La mama de Maria siempre le ha dicho que los ojos se le van a volver cuadrados de ver tanta televisión. En esta divertida historia, Maria entra al televisión y resuelve con ingenio las pruebas que se le presentan.
Yolanda Reyes es licenciada en Ciencias de la Educación con especialización en Literatura de la Universidad Javeriana de Bogotá. Realizó estudios de postgrado en Lengua y Literatura Española en el Instituto de la Cooperación Iberamericana de Madrid.
Es fundadora y directora de Espantapájaros Taller, un proyecto cultural de formación de lectores, destinado tanto a niños como a mediadores adultos. Dicta seminarios sobre el fomento de la lectura desde la más temprana infancia y es autora de artículos sobre literatura infantil y juvenil. Sus libros han recibido distinciones internacionales.
Especializada en sus inicios en literatura infantil y juvenil, entre sus obras cabe resaltar títulos como El terror de sexto B (1995) y María de los Dinosaurios (1998). Uno de sus cuentos, Los agujeros negros (2000), fue seleccionado por la editorial española Alfaguara para su colección "Los Derechos del Niño", creada por prestigiosos escritores e ilustradores de distintos países de habla hispana para mostrar a los niños y niñas cuáles son sus principales derechos y cómo lograr un mundo más solidario y más justo.
Logra bien su propósito, que según yo vendría siendo una pequeña llamada de atención muy traviesa a las niñas y los niños que pasan frente a la pantalla, y a sus madres y padres que lo permiten. Hay una crítica fuerte de parte de Mateo al pensar que su mamá nunca se dará cuenta de que desapareció porque su mamá siempre está haciendo otras cosas. Por otro lado, María entra a la TV con una postura más preocupada, pero mantiene la ironía al responder a su madre que "no se movió de frente de la pantalla". La autora crea entre sus personajes a una niña activa y crítica de su entorno, a pesar de estar pegada a la pantalla. Y por otro lado, tiene a Mateo como un niño que quiere evadirse totalmente y prefiere vivir dentro de la TV. Ambos casos son muy válidos, pero es interesante ver cómo Mateo no es feliz en su entorno y no quiere aceptar que lo quieren en casa, a pesar de todo. Salen muchas aristas para conversar con pequeñas y pequeños lectores al respecto, más allá de la aventura en sí misma. ¿Cuántas niñas y niños se sentirán así de dejados de lado como Mateo hoy en día? ¿Cuántas mamás y cuántos papás ni se enteran de en qué se han metido sus hijas e hijos? Si bien el libro tiene casi 20 años de antiguedad, el tema no queda obsoleto, por más que la tecnología haya cambiado muchísimo.
En lo personal no fue la mejor historia, pero, se puede destacar algo de originalidad y una idea de trama con mucho potencial aunque su ejecución no estuvo tan inteligente