¿Hollywood patas arriba? ¿El mejor crossover de la historia del cine? ¿Dos directores que se odian?
Vera Scheidegger es una de las directoras de cine más galardonadas del siglo. Las calles de Los Ángeles hablan de ella como una joven fría, calculadora, retorcida e inalcanzable, una mujer que desafía al séptimo arte con cada estreno y que dirija lo que dirija, nunca deja a nadie indiferente.
Zander Shay es el director de la sitcom más vista de la última década, experto en hacer que los espectadores se enamoren de personajes ficticios. Tras dar el salto a la gran pantalla con las comedias románticas más vistas de los últimos años se ha convertido en el chico de oro que todos aman.
Scheidegger y Shay no se conocen, pero se envidian tanto que podría decirse que se odian. Scheidegger y Shay tienen estilos completamente incompatibles.
Y Scheidegger y Shay no parecen interesados en trabajar juntos, pero cuando un desafortunado comentario en televisión les lleva a tener que guionizar y dirigir una película codo con codo, descubrirán que del odio al amor tan solo hay un cambio de escena.
Ana Cresswell, conocida en redes sociales como @itsanacresswell, es estudiante de Biotecnología y bookstagrammer. Comenzó a escribir su primera novela cuando tenía catorce años y pudo publicarla a los diecinueve. Tras conquistar a una gran comunidad de seguidores por la frescura y originalidad de sus contenidos audiovisuales, sueña con hacer sentir a sus lectores lo mismo que ella ha experimentado desde niña: descubrir un hogar entre las páginas de un libro.
3.5🌟 Es la primera vez que leo a la autora y ha sido un buen descubrimiento. Me ha gustado que la grumpy sea la chica y que la profesión de los protagonistas sea atípica. Cuando de famosos se trata, casi siempre me he encontrado con protas actores o cantantes, pero directores y guionistas muy rara vez, me agrada ese enfoque diferente y que sí los veamos desempeñando su trabajo.
También considero acertado que, en lugar de ese Hollywood idealizado que muchas veces nos presentan, en este libro veamos su lado oscuro. Abusos, presión, extorsión, nepotismo; temas presentes aunque sin dramatismo excesivo y sin olvidar que esto es un romance.
Justo en el aspecto romántico he tenido mis más y mis menos. La pareja me agrada y tienen momentos lindos, pero lo cierto es que no he llegado a sentir mucha química entre ellos ni la tensión que esperaba al ir cambiando su situación. Además, se me hizo complicado empatizar con Vera por momentos. Comprendo que esté enfrascada en sus problemas, pero no se vale minimizar o ignorar los de la otra persona como si solo los suyos fueran importantes, más cuando él siempre la está apoyando. Claro que todo ello es mi parecer, es subjetivo, y cada lector tendrá su opinión.
Otra cosa ha tener en cuenta es que, si bien la sinopsis dice que ellos se envidian y se odian no es realmente así, hay cierta hostilidad por parte de Vera pero no dura mucho y Zander siempre es un amor con ella. No es un enemies to lovers. Por otro lado, la corrección pudo mejorarse.
Hay libros que te entretienen. Hay libros que te gustan. Y luego están los libros que llegan justo cuando más los necesitas, aunque tú todavía no lo sepas.
Estoy escribiendo esta reseña apenas unos minutos después de terminarlo porque necesito hablar de lo mucho que me ha hecho sentir.
Llevo más de un mes y medio atrapada en un bloqueo lector. Entre el estrés de Selectividad, los nervios, el cansancio y la sensación constante de no llegar a todo, había dejado de reconocerme en una de las cosas que más amo: leer. Había dejado de encontrar refugio en las historias. Había dejado de sentir esa emoción de abrir un libro y desaparecer dentro de él durante horas.
Y entonces ha llegado ste libro.
Una tarde. Una sola tarde es todo lo que necesita para recordarme quién soy cuando no estoy sobreviviendo a los exámenes, cuando no estoy preocupándome por el futuro, cuando simplemente soy yo haciendo una de las cosas que más feliz me hacen en el mundo: consumir arte.
No exagero cuando digo que me ha tenido completamente enganchada desde la primera página. Hay algo en esta historia que se siente como volver a casa después de mucho tiempo fuera.
Una de las cosas que más me ha enamorado es lo identificada que me siento con tantos personajes. Me encanta ver a una protagonista que no tiene miedo de ocupar espacio, de ser ella misma, mientras él es quien se permite sentir, enamorarse y mostrarse vulnerable. Es una dinámica que no solemos ver tanto y que me parece preciosa porque rompe con expectativas que llevamos años viendo repetidas una y otra vez. Y lo hace de una forma natural, sin forzarlo, simplemente dejando que los personajes existan.
También me fascina cómo, aunque los protagonistas sean actores de cine, la historia nunca deja de sentirse cercana. Porque en realidad no habla de la fama. Habla del miedo. Habla de las inseguridades. Habla de aprender a quererse. Habla de arriesgarse incluso cuando todo dentro de ti te pide que no lo hagas. Y creo que eso es precisamente lo que más me llevo de este libro.
Me está enseñando que el miedo no siempre es una señal para detenerse. Que a veces las cosas importantes dan miedo precisamente porque importan. Que no hace falta esperar a dejar de tener miedo para vivir. Que puedes hacerlo con miedo igualmente.
Hay frases, conversaciones y momentos que siento que se quedan conmigo mucho después de cerrar el libro.
Y, como siempre, adoro las pequeñas referencias a Taylor Swift que Ana deja escondidas entre las páginas. Son esos detalles que consiguen sacarme una sonrisa porque se nota cuánto cariño pone en cada cosa que escribe.
Me alegra muchísimo que Ana haya escrito este segundo libro. Descubrí su primer libro gracias a sus videos, blogs y posts de Instagram. Siempre he sentido que la forma en la que habla de la vida, del arte y de los sueños consigue despertar algo dentro de mí. Pero con este libro pasa algo diferente.
Este libro no solo me inspira. Me recuerda por qué amo tanto las historias. Siempre he soñado con escribir pero todos me han dicho que eso no lleva a ningún sitio, que estudiar psicología es más sensato. Pero cuando leo a Ana todas esas inseguridades y comentarios desaparecen un poquito y me doy cuenta de que lo que quiero hacer es escribir y seguir mi sueño . El de conseguir algún día que alguien se sienta acompañado por mis palabras de la misma manera que yo me siento acompañada por las suyas.
No porque quiera convertirme en ella.
Sino porque me gustaría llegar a ser aunque fuera una pequeña parte de lo que ella representa para mí.
Porque se nota que deja algo suyo en cada página. En cada personaje. En cada diálogo. En cada historia. Y creo que eso es lo más bonito que puede hacer un escritor.
A pesar de ser su segundo libro, se convierte en mi favorito. Es exactamente la clase de comedia romántica que adoro: de esas que te hacen reír, sufrir, enamorarte y cerrar el libro con el corazón un poco más lleno de lo que estaba antes.
Todo encaja. Todo tiene sentido. Todo está escrito con una sensibilidad que hace que sea imposible no sentir algo.
Y mientras termino esta reseña me doy cuenta de que, en realidad, el mejor regalo que me deja esta historia no es la historia en sí.
Es haberme devuelto la lectura. Haberme devuelto una parte de mí que creía perdida entre apuntes, exámenes y estrés. Por eso no puedo hacer otra cosa que darle las gracias a Ana.
Por escribir. Por ser tan vulnerable.
Por compartir tanto de sí misma con quienes la leemos.
Y por recordarme, justo cuando más lo necesitaba, que las historias también pueden salvarnos un poquito.