«Mathilde Forget aborda los asuntos más serios con una ligereza que solo le pertenece a ella». —Delphine de Vigan
La búsqueda de significado e identidad de una joven perdida en los laberintos de su mente
La vida puede ser un regreso constante a la infancia. Una especie de cárcel. Ahí parece hallarse la joven narradora de esta historia, a la que un día todo se le viene abajo. Se separa sin motivo aparente de la mujer a la que ama y su hermana mayor es ingresada en un hospital psiquiátrico. Es entonces cuando la protagonista emprende una investigación sobre la muerte de su madre, quien saltó de la torre más alta de un castillo cuando su hija pequeña tenía ocho años. Quizá encontrar respuestas sea la manera de desprenderse de su complejo de Bambi.
«La locura no es para todo el mundo. Pero yo lo había intentado con todas mis fuerzas», dice la narradora, que visita el acuario con regularidad para sentarse frente al tiburón gris de arrecife y lidiar con sus miedos y su caos. Los recuerdos de la infancia la asaltan, su presente también es sombrío y, sin embargo, hay una gracia inherente en ella y en la singular voz de Mathilde Forget, que en Riesgo para la salud consigue atrapar, inquietar, hacer reír y conmover con lo mínimo.
Leer a Mathilde Forget siempre me deja con una sensación de que me hubieran pegado un puñetazo en el corazón. Sus palabras verdaderamente me conmueven y me dejan trastocado después de leer sus historias.
En este caso Mathilde se adentra en una complicada historia familiar: una madre que se suicida y una hermana ingresada en un psiquiátrico. La historia va saltando del pasado al presente, del miedo a la nostalgia y al recuerdo.
Creo que funciona especialmente bien la estructura de la novela dividida en diversos capítulos muy cortos que van desvelando poco a poco la trama, que entrelaza narrativa con toques ensayísticos, humor y mucha humanidad.
Un libro que creo que si hubiese leído en otro momento quizás me hubiese impactado mucho más. Me da un poco de pena pensar que no he llegado a profundizar del todo. Me ha recordado por momentos a la escritura de Ernaux y a Las gratitudes. Libros que no me han entusiasmado en ningún momento y sin embargo este… Pues yo diría que sí. O al menos un poco más. Me abruma que cada final de capítulo pretenda tener una frase impactante, porque cuando realmente las tiene, les quita peso. Son tres estrellas y tres cuartos en realidad.