Hay libros que llaman tu atención desde el primer momento, y Michael, de Toni Arias, es uno de ellos. En cuanto lo vi por las redes sociales, supe que tenía que leerlo. Gracias a este libro he podido conocer mucho mejor no solo la carrera de Michael Jackson, sino también las circunstancias personales y el entorno que marcaron su vida.
Quiero empezar esta reseña retomando las palabras con las que Brad Sundberg cierra el prólogo: gracias a Toni y a su obra, ahora percibe la música de Michael de una manera completamente distinta. Y, después de leerla, puedo decir que a mí me ha pasado exactamente lo mismo.
Con una portada llamativa y elegante, la novela está estructurada con un prólogo y 28 capítulos. La narración, organizada cronológicamente, hace que la historia fluya con naturalidad, posibilitando que el lector acompañe a Michael desde sus primeros años hasta el inmenso legado que continúa dejando en la música y la cultura.
“Me gustaría ser un gran artista, quiero la paz en el mundo y me gustaría tener mi propia mansión algún día “.
La novela arranca con su infancia.
Una infancia marcada por la exigencia, la disciplina y el esfuerzo inculcados por sus padres lo llevó a crecer antes de tiempo, asumiendo el peso de mantener a su familia mientras buscaba desesperadamente afecto y reconocimiento. A partir de ahí iremos viendo una evolución progresiva de su talento y cómo rompió cadenas, y no solo en lo musical: también desafió el racismo y derribó barreras dentro y fuera de la industria audiovisual.
Toni Arias, con una narración ágil y muy fluida, casi cinematográfica, que hace que las casi 500 páginas se lean del tirón, logra acercarnos a la persona que había detrás del mito, ayudándonos a entender las vivencias y circunstancias que marcaron cada etapa de su vida. A través de sus páginas descubrimos a alguien profundamente sensible con los más vulnerables, especialmente con los niños, a quienes intentó ofrecer la infancia que él nunca pudo disfrutar. Para ello, no dudó en implicarse y destinar todos los recursos necesarios, del mismo modo que realizó numerosas donaciones y actos solidarios.
Lo que realmente me ha emocionado han sido los capítulos dedicados a sus batallas más íntimas: su transformación física, el impacto del vitíligo en su vida, el dolor físico que lo acompañó durante años, esa necesidad constante de ser amado y aceptado, y cómo Neverland se convirtió en un paraíso personal que, al mismo tiempo, terminó siendo una jaula de oro. Me ha conmovido especialmente su faceta como padre, protector y cariñoso, y la forma en que enfrentó las duras acusaciones que lo persiguieron incansablemente, manteniendo siempre su dignidad y su inocencia declarada.
Terminar el libro ha sido mucho más que acabar una lectura; he tenido la sensación de recorrer la vida de una de las figuras más fascinantes y complejas de la música. Entre sus páginas he encontrado un recorrido muy cuidado por la vida de un artista que marcó varias generaciones. Sus últimos años me dejaron un nudo en la garganta: un hombre que dio tanto al mundo y que, al final, parecía tan solo.
En definitiva, Michael ha sido una lectura que me ha sorprendido muy gratamente. Se nota el gran trabajo de investigación que hay detrás de sus páginas.
Sin duda, es una obra que recomendaría a cualquier persona interesada en descubrir al hombre que había detrás del mito. Tanto si eres fan como si no. Aquí no hay morbo ni chismes. Si quieres entender por qué Michael fue una figura tan inmensa, compleja y a menudo incomprendida, este libro es el mejor lugar para empezar.
“A diferencia de lo que se suele decir con otros grandes artistas, en esta ocasión no murió el artista para que naciera el mito. Michael había disfrutado del estatus de mito durante gran parte de su vida”.
Enhorabuena, Toni: dejas otro gran legado.