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184 pages, Paperback
First published December 1, 2024
«Lo que más me extrañó al volver al pueblo no fue la ausencia de gente, sino el aire, como estancado, espeso. Y también el silencio, muy parecido a ese aire. Al silencio hasta se lo podía ver. Tenía color. Un color plomizo que brillaba en la oscuridad. Ese aire y ese silencio estuvieron en mi cuerpo no sé por cuánto tiempo.»
«Viajé por todo el distrito buscando los escasos árboles que había. Muy de a poco a este lugar de sol y silencio donde estoy le empezó a aparecer algo de oscuridad y de ruido.»
«También me decía siempre que si no había árboles donde viviera tampoco iba a haber pájaros, ni sombra, pero que, sobre todo, lo que nunca iba a haber era consuelo. Y cuando llegué acá no había nada de eso.»
«Elegí este lugar,(…) porque quería despejarme. Despejarme y que la vida pasara sin sobresaltos, atravesar lo oscuro sin susto, como decíamos en el pueblo. Hacer los trabajos que me dieran para vivir y listo. Y creo que elegí bien, porque al final, abandonar algo es llevarlo para siempre.»
«La rabia te alivia, le dije, está bien, lo acepto, pero no sigas creyendo que fue culpa mía. Mientras se tranquilizaba también le dije que se sufre cuando la cabeza va más rápido que la vida, y que su cabeza no paraba de pensar cosas raras, cosas que en la realidad no pasaban y que ni siquiera iban a pasar. Desde chiquito Luriel había sido así, se notaba a la legua. Y aunque le servía para muchas cosas esa manera de ser y de pensar, también quizás fue lo que lo terminó empujando a hacer lo que hizo.»
«Algunos dicen que los muertos se quedan, o vuelven, a los lugares en los que vivieron, una casa, un sótano, un altillo, en la habitación de toda la vida, en el sillón donde se sentaron siempre. Que las casas sólo tienen vida cuando hay muerte adentro de ellas.»