Este libro es absolutamente precioso y demasiado corto, me ha durado un suspiro 🥹 Quería saber más, el "después" del después.
En la cafetería de Anabel se ha formado un grupo muy variopinto de personas que tienen sus problemas.
Manuela tiene que quererse más a sí misma y olvidarse de ese compañero de trabajo que solo le hace daño.
Antonio se resiste a dejar ir a su difunta mujer. Es la definición de consejos vendo que para mí no tengo.
Víctor es un traductor editorial que si llega a fin de mes es por puro milagro, en una ciudad como Madrid donde los precios del alquiler se comen todo su sueldo.
Y Briana no sabe si tendrá que cerrar su floristería antes de que los gastos se la coman.
Así, quedan una vez por semana para intentar resolver sus problemas juntos y si no, al menos animarse y no sentirse solos.
Me ha encantado ir visualizando todos los sitios de Madrid que se mencionan en el libro, he estado en varios y era como pasear dentro del libro.
La forma en la que la autora expresa lo necesario que es tener una mano amiga que aunque no sepa cómo ayudarte esté ahí, escuchando, me ha parecido precioso.
Es una historia preciosa que te hace reflexionar sobre la importancia que a veces le damos de más a ciertas cosas y como nos hace falta un empujoncito para cambiar aquello que no nos gusta, nos da miedo o nos hace daño.
Es una experiencia sensorial tan agradable… Cada escena huele a flores, a pan recién horneado, a mantequilla. Es un “apapacho” como decimos aquí en México.