¿Qué es la realidad absoluta? Pareciera ser que habita en la selva que recorre infatigablemente el coronel Kurtz o en los ríos amazónicos que navega Fitzcarrald, pero no puede expresarse mediante el lenguaje ni hay escapatoria para quien acceda a ella. Acaso también sea una arboleda de Monte Hermoso que arma un socialismo fitogeográfico en una cooperación inolvidable; o las formas vegetales de Anna Atkins nunca antes vistas gracias a la técnica de la cianotipia; o las huellas del Ser heiddegeriano que duerme en el granero de un pueblo olvidado; o más de cien bombas que caen sobre Plaza de Mayo en un junio cruel y traicionero; o un escritor llamado Jorge Consiglio que encuentra una suerte de punto ciego en la autopista 25 de Mayo que le permite espiar por unos instantes a una extraña bailarina.
Todas pequeñas excusas, interrupciones, mediante las cuales, en estos relatos hipnóticos y cautivantes, Luis Sagasti observa la realidad absoluta, le da la espalda, la rodea, la pincha, la burla: la escribe magistralmente.
Luis Sagasti, a writer, lecturer and art critic, was born in Bahía Blanca, Argentina in 1963. He graduated in History at the Universidad Nacional del Sur where he now teaches. From 1995 to 2003 he was Curator in charge of Education and Cultural Outreach at the Museum of Contemporary Art, Bahía Blanca, authoring numerous art catalogues for exhibitions. Including Fireflies (known in Spanish as Bellas Artes, 2011), he has published four novels: El Canon de Leipzig (Leipzig's Canon, 1999), Los mares de la Luna (Seas of the Moon, 2006), and Maelstrom (2015). He also has a book of essays Perdidos en el espacio (Lost in Space, 2011). His new novel, Una ofrenda musical (A Musical Offering) came out in early 2017.
Un libro que parece hecho de retazos cocidos con maestría. En uno de sus textos (cuesta llamarlos cuentos, aunque sea a algunos de ellos) dice: “cuando todos los fragmentos terminan por encastrar quedan ocultos los hilos que los sostienen”. Es, quizá, la mejor definición del libro: una serie de fragmentos que encajan de tal manera que pueden funcionar como literatura, se pasa fluidamente de uno a otro. Parte diciendo que la literatura es encontrar nuevas historias con las mismas costelaciones, y eso es lo que hace: usando materiales ya remanidos, busca decir algo que, aparentemente ya se dijo, pero todavía no. Y así armar un texto literario distinto sin crear nuevos materiales Usa como materiales impresiones, películas, libros, cuadros, performance, anécdotas y finalmente se usa a sí mismo (un fragmento retoma y resignifica a otro) en un desborde que es la tónica de todo el libro: algunas de las ideas que instala cada texto son retomadas en los posteriores, como si cada uno pudiera instalar una categoría nueva que permite continuar la reflexión que se dejó en el anterior en un nuevo escenario o a partir de un nuevo estímulo. Todos los fragmentos giran alrededor de la idea de realidad absoluta con el cuidado de nunca entrar a ella. Se pueden rescatar un puñado de temas que vuelven, se profundizan, se bifurcan sin un orden específico: la naturaleza, el arte, lo oblicuo, el Ser. Son ideas que no están sueltas: a pesar de la fragmentariedad, hay una línea que une a todos ellos. Pero, a la vez, pueden soltarse y leerse como reflexiones autónomas. Esos materiales decantan en afirmaciones a veces muy tajantes, presentadas como verdades autoevidentes, algunas interesantes, tentadoras, con la fuerza de una escritura pura y sofisticada. A la vez, el libro tiene otra capa que reflexiona sobre la escritura: las distintas operaciones que se llevan a cabo hay una idea sobre el arte y la palabra que tiene como modelo a Warburg (referido en dos de los fragmentos): se puede ver en “Serpientes” un recorrido de lectura que va de una idea (las formas en el arte) a una obra (fotografías, pintura medieval), de la obra al concepto (la realidad absoluta o su efecto sobre las personas), del concepto a otra obra. La lista de materiales que utiliza (y su diversidad) impacta: el libro se vuelve una enciclopedia desbordante de obras que pueden leerse, mirarse o consumirse. Pero también constituye un dispositivo desde el cual abordarlas: los materiales son variados pero no arbitrarios y la realidad absoluta no solo funciona como idea sino como objeto central del arte. Por último, a contrapelo, se puede hacer una reflexión sobre cómo funciona y circula la información en la actualidad: este libro, 30 años atrás, funcionaría completamente distinto.