- ¿Y los mitos? - La mitomanía es un vicio suramericano. Poseemos una enorme capacidad para demoler los hechos verídicos y cubrir el lugar con una pátina de leyenda, de magia, de ultratumba. El mito es un fruto de infancia de los pueblos. Una compensación. Una explicación equivocada. Yo quiero ser recordado como un destructor de mitos, como una persona que se pasó la vida bombardeando con muchos megatones la mediocridad, la chatura, la esterilidad de sus compatriotas. Como un hombre que se negó a vivir amurallado en Mitópolis, el país o la ciudad donde los mitos crecen y se preparan, como las moscas contra el Tanax, para desplazar a la verdad, soldaditos de juguete de una mala causa.
Víctor Lorenzo Joaquín Edwards Bello, más conocido como Joaquín Edwards Bello, fue un escritor y cronista chileno. Sus obras —que lanzan una mirada aguda sobre las costumbres de las familias aristocráticas, a las que él pertenecía—, le hicieron merecedor de los galardones más destacados de su país: los premios nacionales de Literatura 1943 y de Periodismo 1959.
Otro volumen de crónicas compiladas de Edwards Bello, éste al menos con un título apto y un tema en común: mitos, cuentos, mentiras, patrañas y leyendas urbanas. En un mundo en el que nos desvivimos rodeados de noticias falsas, creando términos para ello como si fuera nuevo y ‘nuestro’, existen muchos autores tanto de renombre internacional (i.e. Umberto Eco) como de corte más local (i.e., Joaquín Edwards Bello) que nos enseñan que esa clase de cosas ha existido desde… bueno, siempre. Las crónicas están ordenadas no por fecha, sino por el tema puntual del que hablan. El resultado de eso es que hay algunas crónicas que se repiten, ya que en distintas ocasiones el autor escribió sobre lo mismo. Se aprecia también que Edwards nos dé fuentes de los desmentidos que publica, para que podamos confiar más en su palabra. Eso sí, a veces la fuente es otra persona que se lo dijo a Edwards -con nombre y apellido, pero mi punto es que no se trata de una publicación-; no es así en la mayoría de los casos, por suerte, ya que como él mismo indica, en esos casos él recurre a su ‘archivo’, y si bien él no entra en detalle al punto que podamos cazar la referencia de forma inmediata, sí nos da el nombre del libro y su autor (referencias de su época; hoy por hoy tal vez algo desactualizadas, pero así es el paso del tiempo).
Me demoré 11 meses en terminar un libro de 200 páginas. Creo que no hay mejor descripción de esta obra. Trata algunos temas (más bien pocos) que pueden tener algún grado de interés en la actualidad, pero en su mayoría, desde mi perspectiva, me parecen las columnas de opinión de un aristócrata, hablando de temas de aristócratas en El Mercurio. Eso sí, destaco algo: En algunos momentos llega a ser hilarante; es una caricatura de sí.
Una mitópolis es un lugar donde todos compramos las cosas que nos cuentan y JEB se encarga en este libro de arruinar esas leyendas y figuras históricas con hechos comprobables (según él), igual a mi no me importa de quien sean mientras sean buenas historias.
Destaco un par de frases de la entrevista que le hacen al principio de la edición
de cuando llegó a un colegio a inglaterra "Nadie se burla de nosotros ni quiere hacernos daño, pero a un chileno eso le hace falta como una costumbre antigua que se asemeja a la amistad. Yo me sentía solo. Era un pájaro desconocido en una jaula inglesa"
de los entusiastas "Se me suele criticar por mis generalizaciones, pero a mí me han escamado siempre los que dicen que la fruta chilena es la mejor del mundo; la mujer, la mas bonita y el pueblo, el mas fuerte. Creo que se preparan a hacer cosas de cuidado y es preciso ponerse en guardia".