La cara se ha convertido en una superficie de control, en la prueba del tiempo... o de su negación. Este no es un ensayo sobre cremas ni rituales de bienestar, sino sobre lo que ocurre cuando nos miramos al espejo con una nueva arruga y un pensamiento intrusivo que también es nuevo. Sobre el gesto íntimo y cotidiano de aplicar una crema en el rostro por la mañana mientras nuestras hijas toman nota. Sobre la sospecha de que el nuevo imperativo es tener un cuerpo delgado y una piel perfecta.
Este libro nace de un conflicto genuino: el deseo de verse bien y el temor de estar participando en la perpetuación de un sistema que no elegimos.
Hoy me ha depilado. Por la tarde tengo láser. Anoche fui a la presentación de Dame Veneno Que Quiero Vivir por Leticia Salas en la Librería Antonio Machado. Empezó la charla preguntando porque hacemos tantas cosas las mujeres para ponernos guapas.
Es por miedo o por placer? Pues hoy me ha depilado por miedo. Por miedo de que me van a cobrar en Laserum si no me depilo bien. Pero la pregunta es clave. Porque gasto tanto dinero en hacerme el láser? Duele mucho y una desconocida me ve el ano. Es por miedo o por placer ? Pues por miedo. Miedo de que un hombre me rechazaría por no estar depilada como uno de esos gatos calvos.
Fue mi cumple hace unos meses y me puse a reflexionar. Escribí estas líneas y sigo pensando en la anécdota.
Dos personas me han visto el ano. (Un ex y la chica de láser)
Las Sephora kids, la violencia estética y fallarle al feminismo o a la feminidad son algunos de los temas estrella de este ensayo riquísimo en conocimiento. Me he bebido este libro. Leti nos habla también de cómo el bótox puede impedir que sientas emociones en absoluto, y cómo les hijes no sabrán interpretar las emociones porque sus madres tienen la cara paralizada. Del miedo a tener a una niña en este mundo hostil para con los cuerpos femeninos y de dónde nace el no poder preguntarle a una mujer adulta qué edad tiene. Recomiendo en mayúsculas esta maravilla de investigación hecha libro 💆🏼♀️
Tiene ideas interesantes y plantea preguntas pertinentes, pero en conjunto me ha decepcionado bastante.
Quizá mi principal problema con el libro tenga que ver con las expectativas con las que llegué a él. No conocía a la autora y me animé a leerlo porque el título me pareció muy sugerente. Esperaba un enfoque más radical o, al menos, más provocador, así que es posible que parte de mi decepción venga de ahí. Aun así, creo que el libro se queda a medio camino en varios de los debates que plantea.
También me ha costado conectar con el estilo. Para ser un ensayo, no me ha parecido especialmente sólido desde el punto de vista literario. Últimamente he disfrutado mucho con autoras como Olivia Laing y Becca Rothfeld, cuyas obras me resultan más ambiciosas tanto en la escritura como en la construcción de las ideas. En comparación, Dame veneno me ha parecido un libro más superficial de lo que esperaba.
Algo similar me ha ocurrido con las referencias culturales y la bibliografía. En varios momentos eché de menos un diálogo más amplio con otros textos y una mayor profundidad en las fuentes citadas. Me sorprendió especialmente la referencia a *El cerebro femenino*, un libro muy cuestionado por su uso de estereotipos y por seleccionar únicamente las evidencias que respaldan determinadas conclusiones.
El aspecto que más me ha chirriado, sin embargo, tiene que ver con algunas reflexiones sobre la maternidad y las diferencias entre niños y niñas. Cuando la autora afirma que no conoce ciertas experiencias asociadas a la crianza de los niños, como correr detrás de una criatura inagotable o escuchar durante horas hablar de dinosaurios, porque tiene una hija, sentí que estaba reproduciendo precisamente el tipo de esencialismo que muchas feministas llevan años intentando desmontar. Soy madre de tres niñas y todas esas experiencias me resultan perfectamente familiares. Los niños y las niñas no son bloques homogéneos: cada criatura tiene su propio carácter, sus intereses y su forma de estar en el mundo. Reducir determinadas conductas o aficiones a una cuestión de género me parece una simplificación que aporta poco al debate y que, personalmente, me resulta bastante frustrante.
Dicho esto, creo que el libro puede funcionar como una introducción accesible para lectoras que no estén familiarizadas con estas cuestiones y quieran acercarse por primera vez a ciertos debates feministas. En mi caso, sin embargo, buscaba un ensayo más profundo, mejor argumentado y más arriesgado.
me gustó bastante al principio pero creo que no ha cumplido con mis expectativas. la problemática que trata el libro lo desborda y este acaba siendo una mezcla de géneros (con mucha opinión y bastante justificación) más que un ensayo. me han resultado muy interesantes algunas reflexiones pero, en computo general, queda un poco justo.
Cuando mi abuela Conchita murió, ya mayor, apenas tenía arrugas en el rostro. Tenía la piel muy tersa para su edad, apenas con arrugas, y aquello suponía una conquista a los ojos de los demás y un orgullo para mí, su única nieta, que según me decía, en la lotería genética me había tocado precisamente heredar su piel. A pesar de tener un rostro envidiable, ella era asidua consumidora de algunos productos de belleza por aquel entonces, especialmente la mítica Nivea de la lata azul con la que se embadurnaba el rostro mañana y noche. Yo, heredera de ese bien tan preciado, tampoco he conseguido ser ajena a las rutinas de skincare desde hace ya algunas décadas. Introduje al principio simplemente el protector solar, por cautela al tener una piel muy blanca, hasta llegar hoy a incorporar varios pasos en mi rutina, sin llegar a ser yo ninguna obsesa dentro de este ámbito. Me ha gustado mucho el ensayo de Leticia Sala porque, precisamente, habla no solo de la absoluta locura imperante acerca de los retoques estéticos y de la sorprendente obsesión por el skincare entre mujeres más y más jóvenes (por no decir niñas), sino también acerca de qué suponen ambas cosas desde un pusto de vista sociológico, qué repercusiones tiene en la mirada, el crecimiento y el desarrollo de las emociones, la autopercepción y la imagen que proyectamos al mundo. Aunque pueda resultar un tema algo frívolo y banal, creo que está a la orden del día y no está de más detenerse a analizar qué nos lleva a vivir esclavas (me siento culpable cada noche que no puedo limpiarme bien el rostro, cada mañana que mis hijos no me dejan aplicarme mis cremas) de todo tipo de potingues en cuya efectividad confiamos con absoluta devoción. Y todo porque no queremos ser viejas, ¿eh? Aunque quizás deberíamos darle la vuelta al tema y, en lugar de centralizarlo en nosotras no queriendo envejecer, debiéramos decir que la industria cosmética y, por qué no, la sociedad, no quiere dejarnos envejecer felices y tranquilas como deberíamos poder hacerlo y como quisiéramos poder hacerlo. Leedlo y miraréis vuestra colección de potingues bajo otro prisma. Un must.
Me lo acabo de terminar y estoy TAN enfadada. Ojalá despertemos y se le acabe el chollo a toda esta industria que hace de nuestros complejos e inseguridades un negocio. Sobre la herencia de madres a hijas, el término “antiedad”, y la presión a la que nos vemos sometidas las mujeres desde que tenemos uso de razón. Hay que leer este libro.
Tinc algunes coses a dir: - Lo primer és que no m’ha semblat brillant però sí interessant. Les reflexions que fa podrien estar més matissades, i els temes que toca sento que son dispersos i no he acabat d’entendre la tria que fa dels capítols/temes. Però sí que en trec algunes idees i perspectives noves, i en diversos moments l’he trobat refrescant. - M’ha fet ràbia que no toqui EL tema (o el que per mi és EL tema): que les decisions que prenem envers els canvis purament estètics que fem en el nostre cos MAI son nostres. Em sembla perillós i vague que no hagi deixat això clar. Parla molt de les seves amigues i de les decisions de cadascuna, però no reflexiona sobre el per què d’aquestes decisions, que té una raó clarament social (o, com a mínim, a mi no m’ho ha semblat). - No he entès perquè ha de “curar-se en salut” per si un dia ella mateixa decideix posar-se bòtox. I això va molt relacionat amb el punt anterior: ja hem superat el tema de jutjar les decisions individulals, no ho farem! Però sí que necessitem que es deixi clar “ei, pot ser que algun dia acabi punxant-me, perquè no hi ha ningú a qui no li afecti la pressió estètica i mai sabem on ens pot fer arribar en un futur, però si ho faig deixo clar que ho serà perquè de vegades no podem més, no perquè respongui a una decisió individual”. I el que jo he entès només ha sigut algo tipo “ei, que potser em punxo en un futur però no em jutgeu”.
Venía con una idea bastante formada sobre el tema pero los datos y el pensamiento que aporta Leticia me ha hecho volver a reflexionar y profundizar mucho más sobre lo que puede suponer nuestro posicionamiento en la cuestión estética. Además me parece que está muy bien escrito, estructurado y muy bien sustentado.
He leído pequeñas piezas de Leticia Sala en Substack y redes, así que me ilusionaba bastante descubrirla en formato largo. La premisa de este ensayo me parecía muy interesante y acertada, pero creo que se me ha quedado a medio gas.
Tiene buenas ideas (y me ha recordado que hace años que quiero leer a Naomi Wolf y siempre lo pospongo), pero siento que no llega a abarcar lo suficiente con la precisión de investigación y bibliografía que esperaría de un trabajo así.
Como señala otra gente, me ha chirriado un poco el estereotipo de género en que cae Sala en relación a su maternidad (esa tan desafortunada frase de que no sabe lo que es tener a una criatura obsesionada con los dinosaurios, porque tiene una hija) y esa forma de guardarse las espaldas por si en el futuro decide realizarse una intervención estética.
Me parece bien que no juzguemos a nadie, por supuesto, que cada cual tome sus decisiones (mejor aún si es consciente de lo que las impulsa), pero me resulta raro que en un libro destinado a visibilizar una problemática tan concreta la autora no quiera posicionarse del todo. Lo comprendería más, tal vez, si el comienzo no fuera tan tajante y no explicara el bótox como un veneno.
En fin, hay cosas que (aún comprendiendo de dónde vienen) no me han encajado por completo. Tomaría este libro como una introducción o una pequeña guía para seguir profundizando en el tema con otras obras.
'Dame veneno' m'ha posat entre la espasa i la paret. L'espasa, per l'acceptació del cànon de feminitat i la reproducció de la cultura de l'skincare que abraça i perpetua l'autora. És l'absència de punkisme, radicalitat i deconstrucció dels gèneres. M'enfada la resignació —i fins hi tot la il·lusió— a viure d'aquesta manera el propi cos. La paret, perquè la realitat és que aquest llibre és tan útil en els espais en que es llegirà, com inútil seria intentar canviar-lo per un tigre de paper.
L'altre dia vaig tenir una conversa terrorífica amb una dona. Ella s'havia llegit el primer capítol d'aquest assaig i s'havia fet una idea puritanista del que s'hi trobaria. Em va dir: Hi ha coses [bòtox] que no calen, però jo li dic a la meva filla [de 12 anys] que les cremes se les ha de començar a posar ara, perquè començar a la meva edat ja no serveix de res.
Evidentment, aquesta dona, un tigre de paper me'l tirarà pel cap. En canvi, la puc convèncer de llegir-se Dame veneno i, amb una mica de sort, la seva filla no tindrà fòbia a l'envelliment. Però que vols que et digui, rebaixar tant les expectatives socials, tot i que útil, em sembla molt frustrant.
No puedes venderme una superioridad moral en cuanto a consciencia de la violencia estética con respecto a otros por “no cruzar el límite de las inyecciones”, más cuando todo se basa en divagaciones subjetivas. Hay partes del libro que parece que las ha escrito con el único objetivo de autoconvencerse de que está escapando de las garras del beauty marketing.
Pasa de criticar la presión estética femenina y a las “Sephora kids” para de repente romantizar su caso particular: tengo mi esteticista de confianza, mi rutina de skincare es autocuidado, mi laminado de cejas es un momento para MÍ que me merezco… Pinta una raya separando el amor propio de la presión social para borrarla y redibujarla según donde ella pise.
“Hay cosas que hacemos por amor propio pero hay que saber lo que se hace por el placer y lo que se hace desde el miedo”. Perdona, de verdad, pero no me vas a convencer de que ponerte cremas bidiariamente puede equivaler a hacerse una paja pa dormir.
Empieza bien pero se le va la flapa: un rato está en la crítica a la industria del skincare, luego en el miedo femenino a envejecer, luego te empieza a hacer salmos a la maternidad como epicentro emocional de la feminidad, luego a citar poetas hablando de la piel como memoria… blablabla.
Todo esto para encima tener más miedo a mojarse que un otaku y acabar con un “pero bueno, cada una que haga lo que quiera”, para rematar con esa conclusión hipócrita me voy al teacoffe y me siento en la mesa a escuchar la conversación sobre la vida de “la amiga no presente” de las estudiantes de ADE, al menos tendría una cerveza en la mano.
En fin, me he quedado con la sensación de que ha ido revisando y anotando sus borradores de Twitter y los ha extendido pa hacer un ensayo porque sí. Un texto que se presenta como “la cultura del skincare, el bótox y el miedo a envejecer como linaje femenino” no puede acabar siendo un block de notas personal con tan pocas fuentes académicas (y además cuestionables).
Pero bueno, entiendo que es necesario que se empiece a hablar de este tema en los tiempos que nos está tocando vivir a las féminas, y está bien pararse un rato a pensar en si de verdad nos hacen falta hilos tensores o volar el Senado.
Abajo el skincare y arriba el skillcare (habilidad: fumarse 127 cigarros al día).
No pensaba que este libro me iba a remover tanto. Hay reflexiones que han hecho que me reafirme sobre la idea que tengo respecto al envejecimiento de mi cuerpo y mi piel. Los cánones de belleza que nos hemos impuesto las mujeres son la lacra de una nueva hornada de niñas que viven por y para su apariencia.
este libro recordoume a unha conversa que tiven hai un tempo cunhas amigas, tamén profes, sobre o feito de que o bótox é incompatible co mundo da docencia, pero é que non é só iso, é incompatible coa vida en xeral. o sea, como de terrible é que as nais non lles podan transmitir emocións ás súas crianzas na etapa na que as expresións son literal o que lles axuda a comprender o mundo? ou de como esta substancia pode impedir que sintas emocións en absoluto??? pfff moi forte tías
¿A qué renuncia la que borra una arruga? Para pensar en la violencia estética y seguir pensando en la relación con nuestro cuerpo y la mirada ajena. Un poco pobre la reducción de la vivencia del cuerpo y su finitud a este miedo a la arruga pero muy interesante la importancia del linaje, la invención de nuestros cuerpos a partir de los de nuestras madres y la conciencia del impacto de nuestros actos en el imaginario colectivo.
En este libro, Leticia Sala pone sobre la mesa temas que deberían tratarse con la urgencia y la atención que merecen. Señala datos y ofrece argumentos que he subrayado y marcado con post-its para compartirlos con mi alumnado (especialmente con mis alumnas, que han usado antes un rizador de pestañas que un sujetador) la próxima vez que se me presente la ocasión; son un buen punto de partida para abordar la cosmeticorexia que tanto se ha extendido entre niñas y adolescentes.
Sin embargo, en este libro, Leticia Sala, además de acabar romantizando de forma un tanto retorcida un tipo de maternidad muy concreto y de caer en estereotipos de género tan desafortunados como que solo a los niños les gustan los dinosaurios, la autora también realiza afirmaciones peligrosas que deberían cogerse con pinzas.
Sala nos habla de una visita a una ciudad en miniatura en Japón, donde su hija jugaba a ser dentista, cocinera o cuidadora de ancianos, y plantea la siguiente pregunta: «¿Qué diferencia esas imágenes de las de una niña haciéndose el skincare delante de una cámara?». La propia autora ofrece una respuesta: «En ambos casos están jugando a ser mayores». Este pasaje del libro me dejó bastante perpleja. Siguiendo esa lógica, que una niña sea humillada o agredida físicamente por un niño jugando a «mamás y papás» porque es el ejemplo que han visto en su casa también podría considerarse un juego inocente, ¿no? Tan inocente como mezclar hierba y barro en una cazuelita de plástico o como vendar la pata de un perro de peluche.
La autora no termina de posicionarse —quizás es que yo sea demasiado tajante en mis ideales— y su discurso acaba pareciendo tener como objetivo justificar ponerse bótox si un día le apetece. De hecho, justifica el inyectarse esta sustancia siempre y cuando una sea consciente de que «alimenta al monstruo que no permite a la mujer envejecer igual que el hombre». Soy la primera que es consciente de sus contradicciones y que piensa que es compatible ser feminista y disfrutar de, por ejemplo, ver la saga Crepúsculo o de perrear hasta el suelo al ritmo de Daddy Yankee. Sin embargo, creo que hay ciertos límites, y justificar pincharse bótox siendo consciente ya no solo de la maquinaria patriarcal y capitalista que se esconde detrás sino del peligro para la salud es uno de ellos. Siguiendo, una vez más, la lógica de Sala, ¿podría entonces un hombre prohibir a su mujer vestir con ropa ajustada o incluso pegarla siempre y cuando sea consciente de que se trata de violencia de género? Eso no es una contradicción, eso es justificar una práctica promovida por una sociedad machista y que es totalmente nociva para la mujer.
“Dame veneno que quiero vivir” parte de una muy buena premisa. Sin embargo, se desinfla a medida que pasan las páginas sin llegar a una conclusión clara. La idea era buena; la ejecución, no tanto.
Me ha gustado mucho por el simple hecho de que plantea preguntas que ella misma tiene y vive, como todas, en el día a día. Pero, sin duda, mi parte favorita es que también tiene propuestas.
Resaltaría un montón de datos, frases e investigaciones, pero me quedo con el deseo que expresa para su hija en los agradecimientos:
"Gracias a mí hija, [...] Ojalá tu libertad de mujer esté tan garantizada que no logres ni verla".
3.75 realmente. Es muy interesante, la verdad. Me encanta la forma en la que el ser humano se pone una traba tras otra para existir continuamente. Todo es culpa del capitalismo y de la sociedad antihumana en la que vivimos 💋
interesante y necesario, sobre todo para empezar a tomar conciencia sobre la violencia estética. Sin embargo me hubiera gustado algo más de profundidad en algunos puntos y algo más de rigor científico en otros, principalmente el tema yuka y más menciones a estudios antes que artículos
2.5. Me ha decepcionado bastante. El título engancha y la temática es necesaria en la locura actual de la ‘violencia estética’. Una pena que se quede en eso. No me queda claro si es un ensayo, una entrada de blog o un ‘artículo científico’. La bibliografía es pobre y cero rigurosa. Muy justa en cuanto a teorías feministas.
Sin embargo, esto es sólo el comienzo. Me gusta que se empiece a hablar de semejante problemática social y de salud pública.
Imprescindible en estos tiempos en los que una cumple 30 y se ve una arruga en la frente y piensa mierda mierda mierda debería pincharme?? Me igualo los labios??? Rechazo para siempre las pajitas????? BASTA
De obligada lectura. No es un ensayo que te enfoque la dirección a seguir, si no el camino para pensar sobre el rumbo que quieres seguir. Reflexiona sin imponer. Muy recomendable
Me sorprendí el día en el que una alumna de 6 años escribió en su redacción: antes de dormir me hago mi “esquinquer”. Ella, aprendiendo a coger el lápiz correctamente y siendo ya víctima de una industria que la/nos atraviesa ante la desesperación de ser vista/validada.
Ensayo crítico sobre la presión externa hacia el cuerpo femenino. Cómo actos cotidianos durante la infancia nos afectan en la adultez y cómo estos pueden verse reflejados en nuestros hijos. En mi opinión le ha faltado más rigor científico y visibilizar mejor los efectos negativos, pero rntiendo que no es la finalidad. Te hace reflexionar y no juzga a quienes recurren a estas prácticas, sino al sistema y a las razones que nos llevan a hacerlo; Está peor visto usar bótox que seguir una estricta rutina de skincare cada noche? Tiene esto que ver con la política o la clase social?
This entire review has been hidden because of spoilers.