Elisa, prominente bióloga que estudia el misterioso fenómeno de los cuvivíes —unas aves que cada año se precipitan en masa hacia la muerte en las Lagunas de Ozogoche—, pierde la vida al estrellar su coche de forma aparentemente voluntaria. No ha dejado ninguna explicación de los motivos a su familia. Incapaz de comprender qué la ha llevado a tomar una decisión tan brutal y menos aún de asimilar la pérdida, Leónidas, su marido, emprende un viaje junto a su hijo de nueve años para acampar en Ozogoche, lugar que Elisa ya nunca visitará. El dolor es inconsolable, pero tal vez allí les aguarde alguna respuesta.
No son los únicos visitantes: una serie de personajes se ha dado cita junto al lago para presenciar el bello y macabro ritual de los cuvivíes. Todos tienen sus razones y algunos también han experimentado la pérdida muy de cerca. En ese entorno marcado por las ausencias, Leónidas se pregunta si la pulsión de renunciar a la vida es un acto estrictamente humano o si, por el contrario, parte de causas más amplias y profundas de la naturaleza.
Años después de aquel episodio, Lautaro, el hijo de Elisa y Leónidas, emprende su propia búsqueda para intentar reconstruir el interminable rompecabezas que es la desaparición de su madre. En esta ocasión, cuenta con ella en cierta manera: una empresa tecnológica está recreando avatares digitales de los muertos, lo que permite a los vivos continuar sus duelos desde la virtualidad, extendiendo de forma indefinida la presencia de aquellos que ya no están.
El suicidio siempre deja asuntos inconclusos, preguntas sin respuesta, fracturas irreparables. A menudo, transforma la identidad de los que se quedan. Catálogo de aves muertas indaga en el impulso —individual y colectivo, humano y animal— de desaparecer y en la memoria como territorio en el que confluyen lo cultural, lo tecnológico y lo biológico. Frente al vacío y lo inabarcable, Ernesto Carrión nos ofrece una mirada cálida, poética y emotiva, profundamente humana.
Ernesto Javier Carrión Castro (1977, Guayaquil), escritor ecuatoriano. Ha colaborado con la prensa escrita, realizado trabajos de crítica literaria, ejercido la docencia y participado en encuentros literarios fuera y dentro de su país.
Textos suyos han aparecido en revistas y antologías latinoamericanas. Ha trabajado en poesía el libro La muerte de caín, cuarteto formado por los poemarios: El Libro de la Desobediencia, 2002; Carni vale, Premio Nacional de Literatura “César Dávila Andrade”, 2002; Labor del Extraviado, 2005 y La Bestia Vencida (inédito). También participó en el libro colectivo Porque nuestro es el exilio, Eskeletra editores, Quito, 2006. Actualmente trabaja en el quinteto Los duelos de una cabeza sin mundo. El poemario Demonia Factory -parte de ese nuevo trabajo- ganó el VI Premio Latinoamericano de Poesía Ciudad de Medellín, 2007.
Es 3.7 que redondeo a 4. Esta es una de esas novelas en las que un lector foráneo no detectará los entresijos de fondo, trama y estilo. Pero Ernesto Carrión es mi paisano y he leído algunas novelas suyas anteriores. Su escritura es impecable, y la profundidad con la que aborda ciertos temas es excepcional y lírica. Esta es la primera publicada internacionalmente por Anagrama, lo cual es una excelente noticia ya que es un autor que merece ser conocido más allá de Ecuador y Colombia, que es donde se distribuyeron sus novelas anteriores publicadas por Seix Barral. Aclarado esto, debo decir, con pesar, que no es la mejor novela de Carrión, detecto unas no tan sutiles intenciones de exotización para calzar con la corriente en boga de la literatura latinoamericana, sobre todo, escrita por mujeres. Un tipo de literatura que tiene mucho éxito en el mercado español y por derivación editorial, en latinoamérica. Incluso hallo paralelos, claramente, con autoras coterráneas como Mónica Ojeda, y en específico, su novela Chamanes eléctricos en la fiesta del sol. Pero esto sólo es una hipótesis, ya que Carrión la escribe en 2024, y Ojeda publica la suya el mismo año, quizás sea una coincidencia que cierto aire, estilo, temática y atmósfera sean análogas en ambas novelas, aunque ciertamente van por caminos distintos y sus tramas no tienen nada que ver. Pero sí el mundo andino y sus rituales, las tradiciones, la atmósfera de extrañeza y el encuentro con lo insondable de la naturaleza. Ambos escritores no son de la región andina sino de la costa, por lo que se me hace inevitable siempre en un principio pensar en una impostación.
Pero aunque halle una incomodidad lectora en cierta narrativa que quizás la encuentre poco genuina por lo descrito arriba, esto no quita la calidad de escritura de Carrión, que para suplir tal vez esas sutiles falencias hace uso de un lenguaje poético potente que, como poeta que fue durante muchos años, lo maneja a la perfección. Así que no me hagan caso acerca de lo dicho anteriormente si no son ecuatorianos, porque la van a disfrutar ya que Carrión es un gran narrador y yo a mis coterráneos les exijo el triple por defecto.
No obstante, es una novela muy diferente en temática y estilo a sus novelas anteriores, aunque la poesía siempre está presente, así como ese encuentro inevitable con la muerte, y todo aquello que bordea los abismos de lo que no conocemos. Yo personalmente considero hasta ahora como su mejor obra a Triángulo Fúser, en la que el ejercicio de estilo y estructura están un paso más allá. Esa es una novela que ficciona los cruciales días en los que Ernesto "el Ché" Guevara pasó en Guayaquil antes de convertirse en esa figura revolucionaria que hoy conocemos. Muy recomendable.
Entonces, el tono en Catálogo de aves muertas es evidentemente otro, uno en el que indaga las causas que pueden llevar al suicidio a una persona desde una relación atávica e indescifrable como los propios misterios de la naturaleza, los animales y su conciencia. Si es que la tienen. Porque las aves de este catálogo son los cuvivíes, que cometen un suicidio masivo cuando emigran desde EEUU y llegan a la laguna de Ozogoche en la sierra de Ecuador, donde simplemente arribar, se desploman en un espectáculo inexplicable para el cual nadie tiene una razón clara. Se supone que el suicidio es un acto de conciencia del yo. ¿La tienen los animales?
Así, el protagonista de esta novela y su hijo asisten a este espectáculo de muerte con el fin de entender el suicidio de su propia esposa/madre, quien investigaba este fenómeno y murió en un accidente automovilístico provocado un año atrás.
La reconstrucción de lo que pasó el día del suicidio de las aves, que se mezcla entre expertos, curiosos, turistas e indígenas y sus rituales, es estructurada en la segunda parte de manera coral, con una forma que recuerda a las partes testimoniales de Los detectives salvajes de Bolaño. El suicidio siempre acecha y es un misterio irresuelto.
Finalmente, la novela tiene un giro en su última parte que renueva el interés en la trama y la refresca de alguna manera, a la vez que la contemporaniza al incluir la Inteligencia Artificial como una forma de llegar a esta pesquisa de las causas del suicidio de la esposa y madre de los protagonistas. La verdad de lo sucedido, no obstante, quedará siempre flotando entre bits. Es un interesante acercamiento de gran sutileza a la ciencia ficción aunque no futurista, una mucho más próxima a la especulación científica que no obstante, tiene muchas posibilidades de convertirse en poco en una realidad. No podemos predecir lo que nos depara la IA...
Con este libro tuve un flechazo. La imagen de la cubierta me pareció turbia a la par que bonita, no logré sacármela de la cabeza. El caso es que 24h más tarde, tenía en libro en mis manos. Y 48h después ya estava dentro. Es una maravilla, una mezcla perfecta, una narración con tono poético maravillosa combinada con datos reales de los fenómenos que transcurren a lo largo de la historia. Una historia que pasea de tu mano por los misterios del suicidio y de la conciencia que tenemos sobre ello, de como nos enfrentamos al mundo. Un viaje precioso, intenso que te da lo mejor de ambos mundos. La única pega es que se lee en un suspiro.
Qué bonitoooo. Me gustó mucho, me gusta que no le tenga miedo a hacer una literatura un poco grandilocuente, que sea interesante, que el lenguaje sea siempre precioso, que aún así el final sea bastante inesperado.
“los suicidas son los peores muertos porque no descansan nunca. y engordan devorando los corazones y las memorias de aquellos que los sobreviven”.
me he leído este libro en un episodio nuevo de mi duelo. al principio me estaba sentando fatal, pero ha terminado siendo catártico. quien intenta comprender un suicidio se adentra en un viaje sin destino y sin final. da igual que te vayas a la laguna de tu país o a la india; al final del camino, la única respuesta que encontrarás estará dentro de ti y de tus recuerdos.
La verdad es que ha sido decepcionante. Creí que iba a ser un libro en el que se trata la muerte y me he encontrado con que sólo es un título atractivo.
La pluma del autor no me gusta nada. Tanta metáfora, oraciones cortas y un lenguaje tan “poético” no me deja entrar en la historia. Me parece un libro vacío, con una intención que no entiendo y reflexiones que, o tampoco pillo, o ni siquiera existen. Un libro con un lenguaje tan adornado que el mensaje se pierde en las palabras, aunque tampoco creo que haya un mensaje porque no se qué cual es el objetivo de la historia.
Me hubiera gustado que el tema de la muerte se tratara de una manera más directa y cruda, no con tanto ornamento. Supongo que mea culpa por haber creído que iba a ser así.
Por último, creo que puedo intuir parte lo que pretende decir con el tema de la IA, pero es muy surrealista wtf. Y el final ni siquiera tiene sentido como para hablar de él.
A pesar de ello, la parte de las entrevistas me parece muy chuli y los datos curiosos de animales también jiji.
Muy bonito, pese al tema. Se nota que es poeta antes que novelista. Tres partes, algunas mejores que otras, no le he dado cuatros estrellas porque en una obra tan evocadora y sutil introducir lo de la ÍA me ha chirriado demasiado. ¿Recomendable? Si
“Quizás elegir la muerte en lugar de la vida si prueba en algo libre albedrío.”
“Es espontáneo el modo en la vida aplasta a la muerte o a lo que muere. Seguir con la vida es algo que se ejecuta, o que solamente puede ocurrir, contra la vastedad de las pérdidas humanas que se pierden a diario.”