajarás. Creo que el kintsugi funciona a la perfección para hablar de lo importante que es encontrar aquello que nos apasiona, que nos mueve y aferrarnos a ello.
Como buena autora japonesa que es, Sanae Hoshio, describe los lugares que recorre con gran delicadeza, dándole a la belleza de estos paisajes, la importancia que merecen. Especialmente destaca la ciudad de Takayama, un entorno tranquilo que mantiene el lado más tradicional del país y en el que se trabaja la laca que se usa para este tipo de reparaciones. La autora describe el lugar de una manera tan hermosa, tan cálida, que no he podido evitar señalarlo como un destino que debo visitar en algún momento.
“La casa kintsugi” no deja de ser un libro dentro de la ola feel good que actualmente asola el planeta, pero nos encontramos con un libro que tiene muchas más capas, que está lleno de matices que le otorgan una mayor profundidad de la que habitualmente se suele encontrar en este tipo de historias. Ojalá la editorial se anime con alguna otra obra de Hoshio, porque esta se ha convertido para mí en una de sus mejores publicaciones.
June 5, 2026
"Yo he caminado. Yûko ha caminado. Ahora es Mao la que camina. Esto es lo que debe significar cuidar de un bosque".
Tres generaciones de mujeres, la obligación de seguir un camino, los vientos que cambian... y como hilo conductor, la hermosa tradición de la laca y la reparación con oro: un arte que puede vivirse como atadura de por vida o como fuente de liberación y sanación. Me ha encantado el personaje de Chie, la abuela que retorna a su Takayama natal.
Tres generaciones de mujeres, la obligación de seguir un camino, los vientos que cambian... y como hilo conductor, la hermosa tradición de la laca y la reparación con oro: un arte que puede vivirse como atadura de por vida o como fuente de liberación y sanación. Me ha encantado el personaje de Chie, la abuela que retorna a su Takayama natal.
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