Este es un relato personal, tan personal que a veces uno se preguntaría: ¿a quién le importa todo esto fuera de las familias afectadas? Es claro que el fin del porfiriato y el exilio porfirista son momentos claves de la historia, pero la obra de Tello a veces no puede dejar de verse el ombligo y hablarse a sí mismo: un hombre que relata la historia de su familia, con referencias y contenido que solo entiende él, incluso con continuos enunciados en Francés u otros idiomas, sin traducción, como si no le importara si se le entiende o no.
Sin embargo, resulta muy interesante comenzar a escuchar otras voces que hablen de personajes históricos, sobre todo si éstos son los "villanos" tradicionales, como lo es Porfirio Díaz. Contemplar el exilio porfirista, con el general Díaz y muchos de sus seguidores, pero desde dentro, con ojos privilegiados, es un punto de vista poco común y revelador. El afrancesamiento y malinchismo patentes, el clasismo insultante, la arrogancia y el despotismo, pero también la humanidad de quienes vieron su mundo caer en pedazos. ¿Mucho sufrimiento al exilarse? No lo parece: amaban Europa, amaban Francia y amaban sentirse superiores, aunque se enfrentaron (algunos) a algo completamente desconocido: la necesidad de trabajar para vivir.
Por momentos se siente innecesariamente largo y es, sin duda, confuso. Imposible seguir los lazos, relaciones, matrimonios, negocios y amistades entre los Díaz, los Casasús y las demás familias, que quizás por considerarse una especie de "nobleza mexicana", imitaban a a las casas reales europeas y solo se casaban y relacionaban entre ellos. Un árbol genealógico o cuadros explicativos de las relaciones entre unos y otros hubiera sido muy útil.