Aquellos que han sufrido violencia lo saben: no sé puede hablar de lo que pasó sin que el lenguaje se deshaga. Y no se puede hablar de la violencia sufrida sin el constante examen de uno mismo: ¿Pude evitarlo? ¿Acaso me lo merecía? Dani, el protagonista de No sé hablar del mar, se enfrenta al recuerdo de sus años de infancia y adolescencia para intentar contar aquello que excede a las palabras. Con un lenguaje poético y libre, reconstruye la historia de una familia en Madrid cuyas vidas están atravesadas en lo cotidiano por todos los matices de la violencia: el golpe, el silencio, la manipulación, la complicidad, el grito, la huida, la indiferencia del mundo… Un libro bello pero duro que se resume en una única pregunta: ¿cómo narrar el recuerdo de la violencia?
(...) somos dos mares dos lluvias dos grifos pero no dos gotas siempre son más y mamá se quedó callada y dijo podéis ser mis lágrimas
no sé qué tengo yo con llorar en sitios públicos esta vez ha tocado la sala de espera del médico para terminar de leer esta cosa tristísima que sabe a lágrima muy muy salada como el mar como la pena como el miedo :(
es que no quiero hablar de otra cosa que no sea este libro pero tampoco quiero hablar de él porque me voy a poner a llorar otra vez
(...) y mi madre se ha quedado con el miedo que le hace cristalitos en la lengua y a veces se raja con ellos
4,5 libro PER FEC TO que horroroso este recuerdo d infancia, este dolor en la desestructura, este miedo, este rechazo, este golpe y que maravilla que este libro te lo transmita asiasiasiderapido como un niño contándote algo con muchas ganas
Leyéndolo sentía a veces el ufufuf de guille, el peso en el pecho de dani, traspasaba la página y cortaba la respiración
Javi consigue contar un relato capturar la violencia en todas sus capas sus formas y sus puntas pero también el amor en todos sus brillos y sus lágrimas
llevaba más de un año leyendo este libro antes de que existiera. ahora que existe no sé muy bien qué decir. la sensibilidad que tiene, la arquitectura que crea, el dibujo de la violencia que hace tan acertado
me he vuelto a empezar la novela en un tren camino a sevilla. las lágrimas han empezado a caer por mis mejillas y he sacado los clínex. no he parado de llorar hasta ahora 2.36 de la mañana. no sé hablar del mar. no sé hablar del hueco en el pecho en forma de llanto en carne viva que me ha dejado. como puede haber una ternura tan viva entre tanta sangre?
Un pequeño tesoro hecho libro, con una mirada tierna y a la vez tremendamente desgarradora que consigue acercarte al mar y a sus profundidades. Ahora solo quiero releerlo y dejar que me vuelva a emocionar ❤️🩹
Esta novela es un tesoro, un globo al que no se le va el gas y puede seguir subiendo hasta el infinito.
No sé hablar del mar cuenta la violencia cotidiana dentro de la familia y cómo Dani, que es el narrador, convive con ella, con el miedo de Guille, con los sueños de Laura, con una madre que llora y a veces chantajea, con un padre que siempre hace daño.
Está contada primero con ojos de niño y más tarde con la mirada de quien se hace adulto y se pregunta cuánto tendrá de esos padres, si se elige ser víctima y se puede ser después algo más que el resultado de golpes, silencios, gritos e indiferencia.
Dice la contraportada que no hay manera de contar la violencia sin que el lenguaje se deshaga, pero creo que es uno de los libros con las imágenes más sugerentes que he leído. No hay puntos ni comas, no los necesita. Javier Correa Román narra el daño con un lirismo brutal. Lloras, claro, pero qué viaje tan doloroso y bello.
creo que es el libro más bello y triste que he leído en un rato. la forma en la que está escrito lo es todo: sin comas ni puntos ni mayúsculas todo se lee asiasiasi de bonito asiasiasi de doloroso. y la historia! qué importante este -intento- de nombrar. insistir en el lenguaje y en el cuerpo.
lo compré en españa pero prometo hacer todo lo posible para tenerlo en la librería en méxico.
es un libro que estoy segura de que se va a quedar a vivir dentro dentro por mucho tiempo.
A la violencia se entra como se entra un bosque. Una coge por error el camino equivocado y de repente esta ahí, en mitad de la neblina y la negrura, sin saber nombrar lo que ocurre, sin palabras que basten. A la violencia se llega como se sube una al autobus incorrecto, por error al 15 o al 16, al 114 o al 7. Rara vez existe la oportunidad de bajarte en la siguiente parada. Rara vez existe un Dani, un Guille, como en esta novela, que te responda dónde y como acaban los caminos.
«No sé hablar del mar» es una novela especial porque anuncia el silencio, porque responde a la pregunta (¿cómo suena una palabra cuando no la decimos?). Es este juntar las palabras para anunciar lo roto lo que la define como un ejercicio literario inmenso – porque anunciar lo roto, lo violento, no es solo anunciar el después - sino anunciar el inicio de las cosas, cuando todo parece limpio pero la grieta nos crece, y se mete la violencia en la sangre, y la furia en la boca y viceversa. Y de repente no solo está una en el bosque sino que es el bosque. Es la neblina y la negrura, es la herencia.
Esta novela es única, es certera y es distinta más allá de su fuerza poética y del talento de Javi para conectar caminos a través del lenguaje, que no es poco. Es única precisamente por su verdad- violenta, su verdad–sangre, su verdad–herencia y su verdad–familia. Porque es dificil, increiblemente dificil, hablar sobre no saber hablar, escribir sobre el silencio y que se escuche.
(me gustaría que este párrafo se enseñara en los colegios) :
un 12 de marzo el profesor de biología hablo del orden en la naturaleza habló de los mecanismos de la evolución dijo que el cruce entre especies era inviable imposible que jamás podría darse y yo pensé que el pez y la mariposa jamás podrían anidar en una esquina del mar pero también pensé en por qué no habría hecho la naturaleza dios el cosmos o lo que sea hecho lo mismo para todas nuestras combinaciones pensé en por qué nada ni nadie repelió el momento en que mamá y papá se juntaron pensé si lo único que preocupaba a dios al cosmos o a la naturaleza era que un caballo y una mula no engendrasen o que el agua y el aceite no se juntasen o que se cumplieran las leyes de darwin pensé en si a nadie le preocupó que un día mi padre le dijese a mi hermano que era pura mierda mientras le escupía o que mi madre se sentase en aquella esquina del restaurante a llorar un día de repente así que en aquella clase me di cuenta de que eso sí que estaba permitido en la naturaleza y que toda la violencia que cenábamos como espinitas en pañuelos toda esa violencia era tan natural como un perro como un pez como una mariposa y que una yegua con un caballo respetaban perfectamente las leyes de darwin y del universo pero que también lo hacían los tres dias de silencio con los que mi padre castigaba a mi madre cuando lloraba en un sitio público.
no sé cómo explicarlo, probablemente dentro de unos meses, o de unas semanas, haga segunda lectura. no sé qué decir, quizá tampoco sepa hablar del mar.
y después del agua no hubo mar (...) después del llanto la herida eterna .
Lo empecé hace un ratito frente al mar (el que suena, el de playa) y frente a este otro que da título, del que no se habla y del que yo tampoco sé hablar. Con tilde o sin ella, con r o sin ella, librito de los que se quedan dentro. Reverenciada, agradecida, estremecida. Qué manera de decir, de transmitir, de ahondar. Poesía descarnada. Me llega todo, pero tiene metáforas de un calado extraordinario, imágenes que tocan profundidades oceánicas. Ay, las manitas de caracol. Revisitaré estas páginas.
«quería abrazarle como se abrazan dos arboles que tienen el mismo huequito de la calle así con sus ramitas y mis ramitas»
lo he leído 2 veces y la tercera será en alto con mi madre: tenéis que leerlo en alto
que gusto da leer un libro tan bien escrito y que complicado cuando es algo tan crudo
javi, es precioso leer un texto tuyo y reconocerte en la escritura («manos de arbusto», «dedos de babosa triste», «manitas de nenúfar»). me gusta mucho que habites mi mesilla.
¿Cómo se cuenta el dolor? ¿Cómo se cuenta un trauma? Hay miles de ejemplos, pero lo primero que me viene a la cabeza, vete tú a saber el porqué, es El grito, de Munch. Es increíble la efectividad y la inmediatez que tiene esa imagen para transmitirte toda una complejidad de sensaciones y sentimientos tan concretos.
Pero ¿cómo se traslada eso a las palabras? Desde luego, es una de las grandes preguntas que los escritores han intentado responder, cada uno a su manera. Y para mí, es también la pregunta clave que atraviesa esta novela, de muchas formas distintas.
Una está en la propia narración de la historia familiar. Daniel, el narrador, nos habla de un padre violento, de una madre víctima pero cómplice y de sus dos hermanos. Y nos lo cuenta trasladando imágenes de un impacto brutal al papel, mediante fragmentos de su vida escritos sin puntos ni comas. Es como esos relatos que te sueltan los niños casi sin respirar, atropellándose, con el miedo a parar y no poder explicarse, a que se les olvide algo o a no ser capaces de volver a donde lo habían dejado. Es una forma muy peculiar y muy efectiva. Te destroza el alma en pocas palabras, combinando una ternura y una dureza enormes.
Otra forma, la que más me ha impactado, está en la reacción del hermano pequeño ante toda esa violencia. Guille, al principio, parece un niño feliz, pero a veces ocurre una revelación, una epifanía, algo que se venía rumiando por dentro, como un río subterráneo detrás de tus pensamientos, que de repente rompe la superficie y lo inunda todo. Y recuerdas ese momento como un punto de inflexión que te explica de golpe muchas cosas de tu vida. Dani ve un episodio concreto, el instante preciso en el que su hermano comprende que nada lo puede proteger de esa violencia, que el mundo no comparte su dolor, que está solo y que jamás encontrará las palabras para explicar lo que lleva dentro. Es el golpe final que rompe algo agrietado.
¿Cuán importante es sentirse comprendido? ¿Saberse parte del mundo? ¿Sentir que alguien más comparte tu experiencia? Sin querer simplificar, creo que la incomunicación es un factor crucial en la depresión y los problemas mentales. La soledad acaba matando.
Me he centrado en este tema porque es el que más me ha sacudido, pero la novela condensa otros muchos igual de importantes: la herencia de la violencia, la circularidad, cómo cada uno interioriza lo vivido y lo expresa a su manera, o cómo es imposible romper el círculo sencillamente pasando página. Para salir de ahí hace falta un esfuerzo titánico de comprensión hacia uno mismo, hacia las circunstancias y hacia las personas que te transmitieron el trauma. Pero sobre todo hacia uno mismo, porque al final terminas interiorizando y haciendo tuya la violencia. Y eso genera culpa, una culpa terrible al verte al mismo tiempo como víctima y como verdugo. Y se podría abrir aquí un melón enorme sobre los límites entre comprender y justificar. ¿Hasta qué punto se pueden justificar ciertas acciones por las circunstancias que llevaron a cometerlas? ¿Se puede perdonar? ¿Uno puede perdonarse?
En fin, paro aquí, pero podría seguir... Es increíble lo que te puede llegar a transmitir un libro de unas escasas noventa páginas que te puedes leer en una tarde. En cuanto lo cierras, te quedas roto por la pena y por la ternura, mirando al infinito y dándole vueltas a todo lo que plantea. Lo recomiendo muchísimo.