Si la esencia del panóptico era que cada preso se convirtiera en vigilante, es decir, que fuera portador de la mirada vigilante, en el sinóptico pornográfico cada usuario se convierte en actor porno. En ese camino, nos disciplinamos para ser agentes de placer, del placer de consumir y de ser consumidos, y eso es lo que hace que las barreras entre productor y consumidor de porno se difuminen.
Self Porn es un pertinente ensayo sobre el modo en que internet se derramó sobre nosotros como el maná que apagaría nuestra sed de comunidad e identidad pero resultó ser un caballo de Troya que convirtió a los usuarios en protagonistas y productores porno, transformando también la manera en que nos relacionamos fuera de internet. Un paseo por los espacios pornificantes y una reflexión acerca de cuánto hay de político, ético e identitario en este gesto cada día más cotidiano que es exhibir el pene.
Basar tu sexualidad y/o descubrirla de forma online es una cosa En todo caso, a favor del tono desenfadado y fascinado por las referencias y citaciones.