¿La violencia física es excedente capitalista? Si podemos calificar al capitalismo como salvaje, también podemos deducir que esa esencia no solo está en lo público, sino que invade lo privado y entra en nuestras casas y en el interior de nuestras almas.
Un mal menor es la historia de una mujer, atrapada en la violencia y el maltrato que practica. Tras suspender unas pruebas de acceso para trabajar en televisión, Carla estará condenada a ver cómo todos a su alrededor ascienden mientras ella malvive. Su hija, un portento musical y foco de todas las miradas, será su principal enemigo. Carla no puede superar no ser la escogida, por lo que la violencia será su elección, la acción que tendrá un resultado productivo y que la hará salir de sus circunstancias y de su percepción de fracaso.
Qué bárbaro es este libro y qué barbaridad esta propuesta de la editorial Barrett. ¿Hasta qué punto la violencia se cuela y crece por los huecos de un ritmo capitalista que nos impide, incluso, pararnos ya na no solo para intentar expulsarlos sino para ser mínimamente conscientes de que está ahí, y crece, y crece, y crece, hasta adherirse a nuestra personalidad? ¿Cómo nos podemos mover en un mundo tan violento evitando, precisamente, que esa violencia social pase a ser algo individual?
Muy trigger, muy explícito, adornado de pomposidades estilísticas que a mí, personalmente, me sobran; a veces tengo la sensación de que uno se pasa con el aderezo en un intento de tener un lenguaje propio. Es innecesario. A este libro le quitas la mitad de las metáforas, paralelismos e hipérboles y te aseguro que no pasa nada, al contrario: me hubiese permitido meterme todavía más en la historia. Lo trato de justificar con esa violencia que enmarca toda la historia, con la intermitencia de pensamientos que lleva a cabo la protagonista, pero esto es algo mío, una rabia no poder darle, por ello, las cinco estrellas que se merece, porque creo genuinamente que la historia es buena, pero le sobran recursos retóricos que, desde luego, de verdad, no hacían falta y te dejan con el empacho en la boca, a un milímetro de no continuar la historia. Casi. Menos mal que la he acabado, no obstante. Muy recomendado.
(Y si queréis verme parlotear sobre él vais al instagram de svitanibooks)
Denso, densísimo. Como la historia que cuenta, genera un poco de síndrome de Estocolmo: no te termina de gustar, te hace daño, pero a la vez no puedes evitar seguir leyendo. No apto para todos los públicos.
Nunca había reflexionado tanto sobre la maternidad y la misma concepción de ser madre en la sociedad. Que lo haya escrito un hombre me molesta pero podría ser peor.
Yo pedí una recomendación para un libro que me pudiera llevar de festival, yo insistí en que tenía que ser un poco malo el narrador para yo no sentirme tan mal de mis malas conductas y resaca, pero ostrasssss la librera se pasó.
Primero de todo en el festival no leí una mierda porque no tiene ni un solo respiro en ninguna de las páginas, ni físico ni metafórico y (para defensa del libro yo tampoco tuve ningún respiro en el festival).
Es un soliloquio de violencia materna hacia el mundo y hacia su hija en concreto bastante tocho. Me recordaba al estilo de escritura de Cristina Morales en Lectura Fácil, así escrito todo de corrido y como entrando en la mismísima cabeza del personaje.
Creo que me funciona de igual manera que un atracón, solo me he podido leer el libro cuando estaba muyyy preparada para engullir textos duros y en tocho.
Según avanzas se hace más fácil porque empiezas a pillar la ironía del libro a pesar de que las atrocidades incrementan.
Creo que a nivel literario se merece 4 estrellas pero le pongo 3 porque no me gusta sufrir o no me apetecía del todo.
No es un libro para todo tipo de lectores. A veces se me hacía mucha bola leerlo, a veces no podía parar. Una novela repleta de rojo, de rojo violencia, una violencia ejercida de una madre a su hija, pero también a sí misma. La envidia de la madre hacia "la esta", esa comparación, esa competición constante. Se ve la violencia incluso en el lenguaje. Ha sido difícil de leer y creo que sobraba la mitad, se habría hecho lo mismo con menos palabras y hubiera sido más entretenido, pero no ha estado mal.
Violento, inhóspito, inteligente, devastador, sarcástico, atómico. Una bomba de relojería de violencia en color rojo sangre, herida, nacimiento, muerte. Las madres también pueden ser verdugos de las estas, sus hijas, sus competidoras. Me ha volado la cabeza y me ha dejado con una sensación de tristeza enorme. Recomendadísimo.
Entiendo que la forma en la que está narrado forma parte de la propia violencia de la que trata el libro, pero siento que este estilo no está hecho para mí.
Sí que lo están muchas de las reflexiones que hace sobre el trabajo, el sistema o los agresores.
De nuevo, me da penita sentir que habría disfrutado de no ser por un estilo que me ha hecho sentirme tan desconectada de la historia y solo empatizar por movidas personales. Si de pequeña te han inflado a tortas y no lo tienes gestionado, quizás te siente un poco mal leerlo.
¡No entiendo la nota que tiene! Sí que es muy denso y exigente, como ponen por aquí. Nada de devorarlo o darse un atracón de 100 páginas seguidas (por el bien de tu salud mental); incluso hay párrafos en los que tendrás que cerrar el libro, respirar, procesar las salvajadas que estás leyendo y seguir. Pero así, poco a poco, se (sufre) disfruta mucho más.
No, lo siento, no es para mí. Lo he intentado, más de 70 páginas, pero el estilo (muy muy característico, hasta reconocible) no me hace sentir bien… podría explayarme, pero con decir que lo abandono por el estilo, sobra 😬
Un estilo insoportable. Lo dejo en la página 54. Es una pena porque la historia promete. El lenguaje sirve para comunicar y expresar las ideas. Si el lenguaje es confuso, complicado o inteligible hace de barrera.
Yo creo que esto lo ha escrito una mujer joven catalana que trabaja en televisión
Comencé a leerlo con muchas ganas después de la magistral sinopsis, pocos libros se atreven a abordar la relación madre-hija desde una perspectiva tan brutal. La premisa es buena, pero el estilo del libro dificulta muchísimo la lectura. Quizá no era mi libro o mi momento.
Esta reseña me parece difícil de enfocar. Me ha parecido un libro violento e incómodo, que se me ha hecho bola en muchos momentos, pero que a medida que profundizando y halando de él he aprendido a apreciarlo. No puedo dejar de ver los adverbios entre paréntesis, y todo en rojo, y no puedo dejar se pensar en la violencia de la relación madre hija y también de la madre consigo misma. En fin, propuesta interesante pero que necesita mucha concentración y no es ideal para ir a dormir. Con ganas de saber su autoría.
Lo he disfrutado muchísimo, también se me ha quedado un rictus facial muy jodido, es fuertecito y genial a partes iguales. Y me encantaría saber quién lo escribió, aún si sintiéndome sucia porque es desvirtuar toda la esencia del catálogo a ciegas de Barrett. Hay veces que me recuerda a Cristina Morales y otras que ni de coña… yo que sé.
Y por último, para quien se guía por la nota media Goodreads, ni caso, es un librazo 🫶🏻
Premisa: Carla contempla el éxito desde el banquillo: intentó trabajar en televisión, pero no fue seleccionada. En cambio, su hija, «la esta», es una niña prodigio, una promesa musical. Lo que para cualquier madre sería un motivo de orgullo, para ella es un despropósito, un incordio constante que le recuerda todo lo que nunca podrá ser; lo que esa maldita criatura le está arrebatando.
Opinión: Sí, como lo leéis: autor anónimo. Este es uno de los diez títulos que Barrett incluyó en su Catálogo a ciegas para celebrar su décimo aniversario. Diez títulos expósitos, conducidos a la independencia y a la especulación; es imposible concebirlo como una suerte de acertijo, ¿verdad?
La temática fue lo que me hizo seleccionarlo: escribir sobre una madre disociada y violenta, sobre una mujer que se esmera en maltratar a su hija es, cuanto menos, valiente y complejo.
Os confieso que esa curiosidad casi enfermiza por acercarme a todo tipo de psique ha sido el motor que me ha permitido mantener un ritmo constante al leer esta novela, porque es densa, tremendamente exigente para el lector. No solo por la temática, que revolvería cualquier tipo de conciencia, sino también por la forma de introducirnos en la mente de Carla: a través de un soliloquio cargado de recursos estilísticos que te llevan a detenerte para procesar mientras tu cuerpo bulle.
Una vez que conseguí acoplarme al estilo, pude dejarme llevar por esa rabia injustificada, por ese odio beligerante dirigido a su hija: una niña brillante e inocente, víctima de la fortuna. Las exigencias del mundo laboral son como un martillo percutor para Carla, ya que condicionan su estabilidad mental al enfrentarla diariamente a la verdad: no es lo suficientemente buena, no cumple las expectativas. En cambio, esa maldita niña es inteligente, adorable, un diamante en bruto.
Mastiqué la violencia en tantas formas que por momentos fue prácticamente inabordable. Pero también encontré fragmentos vibrantes y tremendamente lúcidos que me hicieron sonreír ante la ironía con la que trata temáticas derivadas de la maternidad y del contexto laboral.
Quizá haya sido uno de los libros que más me ha exigido en los últimos tiempos, pero cuando tengo un reto delante, suelo resistirme a darme por vencida: soy tozuda hasta la médula. En este caso, ha merecido la pena. Pero también os confieso que no me atrevería a recomendar este libro fácilmente; solo a personas que sé que están igual de perdidas que yo.