Un romance deportivo slow burn, ligero y adictivo, donde todo empieza sin intención… y acaba importando más de lo esperado.
Mateo Hortmann tiene todo controlado.
Entre entrenamientos, partidos y viajes, su vida siempre va demasiado rápido. Por eso, unas semanas en un viñedo italiano parecen justo lo que desconectar, bajar el ritmo… y no complicarse.
Todo bastante sencillo.
Hasta que aparece Valeria.
Ella llega desde Roma para trabajar y tiene muy claro lo que centrarse, hacerlo bien y marcharse. Sin distracciones. Sin mezclas.
Mateo tampoco busca nada.
Por eso no debería pasar.
Pero empiezan a coincidir. A hablar más de lo previsto. A encontrarse incluso cuando no lo intentan.
Y lo que iba a ser solo una pausa… deja de serlo.
El problema es que esa pausa tiene fecha de caducidad.
Mateo tiene que volver al fútbol, a su ritmo, a su vida. Valeria tiene que volver a la suya.
Y lo que han construido entre los dos, no encaja del todo en ninguno de los dos mundos.