Esta nueva colección nace con el afán de acercar a un público no especialista las obras fundamentales de la literatura española, desde los orígenes de nuestras letras hasta finales del siglo XX. A diferencia de lo que ocurre en otras grandes culturas europeas con su patrimonio literario, nuestros clásicos constituyen unn territorio mal conocido por el público español. Una de las razones de este fenómeno tiene que ver con la presentación que suelen adoptar las ediciones de las el texto -que es lo que verdaderamente interesa a la mayoría de lectores- aparece acompañado en las grandes ediciones académicas -como sucede, por ejemplo, con nuestra propia «Biblioteca clásica»-, de un gran aparato erudito que, aunque sea absolutamente imprescindible para el especialista, abruma a quienes buscan sobre todo el placer de la lectura y les disuade de comprar ese tipo de libros. Así, pues, Clásicos y Modernos se inicia con la voluntad de restituir el legado literario español a su verdadero público, el común de los lectores, sin privarlo del rigor exigible a toda buena edición. En otras palabras, la colección propone, a través de una presentación racional, conciliar el disfrute directo de las obras con la información mínima pero necesaria para la plena comprensión de éstas.
Le pongo 2 estrellas no porque no merezca la pena, es porque no soy fan del periodo en el que escribe Larra. Una lectura más que leo para la universidad, muy bien explicado todo.
La vigencia de los artículos de Larra es todavía hoy en día (hoy en día, que ya hemos vivido el bicentenario de su nacimiento) algo vivo, algo aceptado, algo sólido y pleno en su efectividad. Y realmente es convincente el mensaje que transmitió, viviendo en una agitación externa desde una motivación interna muy personal que se tradujo en una precocidad y una visión crítica sin precedentes.
[...]Además del perspectivismo, una honda preocupación por el uso de la lengua define el estilo de Larra. Es censor de los que no hablan o escriben bien y critica los vulgarismos usándolos de forma irónica (se observa en Yo quiero ser cómico [1833]). Se posiciona también en contra de los neologismos, a los que considera innecesarios (se observa en El álbum[1835]). Por último, critica los arcaísmos en relación con las comedias heroicas, a las que entiende como dramas históricos inverosímiles[...]