La obra de Jorge Teillier (Lautaro, 1935 - Viña del Mar, 1996) comprende más de una decena de libros. La poesía de Teillier es una emoción para ser recordada en la tranquilidad. De ello dan cuenta Hotel Nube y En el mudo corazón del bosque. Estos son sus dos últimos libros -uno de ellos póstumo-, que confirman su vigencia en pleno XXI.
Nació en la ciudad de Lautaro el 24 de junio de 1935, el mismo día que murió Carlos Gardel. Estudió Historia y Geografía en la Universidad de Chile. Ejerció la docencia en el Liceo de Victoria. Perteneció al Grupo Trilce de la Universidad Austral de Valdivia. Fue director de la revista Orfeo y del Boletín de la Universidad de chile. Recibió los siguientes Premios: Gabriela Mistral, Municipal, Crav, Juegos Florales de la revista Paula, Premio Alerce de la SECH y el Premio Eduardo Anguita, concedido por la Editorial Universitaria al poeta vivo más importante de Chile y que no hubiese conseguido el Premio Nacional. También fue galardonado con el Premio Al Mejor Libro de Poesía 1993 establecido por el Consejo Nacional del Libro. Asimismo, ganó el Premio en Conmemoración del Sesquicentenario de la Bandera Nacional.
Jorge Teillier ha calado mi alma, mi corazón, mi piel y mis huesos. Me gusta como elabora odas basadas en el vino, en sus estaciones de trenes y en los propios trenes en los que pasaba gran parte de su vida. Me gusta que mencione a Lautaro como un constante Mantra. Me gusta que use la palabra tictaquear, incluso cuando desconozco si esa palara está admitida en la RAE. Me gusta Teillier porque en su poesía es tan persona como yo.
Tengo sentimientos encontrados con este libro. Teillier siempre ha sido un autor que me gusta mucho, me gusta su forma de alabar el mundo de antaño. Me gusta que sea bueno pal vino y que le cante al bosque, a los amores perdidos y a su pueblo, amado pueblo. Lo que me hace pensar mucho en ello es el como, al paso que vamos lo único que nos quedará de los pueblos serán recuerdos y la lírica de Teillier. Pienso mucho en el pueblo donde vive mi bisabuela, perdido en la cuarta región, donde solo van quedando abuelitos que nadie visita. Cómo será la vida en unas décadas más allá en el sur del que nos habla Teillier? Quedará algo de ese hogar al que pertenecí? Como siempre, como buen poeta Teillier tiene la respuesta y no es muy alentadora. Tarea para la casa encontrar la respuesta entre los poemas del libro.
Me hice muchas veces esa pregunta: ¿Se abre el libro al azar y lees un poema cualquiera? ¿Se lee por orden o al revés? ¿Se da por leído, aunque no lo leas todo? ¿Vas leyendo y que se quede solo lo que te gustó y movió?
Y al final no llegué a ninguna conclusión, salvo lo mucho que me gusta Teillier y sus poemas. Partí por este porque tiene "Blue" mi poema favorito, y si bien me costó mantener una atención constante y no todo me removió, la colección siento que funciona de forma super homogénea y habla en ese idioma medio de naturaleza vieja, arboles melancólicos y cañas de vino tiradas en rieles ferroviarios donde ya no pasan trenes. Agregué varias piezas más a mis favoritas del lautarino:
"Carta" , "Si has llorado", "Bajo el cielo nacido tras la lluvia", "Mi amor por ti", "Hay un espejo colgado en una pared rota", etc
Poemario íntimo y personal de Teillier. Ambos libros (el último póstumo) son una recopilación de poemas de distintas épocas, incluyendo escritos inéditos y otros presentes en publicaciones previas. Gracias a estos libros se puede vislumbrar el desarrollo del universo poético de Teillier en el transcurso de su vida y nos hace recordar el cariño por la poesía.
Con el sol de los Avellanos (1978)
No creí nunca Que vería brillar de nuevo a Venus Sobre los techos lejanos del Regimiento Ni que en la mañana Reverdecieran los pasos de la infancia Bajo esos pinos donde las ovejas lamen tiernamente el sol, Ni que una voz adolescente Me preguntara cómo se llaman las estrellas A las que nunca me he preocupado de dar nombre.
Tú eres el mediodía misterioso Del silencio de parque Donde vemos luchar a un niño hace años con un ganso, Allí el sol al abandonar los avellanos Nos deja los relatos De los muertos que amamos Y se me reveló tu presencia Con el mismo resplandor Del hacha con que el amigo corta leña.
Alguien pasa silbando Una canción que habla de nosotros. Nunca me has preguntado qué será de nosotros: Sólo me has preguntado el nombre de una estrella.
No fue el helado viento quien marchitó las ramas. Quien marchitó las ramas fui yo, que les conté mis sueños.
Conozco los senderos de hojas holladas por las brujas que vienen con husos de lana y sé donde relumbran los pies de las hadas en la pálida espuma.
Conozco el país dormido donde vuelan en círculo las garzas donde vuelan graznando sin librarse de sus cadenas de plata. Por allí erran un padre y una madre ciegos y sordos a cuanto no sea el graznido de las garzas. Errarán hasta el fin de los tiempos. Ya lo sé. Y lo saben también las garzas.
No fue el helado viento quien marchitó las ramas. Quien marchitó las ramas fui yo, que les conté mis sueños.
Es, junto con la entrevista en una belleza nueva, para mi, testimonio vivo de los ultimos años de Teillier. se siente su cansancio y la luz de las últimas luciernagas iluminando nostalgias con sus palabras.