Es 3.7 que redondeo a 4. Esta es una de esas novelas en las que un lector foráneo no detectará los entresijos de fondo, trama y estilo. Pero Ernesto Carrión es mi paisano y he leído algunas novelas suyas anteriores. Su escritura es impecable, y la profundidad con la que aborda ciertos temas es excepcional y lírica. Esta es la primera publicada internacionalmente por Anagrama, lo cual es una excelente noticia ya que es un autor que merece ser conocido más allá de Ecuador y Colombia, que es donde se distribuyeron sus novelas anteriores publicadas por Seix Barral. Aclarado esto, debo decir, con pesar, que no es la mejor novela de Carrión, detecto unas no tan sutiles intenciones de exotización para calzar con la corriente en boga de la literatura latinoamericana, sobre todo, escrita por mujeres. Un tipo de literatura que tiene mucho éxito en el mercado español y por derivación editorial, en latinoamérica. Incluso hallo paralelos, claramente, con autoras coterráneas como Mónica Ojeda, y en específico, su novela Chamanes eléctricos en la fiesta del sol. Pero esto sólo es una hipótesis, ya que Carrión la escribe en 2024, y Ojeda publica la suya el mismo año, quizás sea una coincidencia que cierto aire, estilo, temática y atmósfera sean análogas en ambas novelas, aunque ciertamente van por caminos distintos y sus tramas no tienen nada que ver. Pero sí el mundo andino y sus rituales, las tradiciones, la atmósfera de extrañeza y el encuentro con lo insondable de la naturaleza. Ambos escritores no son de la región andina sino de la costa, por lo que se me hace inevitable siempre en un principio pensar en una impostación.
Pero aunque halle una incomodidad lectora en cierta narrativa que quizás la encuentre poco genuina por lo descrito arriba, esto no quita la calidad de escritura de Carrión, que para suplir tal vez esas sutiles falencias hace uso de un lenguaje poético potente que, como poeta que fue durante muchos años, lo maneja a la perfección. Así que no me hagan caso acerca de lo dicho anteriormente si no son ecuatorianos, porque la van a disfrutar ya que Carrión es un gran narrador y yo a mis coterráneos les exijo el triple por defecto.
No obstante, es una novela muy diferente en temática y estilo a sus novelas anteriores, aunque la poesía siempre está presente, así como ese encuentro inevitable con la muerte, y todo aquello que bordea los abismos de lo que no conocemos. Yo personalmente considero hasta ahora como su mejor obra a Triángulo Fúser, en la que el ejercicio de estilo y estructura están un paso más allá. Esa es una novela que ficciona los cruciales días en los que Ernesto "el Ché" Guevara pasó en Guayaquil antes de convertirse en esa figura revolucionaria que hoy conocemos. Muy recomendable.
Entonces, el tono en Catálogo de aves muertas es evidentemente otro, uno en el que indaga las causas que pueden llevar al suicidio a una persona desde una relación atávica e indescifrable como los propios misterios de la naturaleza, los animales y su conciencia. Si es que la tienen. Porque las aves de este catálogo son los cuvivíes, que cometen un suicidio masivo cuando emigran desde EEUU y llegan a la laguna de Ozogoche en la sierra de Ecuador, donde simplemente arribar, se desploman en un espectáculo inexplicable para el cual nadie tiene una razón clara. Se supone que el suicidio es un acto de conciencia del yo. ¿La tienen los animales?
Así, el protagonista de esta novela y su hijo asisten a este espectáculo de muerte con el fin de entender el suicidio de su propia esposa/madre, quien investigaba este fenómeno y murió en un accidente automovilístico provocado un año atrás.
La reconstrucción de lo que pasó el día del suicidio de las aves, que se mezcla entre expertos, curiosos, turistas e indígenas y sus rituales, es estructurada en la segunda parte de manera coral, con una forma que recuerda a las partes testimoniales de Los detectives salvajes de Bolaño. El suicidio siempre acecha y es un misterio irresuelto.
Finalmente, la novela tiene un giro en su última parte que renueva el interés en la trama y la refresca de alguna manera, a la vez que la contemporaniza al incluir la Inteligencia Artificial como una forma de llegar a esta pesquisa de las causas del suicidio de la esposa y madre de los protagonistas. La verdad de lo sucedido, no obstante, quedará siempre flotando entre bits. Es un interesante acercamiento de gran sutileza a la ciencia ficción aunque no futurista, una mucho más próxima a la especulación científica que no obstante, tiene muchas posibilidades de convertirse en poco en una realidad. No podemos predecir lo que nos depara la IA...