En tiempos en que el riesgo de una catástrofe climática ha convertido a la literatura postapocalíptica casi en un cliché, esta novela breve desafía nuestros lugares comunes. Quizá porque está escrita por un sociólogo y criminólogo. Quizá porque fue un pensador de lo más extraño, rescatado del olvido por Gilles Deleuze y Bruno Latour, principalmente. Quizá porque está escrita a fines del siglo XIX, cuando la fe en el progreso era todavía un dato indiscutible. Después de una guerra mundial, en un mundo globalizado, pacífico, planificado y armónico, el sol comienza a apagarse y la superficie terrestre se congela. Los sobrevivientes encuentran un líder, Milcíades, que los convence de que la solución es llevar una vida subterránea en las cavernas. La tecnología, la reconstrucción de la estética, las relaciones políticas y amorosas, comienzan a darse en un mundo donde ya no hay estaciones, ni agricultura, ni gérmenes: solo la humanidad, lo que produce, y las grutas. Según escribe Schérer en el prefacio, Tarde –el sociólogo que piensa al estado social como un sonambulismo, como una sugestión imitativa que nunca logra conjurar la diferencia, la invención, lo posible– ficcionaliza la teoría y teoriza la ficción, hace una fábula del futuro.
Un día entré a una librería buscando un libro de Ursula K. Le Guin. No estaba, pero el librero me preguntó porque lo quería y le conté que estaba en búsqueda de leer utopías y me recomendo este libro. Gran sorpresa.
Es una utopía pensada en el siglo XIX lo que ya es un alivio en el sentido de poner historicidad a los anhelos sobre el futuro. No es solo una cosa de esta época, siempre hemos estado cómo humanidad preocupados por lo que viene.
Tiene ideas que me parecen muy sorprendentes para ser escrito en 1896. Partiendo porque todo el concepto de su utopía se basa en idear una vida subterránea, que en general es lo opuesto a muchas proyecciones de futuro que buscan en el cielo, el espacio y lo desconocido un mundo nuevo. Acá lo nuevo es lo profundo, algo que conocemos pero que quizá no hemos habitado a cabalidad. Reniega de la luz.
Sobre el sacrificio individual en el presente por el bien colectivo futuro: "¿hace falta asombrarse de ello, cuándo se sabe que simples insectos, dando el mismo ejemplo de previsión y abnegación, emplearon sus últimas fuerzas antes de morir para reunir provisiones inútiles para sí mismos, y solamente útiles en el porvenir para su larva naciente?"
En esta utopía no hay imprenta ni papel, y las ideas solo se pueden tallar en piedra. El autor propone que esto evita que ideas frívolas y mal intencionadas sean publicadas así cómo así. Mucho que pensar, en nuestro contexto industrial/capital la imprenta implicó que se ampliara la libertad de expresión y por ende la democracia (o ese el relato oficial). Pero en un contexto en qué no hay monopolio de los medios de prensa ¿es necesario tener tanto acceso a publicar o escribir cada pensamiento? quizá no.
Otra cosa interesante es que es una sociedad sin trabajo físico, sólo voluntario. Y el trabajo que hay es estético, que permite tener la sociedad más idónea. Porque el trabajo estético sólo puede hacerse por placer (y no por utilidad, cómo si el industrial) y por lo tanto todos practican actividades placenteras.
El amor como pilar de esta sociedad. "El amor, al fin lo sabemos, es como el aire vital, hace falta respirarlo y no alimentarse de él: es como era el sol, hay que iluminarse con el, no deslumbrarse por él."
En fin, muy intelectualmente desafiante, da para varias relecturas.
📙 Fragmento de la historia futura: A fines del siglo XIX los escritores se tomaron el trabajo de imaginarse diversos escenarios del futuro, Tarde se imaginó al mundo en un contexto de glaciación. El sol se apaga y la vida en la superficie no es posible, el refugio se encuentra debajo de la tierra. Claves: ֎ Nueva sociedad ֎ Después del fin del mundo ֎ Glaciación ֎ Arquitectura invertida Opinión: Descubrí este libro de casualidad en el estante de la librería, me llamó la atención el largo prefacio y la sinopsis; pero me encontré con mucho más de lo esperado. Me imagino a los eruditos literatos del fin del siglo XIX pensando como sería el futuro, y fruto de esas reuniones, todos dieron su visión, recuerdo haber leído Paris en el siglo XX de Verne, y ahora este en los que los autores buscan imaginarse una sociedad utópica o distópica, pero que la humanidad es protagonista de su futuro. El título me parece hermoso, un fragmento es algo acotado, breve, como esta nouvelle, pero hablar de historia futura es pensar que todo está dicho, el futuro ha pasado y solo queda registrarlo. Un juego temporal que suma al contenido. La historia se concentra en algunos capítulos que muestran esta nueva sociedad que habita en túneles y cuevas, adornadas según el gusto de los moradores y con el uso de las matemáticas y la química, se pueden transmutar las rocas para producir comida. Una locura hermosa.