Se llama Martín, tiene 25 años y una vida ordenada que le aburre profundamente.
Un trabajo estable en la farmacia familiar, un vecino al que espiar por las noches y la idea de monetizar creativamente su último desamor no son suficientes para hacerle feliz. Martín quiere cambiarlo todo, pero no se atreve y pasa las horas cubriendo su hastío vital jugando a imaginar nuevos amores, nuevos chicos, nuevos Martines.
Hasta que un día, después de una larga noche de guardia, se enfrenta a un camino de vuelta a casa lleno de cowboys pelirrojos, madres que se desdibujan en la distancia y motos que circulan a toda velocidad, donde realidad y ficción se dan la mano y ponen su mundo – por fin – patas arriba.
A medio camino entre el ego desmedido de Carrie Bradshaw y el patetismo cómico de Frances Ha, Aitor Artetxe narra la historia de una generación perdida, imperfecta y frustrada que navega su veintena en una constante contradicción.
cuando anunciaron este libro me pareció divertidísimo, tan verde, esa cubierta con una cara estilo payaso, el título, la sinopsis… me encantó. es verdad que tenía la sensación de haber leído estos últimos años-meses el mismo tipo de libro varias veces, pero tampoco me importaba demasiado. me parecía tan chulo y tan divertido que sabía que iba a leerlo. totalmente por casualidad acabé con el libro antes de su salida oficial porque la distri ya lo había metido en un pedido de la editorial de mi libre de confianza y como no tenía dueño lo tuve claro: para mí.
así llegué a la lectura de “De Plastilina”. ¿qué podemos esperar de un libro que inicia con una cita de Almodóvar y su primera página-capítulo termina diciendo “El hombre rosa, Makoke y yo”? pues chicas, un poco de todo. un resumen rapidito sin spoilers podría ser que en esta novela seguimos a Martín, un chico de 25 años que trabaja en una farmacia. Martín escribe, Martín quiere cambiarlo todo porque está cansado de la vida de siempre, del desamor, de la realidad. Martín, ese al que le gusta mirar masturbarse al vecino, Martín que a veces sueña despierto al salir de una noche de guardia. desde aquí podrían pasar muchas cosas, pero la principal es esa que hace que los mundos se den la vuelta. esa que un día hace que todo se desdibuje en una extraña ficción-autoficción-realidad_alterada-fantasía.
esta novela es fresca, divertida, también triste, tierna, algo violenta e incluso asquerosilla a veces. una novela joven, pop, imperfecta. generacional. diferente. plagada de referencias, de formatos diferentes que hacen la lectura dinámica, entretenida. historia tragicómica del eterno niño-adolescente-adulto que a veces se siente payasete, a veces diva, a veces ente desdibujado.
me ha gustado bastante, más de lo que en un principio esperaba, por esa capacidad de mantenerse y deambular entre lo divertido y lo intenso, entre lo banal y lo reflexivo. una novela con más profundidad de lo que en un principio podemos imaginar, pero que no por ello deja de lado lo divertido.
ahora creo que podría mirar de forma diferente a mi vecino que sale a fumar al balcón cuando todas las luces se apagan.
aitor es un autor divertido. utiliza frases cortas, tiende a la verborrea y sabe meterte referencias pop donde menos te lo esperas. aitor es un autor camp. sus universos navegan en lo kitsch, lo rocambolesco, lo barroco, lo plástico. aitor es un autor sincero. no se corta en crudezas, no se molesta en describir sandeces. se entretiene con lo que quiere, te cuenta lo que quiere y se mantiene firme en su imaginario de colores chillones, texturas infantiles y personajes marcados por la crisis de toda una generación. aitor es, en definitiva, un autor increíble. y este libro es todo eso y más !!
De Plastilina es la historia de un chico bilbaíno de 25 años llamado Martín. ¿Lo es? ¿O de alguna manera es la historia de todos nosotros, que por A o por B hemos crecido en los márgenes de lo normativo?
Canallita, fresca, dulce, ácida, colorida, oscura, calmada y violenta al mismo tiempo. Sorprende la cantidad de sensaciones contradictorias y consonantes que se pueden transitar en poquitas páginas.
Lo devoré en un día, y se me hizo corto. Muy corto.
Enhorabuena, Aitor por tu talento y por tu estilo tan característico.