What do you think?


Contra la Ilustración oscura: Marx y Nietzsche frente al transhumanismo aceleracionista
320 pages, Paperback
Published April 8, 2026
About the author
Carlos Fernández Liria
31 books34 followersDurante los años ochenta, siendo profesor de enseñanza secundaria, trabajó como guionista televisivo, destacando su participación en el programa La bola de cristal en colaboración con Santiago Alba Rico. Ahora, es profesor titular de la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, en el departamento de Filosofía teorética.
Además de su labor docente como profesor de filosofía ha publicado varios libros de ensayo sobre disciplinas como filosofía, antropología y política, colaborando a su vez en varias revistas y medios de comunicación.
Además de su labor docente como profesor de filosofía ha publicado varios libros de ensayo sobre disciplinas como filosofía, antropología y política, colaborando a su vez en varias revistas y medios de comunicación.
Ratings & Reviews
Friends & Following
Create a free account to discover what your friends think of this book!
Community Reviews
Displaying 1 - 6 of 6 reviews
April 18, 2026
El ser humano es un ente paradójico cuya esencia no está definida: puede acabar siendo una bestia o un ángel. Es decir, puede rebajarse o sobrepujarse. Sin embargo, para ajustarse a lo que verdaderamente es, debe siempre apuntar más allá de sí mismo, hacia los dioses. La mejor manera de lograrlo es dándose leyes que no sean meros caprichos individuales ni normas concretas, sino que aspiren a ser universales y respondan a una naturaleza previa y superior al hombre, tal y como Menón es capaz de recordar el teorema de Pitágoras sin saber realmente matemáticas. Estas Leyes, tal y como las concebía Platón, nacen del espacio público, que es la verdadera brújula hacia la que deben apuntar. Una vez que los hombres, en común, se dan dichas leyes, estas quedan eternizadas, inmarcesibles en una suerte de Eterno Retorno nietzscheano.
Es precisamente este espacio público y normativo el que se encuentra bajo el asedio que Carlos Fernández Liria denuncia en Contra la Ilustración oscura. A través de sus páginas, el autor lanza un salvavidas frente a un futuro secuestrado por el tecnocapitalismo de Silicon Valley, aunque conviene advertir al lector que, quien busque aquí un tratado académico neutral, se sentirá decepcionado. La obra se aleja del ensayo filosófico sosegado para abrazar sin complejos la forma del manifiesto, utilizando un tono a menudo procaz y combativo para arremeter contra las nuevas élites tecnológicas y figuras como Peter Thiel o Nick Land. A pesar de que, por pura voluntad polémica, el texto peca de ser reiterativo y repite conceptos filosóficos hasta la saciedad.
Para refutar a estos apóstoles del transhumanismo aceleracionista —quienes buscan llevar las fuerzas desterritorializadoras del capitalismo hasta el colapso inhumano—, Liria hace un movimiento audaz rescatando a Marx y a Nietzsche. Frente a esa distopía, el autor reivindica a un Marx puramente emancipatorio y rechaza el obrerismo clásico que solo busca optimizar la producción, para recordarnos que el verdadero fin de la tecnología debería ser liberarnos del trabajo y entregarnos a la libertad o a la fiesta. Es en este punto donde enlaza con Nietzsche, argumentando que solo cuando estemos libres del yugo de la supervivencia podremos revertir el nihilismo, superar a ese «último hombre» complaciente que fomenta el consumo digital y crear, por fin, nuevos valores.
Lamentablemente, la solidez de este diagnóstico comienza a resquebrajarse cuando entran en juego las nostalgias del autor. La visión emancipatoria de Fernández Liria está profundamente trufada por una evidente miopía generacional y una fe ciega en los ideales de la Internacional Situacionista y el mayo del 68. En su afán por defender este espíritu sesentero, el texto carga con dureza contra la llamada «nostalgia rojiparda», acusándola de conservadora, pero al mismo tiempo enarbola la bandera de la contracultura hippie omitiendo trágicamente las consecuencias individualizantes y atomizadoras de aquella misma revolución. Frente a Nietzsche, Schopenhauer. Pasa por alto lo que autores como Michel Houellebecq han retratado de forma descarnada en su literatura: que las verdaderas víctimas de esa emancipación son los individuos contemporáneos, arrojados a un mercado ferozmente desregulado, no solo en lo económico, sino en lo afectivo y lo social. Solos frente a su propio deseo.
De este modo, Liria acusa al neoliberalismo de haber robado la estética hippie vaciándola de su sentido comunitario, pero se niega a admitir una posibilidad mucho más incómoda. Se resiste a aceptar que la revolución sesentera, al dinamitar toda noción de autoridad y límite en nombre de la libertad del deseo, fue en realidad el disolvente perfecto para destruir los vínculos orgánicos. Esa rebeldía que el autor tanto añora no fue la víctima del tecnocapitalismo, sino su vanguardia; el caldo de cultivo ideal para crear al sujeto narcisista, aislado y desarticulado que hoy es el usuario perfecto para los señores feudales de la Ilustración oscura.
Es precisamente este espacio público y normativo el que se encuentra bajo el asedio que Carlos Fernández Liria denuncia en Contra la Ilustración oscura. A través de sus páginas, el autor lanza un salvavidas frente a un futuro secuestrado por el tecnocapitalismo de Silicon Valley, aunque conviene advertir al lector que, quien busque aquí un tratado académico neutral, se sentirá decepcionado. La obra se aleja del ensayo filosófico sosegado para abrazar sin complejos la forma del manifiesto, utilizando un tono a menudo procaz y combativo para arremeter contra las nuevas élites tecnológicas y figuras como Peter Thiel o Nick Land. A pesar de que, por pura voluntad polémica, el texto peca de ser reiterativo y repite conceptos filosóficos hasta la saciedad.
Para refutar a estos apóstoles del transhumanismo aceleracionista —quienes buscan llevar las fuerzas desterritorializadoras del capitalismo hasta el colapso inhumano—, Liria hace un movimiento audaz rescatando a Marx y a Nietzsche. Frente a esa distopía, el autor reivindica a un Marx puramente emancipatorio y rechaza el obrerismo clásico que solo busca optimizar la producción, para recordarnos que el verdadero fin de la tecnología debería ser liberarnos del trabajo y entregarnos a la libertad o a la fiesta. Es en este punto donde enlaza con Nietzsche, argumentando que solo cuando estemos libres del yugo de la supervivencia podremos revertir el nihilismo, superar a ese «último hombre» complaciente que fomenta el consumo digital y crear, por fin, nuevos valores.
Lamentablemente, la solidez de este diagnóstico comienza a resquebrajarse cuando entran en juego las nostalgias del autor. La visión emancipatoria de Fernández Liria está profundamente trufada por una evidente miopía generacional y una fe ciega en los ideales de la Internacional Situacionista y el mayo del 68. En su afán por defender este espíritu sesentero, el texto carga con dureza contra la llamada «nostalgia rojiparda», acusándola de conservadora, pero al mismo tiempo enarbola la bandera de la contracultura hippie omitiendo trágicamente las consecuencias individualizantes y atomizadoras de aquella misma revolución. Frente a Nietzsche, Schopenhauer. Pasa por alto lo que autores como Michel Houellebecq han retratado de forma descarnada en su literatura: que las verdaderas víctimas de esa emancipación son los individuos contemporáneos, arrojados a un mercado ferozmente desregulado, no solo en lo económico, sino en lo afectivo y lo social. Solos frente a su propio deseo.
De este modo, Liria acusa al neoliberalismo de haber robado la estética hippie vaciándola de su sentido comunitario, pero se niega a admitir una posibilidad mucho más incómoda. Se resiste a aceptar que la revolución sesentera, al dinamitar toda noción de autoridad y límite en nombre de la libertad del deseo, fue en realidad el disolvente perfecto para destruir los vínculos orgánicos. Esa rebeldía que el autor tanto añora no fue la víctima del tecnocapitalismo, sino su vanguardia; el caldo de cultivo ideal para crear al sujeto narcisista, aislado y desarticulado que hoy es el usuario perfecto para los señores feudales de la Ilustración oscura.
June 18, 2026
Aunque el desarrollo que hace sobre la ideología contemporanea de Nick Land me parece un poco más de lo mismo, sin profundizar tanto en el personaje, algo que sucede en casi todos los acercamientos a tan importante figura, la segunda mitad del libro donde se analiza la importancia de la Ilustración per se, creo que es super interesante.
August 21, 2026
Interesante, con una nueva lectura lo podría disfrutar más. Al estar de acuerdo de primeras con la tesis pues me hace estar asintiendo aunque me vaya perdiendo jajajaja
July 31, 2026
Aunque a ratos me dan ganas de decirle a Carlos Fernández Liria que me suelte el brazo, se lo perdono por lo fáciles y bellos que hace ciertos conceptos que pueden ser obtusos y oscuros en otros autores.
A ratos me parece que se transforma en una arenga demasiado personal, al relatar episodios de su vida, o nombrar a amigos (Juan Manuel Prada, sorpresas siguen sorpreseando) directamente. Sin embargo, que defensa de la ilustración, que defensa de los principios de ley, de repente soy más fan del estado de derecho de lo que he sido en los últimos años.
Los capítulos finales, en los que explica el concepto del eterno retorno de Nietzsche, son un rapto, un barquito por el que surcar la idea. Además de una propuesta, un challenge veraniego, mucho más interesante que cualquiera que pueda cazar por Instagram ¿Quién se apunta a vivir este agosto 2026 como si el tiempo lineal no existiera y sus elecciones fueran a retornar eternamente, cada instante vivido ad perpetuam? ¿Algún voluntario?
Vivamos como super hombres (o super mujeres), como dioses(as), sobrepasando el reino de la necesidad para entrar en el de los universales, orgullosas de nuestras elecciones y presentes en nuestros deseos.
A ratos me parece que se transforma en una arenga demasiado personal, al relatar episodios de su vida, o nombrar a amigos (Juan Manuel Prada, sorpresas siguen sorpreseando) directamente. Sin embargo, que defensa de la ilustración, que defensa de los principios de ley, de repente soy más fan del estado de derecho de lo que he sido en los últimos años.
Los capítulos finales, en los que explica el concepto del eterno retorno de Nietzsche, son un rapto, un barquito por el que surcar la idea. Además de una propuesta, un challenge veraniego, mucho más interesante que cualquiera que pueda cazar por Instagram ¿Quién se apunta a vivir este agosto 2026 como si el tiempo lineal no existiera y sus elecciones fueran a retornar eternamente, cada instante vivido ad perpetuam? ¿Algún voluntario?
Vivamos como super hombres (o super mujeres), como dioses(as), sobrepasando el reino de la necesidad para entrar en el de los universales, orgullosas de nuestras elecciones y presentes en nuestros deseos.
June 10, 2026
Buen ensayo (la parte en que analiza el último hombre de Nietzsche bien puede ser lo más brillante que nunca haya publicado Arpa) levemente estropeado cuando de pronto el autor escribe "como dice mi amigo JUAN MANUEL DE PRADA"...
We've been Arpeed
We've been Arpeed
June 15, 2026
me lo robaron me estaba gustando :(
Displaying 1 - 6 of 6 reviews






