Cuando vi que Roberto Leal publicaba una novela, reconozco que empecé El sótano con bastante prejuicio. Pensaba que el nombre de Roberto Leal iba a pesar más que la novela, pero tardé muy poco en darme cuenta de que me había equivocado. Al final me encontré con un thriller que consiguió engancharme mucho más de lo que esperaba.
La historia sigue a Samuel, cuya vida queda completamente destrozada después de que la desaparición de su pareja, Natalia, lo convierta en el principal sospechoso. Años después empiezan a llegar unas cartas inesperadas que alteran por completo su vida y desencadenan una búsqueda de respuestas que acaba convirtiéndose en una auténtica espiral de obsesión. En ese camino entra en escena Mía, una mujer casada cuya presencia acabará siendo decisiva tanto para Samuel como para el propio desarrollo del misterio. Mientras tanto, Santiago, el padre de Samuel, va adquiriendo cada vez más importancia conforme avanzan los acontecimientos.
Lo que más me atrapó fue que el libro consigue que estés haciéndote preguntas prácticamente desde el principio. Justo cuando piensas que ya has encajado todas las piezas aparece un detalle que hace que vuelvas a replanteártelo todo. Me sorprendió cómo esas cartas cambian por completo el rumbo de la vida de Samuel, pero sobre todo la sensación de que nunca termina de tener el control de lo que está ocurriendo y de que cualquier detalle, por insignificante que parezca, podía acabar teniendo importancia. Hubo varios momentos en los que me dije: «Venga, un capítulo más...», y al final acababa leyendo unos cuantos. Lo que terminó de engancharme fue que, cuanto más avanzaba, menos claro tenía en quién confiar. Hubo un momento en el que estaba convencido de haber entendido lo que estaba pasando y unas páginas después tuve que empezar prácticamente desde cero.
Me pareció muy acertado que una historia tan inquietante arranque a partir de algo tan cotidiano como recibir una carta inesperada. Precisamente esa aparente normalidad hace que todo resulte todavía más creíble y que sea muy fácil meterse en la historia desde el principio. Además, el sótano acaba convirtiéndose casi en un personaje más de la novela por todo lo que representa dentro del misterio.
Otro de los aspectos que más disfruté fue la construcción de Samuel. No es el típico protagonista con el que empatizas desde el principio. Nunca termina de convertirse ni en un héroe ni en un villano. Hubo momentos en los que entendía perfectamente su dolor y otros en los que algunas de sus decisiones llegaron a desesperarme, pero precisamente por eso me pareció un personaje muy creíble. Nunca tuve la sensación de que el autor intentara que el lector estuviera siempre de su lado.
Con Natalia me ocurrió algo parecido. Mi opinión sobre ella fue cambiando conforme iba descubriendo nueva información. Ese cambio constante en la percepción de los personajes me pareció uno de los grandes aciertos de la novela. También me gustó que incluso algunos personajes que parecen tener un papel pequeño acaben aportando detalles que ayudan a comprender mejor la historia cuando todas las piezas empiezan a encajar.
Más allá del misterio, la novela habla del peso de la culpa, de cómo determinadas decisiones pueden seguir condicionando la vida de una persona muchos años después y de la necesidad de intentar controlar aquello que ya no tiene solución. También muestra lo fácil que resulta equivocarnos al juzgar a los demás. Todo eso hace que los personajes resulten más humanos y que la historia tenga más profundidad de la que esperaba. De hecho, cuando terminé el libro seguía dándole vueltas a Samuel y a varias de las decisiones que toma durante la novela.
La forma de escribir de Roberto Leal también me convenció. Es sencilla, cercana y muy fácil de seguir. Los capítulos son cortos y muchos terminan en un punto que invita a seguir leyendo sin darte cuenta. No intenta complicar la historia con florituras y eso juega a su favor. Además, alterna recuerdos y acontecimientos del presente con bastante naturalidad, permitiendo que el puzle se vaya completando poco a poco. Al echar la vista atrás me di cuenta de que algunos detalles a los que apenas había prestado atención terminaban dando un significado distinto a escenas que ya había leído. También agradecí que el suspense no dependa únicamente de grandes giros; muchas veces basta una conversación o un pequeño detalle para que empieces a desconfiar de lo que dabas por hecho.
Si tuviera que ponerle una pega, diría que el arranque es más pausado de lo que esperaba porque dedica tiempo a presentar a los personajes y a colocar todas las piezas antes de acelerar el ritmo. En cambio, el tramo final concentra muchas revelaciones en pocas páginas. Me habría gustado que el autor dedicara algo más de espacio a mostrar las consecuencias de todo lo que se descubre, especialmente en lo relacionado con Samuel y su entorno. Después de toda la tensión acumulada, creo que esos últimos capítulos daban para profundizar un poco más en las reacciones de algunos personajes y permitir que el lector asimilara mejor todo lo ocurrido.
Al cerrar el libro me di cuenta de que seguía dándole vueltas a varias escenas y a algunos personajes. Para mí, eso siempre es una buena señal. Pocas veces cierro un thriller con la sensación de que todavía necesito ordenar todo lo que ha pasado, y con El sótano me ocurrió exactamente eso. No me ha parecido un thriller perfecto, pero sí uno de esos que consiguen quedarse contigo unos días después de terminarlo. Por eso, después de esta primera novela, leeré la siguiente de Roberto Leal con un interés que, sinceramente, no tenía cuando empecé esta.
⭐NOTA 4,3/5