«El dinero se acababa y el humor de Trimault cambiaba. Renée esperaba sus besos como una limosna. Pero él no abría la boca sino para gritar.»
Una grata sorpresa esta obra. Llegué a ella tras descubrir que Eugène Dabit es considerado uno de los precursores del estilo que después desarrollaría mi escritor favorito, Louis-Ferdinand Céline. Y, en efecto, encuentro en la prosa de Dabit varios rasgos que anticipan al autor de Viaje al fin de la noche: si bien no alcanza la fuerza impulsiva y arrasadora de Céline, construye una atmósfera similar a partir de las clases populares y emplea, aunque con menor intensidad, un lenguaje impregnado de la jerga informal de esos estratos sociales.
Dabit está catalogado como uno de los narradores que desarrollan la novela proletaria en Francia, y esto se refleja con claridad en Hotel del Norte. La trama nos sitúa en un hotel modesto cuyos dueños, antiguos obreros, encarnan la esperanza de ascender socialmente mediante la compra y administración de una propiedad. Sin embargo, lo que en los primeros capítulos parece un sueño cumplido, se transforma progresivamente en una carga agobiante, pues el trabajo no resulta nada sencillo.
La novela se despliega a través de las pequeñas historias de los personajes que habitan el hotel: obreros, cocheros, ancianos, matrimonios empobrecidos, galanes de poca monta y mujeres provincianas que llegan a París seducidas por promesas de amor. Entre ellos, las figuras femeninas, como Renée y Juana, destacan por su profundidad trágica. Sus historias encarnan la inseguridad, la precariedad y la vulnerabilidad de la mujer en aquella época, constantemente expuesta al abuso y el desamparo. Dabit logra despertar en el lector una mezcla de compasión e indignación ante el destino de estas mujeres que, con su candidez de campesina se ve arrastrada a situaciones que con rapidez desembocan en las peores situaciones, en la miseria más grande, en la moralidad más baja, en la explotación total.
En definitiva, Hotel del Norte es una obra que me ha conmovido y que me ha gustado. De lectura ágil y lenguaje directo, transmite con precisión ese pequeño mundo humano del Hotel: los dramas íntimos de los amantes, los sueños de las mujeres, la soledad de la vejez, las borracheras de los obreros y las luchas sociales reprimidas a golpes. Y, en medio de todo, el hotel logra erigirse como un espacio de comunidad: un techo que cobija, un fuego que aguarda en las noches a quienes sacrifican su cuerpo por unos pocos francos.