Colmillo Blanco cierra de una forma que no esperaba tanto al inicio del libro, pasa de ser una historia muy dura, marcada por la violencia y la supervivencia, a algo mucho más emocional, me gustó cómo, en los últimos capítulos, todo gira hacia la posibilidad de cambio: cómo incluso alguien que solo ha conocido el maltrato puede aprender a confiar y a querer. La relación con Scott se siente genuina, sin forzar, y el momento final termina de confirmar esa transformación, es un cierre tranquilo, pero significativo, que deja una sensación de esperanza sin perder lo que el personaje fue desde el principio.