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No me encontraron: La fosa de Lorca: crónica de un olvido
322 pages, Kindle Edition
Published May 21, 2026
About the author
Ian Gibson
267 books105 followersIan Gibson (born 21 April 1939) is an Irish author and Hispanist known for his biographies of Antonio Machado, Salvador Dalí, Henry Spencer Ashbee, and particularly his work on Federico García Lorca, for which he won several awards, including the 1989 James Tait Black Memorial Prize for biography. His work, La represión nacionalista de Granada en 1936 y la muerte de Federico García Lorca (The nationalistic repression of Granada in 1936 and the death of Federico García Lorca) was banned in Spain under Franco.
Born into a Methodist Dublin family, he was educated at Newtown School in Waterford and graduated from Trinity College, Dublin. He became a professor of Spanish literature at Belfast and London universities before moving to Spain. His first novel, Viento del Sur (Wind of the South, 2001), written in Spanish, examines class, religion, family life, and public schools in British society through the fictitious autobiography of a character named John Hill, an English linguist and academic. It won favourable reviews in Spain.
Gibson has also worked in television on projects centering around his scholarly work in Spanish history, having served as a historical consultant and even acting in one historical drama.
He was granted a Spanish passport in 1984.
Born into a Methodist Dublin family, he was educated at Newtown School in Waterford and graduated from Trinity College, Dublin. He became a professor of Spanish literature at Belfast and London universities before moving to Spain. His first novel, Viento del Sur (Wind of the South, 2001), written in Spanish, examines class, religion, family life, and public schools in British society through the fictitious autobiography of a character named John Hill, an English linguist and academic. It won favourable reviews in Spain.
Gibson has also worked in television on projects centering around his scholarly work in Spanish history, having served as a historical consultant and even acting in one historical drama.
He was granted a Spanish passport in 1984.
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Displaying 1 - 5 of 5 reviews
August 26, 2026
Comenzaba este libro con la incertidumbre que siempre me invade cuando se trata de la muerte de Federico. Una lectura que creía que me iba a tranquilizar, a dar respuestas, a perdonar, en cierta manera, el trato que sigue teniendo el poeta hoy en día.
Termino este libro con la misma sensación, unida a la decepción reinante cuando se trata de buscar alguna verdad en este país de desgaste cultural, de deformidad grotesca sempiterna.
El tema del libro está claro: la fosa de Lorca. Investigaciones, testimonios y exhumaciones se suceden en sus 333 páginas para terminar tal y como se empezó: sin saber dónde se encuentran los restos del poeta y de los fusilados con él. Lo cierto es que me han surgido algunas reflexiones al cerrarlo: ¿quiero saber dónde se encuentra el cuerpo? ¿Qué cambiaría saberlo?
A mi modo de parecer, el asunto que nos concierne podría resumirse en dos grandes palabras: olvido y silencio.
Por un lado, el silencio selectivo por parte de la familia García Lorca. Su negativa a buscar y encontrar los restos de Federico, su constante manejo silencioso en cualquier acción legal y política en torno a Víznar - Alfacar y su colectiva decisión de dejar las cosas como están. ¿Por qué nunca lo han buscado? Mi parte onírica y emocional me llevan a pensar que rescataron el cuerpo tras el asesinato y le dieron una justa sepultura; mi parte racional me induce hacia el interés económico y literario que de él podrían extraer.
No obstante, a medida que avanzaba en la lectura, he llegado a empatizar con la postura que adoptó la familia. ¿Encontrar los restos, para qué? ¿Para que terminaran siendo de dominio público? ¿Para que el político de turno se apropiara, aún más, de la figura de Federico? ¿Para que un país que durante tanto tiempo lo ha olvidado, se lucre de su persona? Ante todas estas preguntas, mi respuesta es no. No me gustaría que encontraran sus restos en las circunstancias que describe Ian Gibson, autor del libro. Con todo, tampoco me parece clara la escisión que realiza su familia en torno a su figura. ¿Qué criterio utilizan para decidir lo que importa y lo que no del poeta?
En palabras de su sobrina, Laura García de los Ríos, “el hecho de que los restos de Federico estén mezclados con las otras víctimas es más relevante que la propia Memoria Histórica [...]”. Su hermana, Gloria García de los Ríos, continúa por la misma línea: “Y fue lo que fue. Ocurrió lo que ocurrió, y eso no se puede cambiar. Espero que se quede donde murió, porque él es el símbolo de lo que ocurrió para muchas personas”. ¿Que debe seguir donde está, aún encontrándolo? Posiblemente. ¿Que es el símbolo de lo que ocurrió? Sin duda. ¿Que alguien recuerda “lo que ocurrió”? En absoluto. De aquí, me permito extraer la segunda palabra: olvido.
Según el propio Gibson, si bien somos el segundo país con más muertos en sus cunetas, solo por detrás de Camboya, me atrevo a decir que sí nos quedamos con el primer puesto en olvidar. Olvidar lo que nos interesa. Y reprochar más de lo mismo.
Si en algo se caracteriza España es en la rumorología. Pregonar rumores, falacias y mentiras es el deporte nacional, y en este caso, no podíamos ser distintos. Descuidos constantes en la investigación y excavación, irregularidades en el proyecto que efectuaría el actual Parque Federico García Lorca, traslado de restos óseos sin identificar y bajo ley de silencio -justo, ¿casualmente o causalmente?, cuando el sobrino del poeta, Manuel Fernández-Montesinos, pululaba por la política granaína de la época-, desamparo y pantomima -¡cómo no!- de la Junta de Andalucía en todo el proceso, disputas patéticas por parte de todos los sectores políticos por conseguir la mejor publicación sobre el paradero del desaparecido, secretismo y hermetismo. Eso es lo que encontramos, a lo largo de los años en los que Gibson describe, en forma de diario, la única búsqueda fallida de Federico. En suma, un circo mediático, la especialidad española.
Quizás la cuestión no esté en diferenciar a Lorca del resto de fusilados o crear un debate en torno a porqué él sí y, el resto, no. Quizás la cuestión está, haciendo alusión a Federico, en la metáfora lorquiana que podemos extraer de aquí. La insulsa importancia en el asunto, el ocultismo y la despreocupación por nuestra historia más reciente representa, no solo que nuestro poeta más universal y único esté en una cuneta, sino también que ese pasotismo patriótico se extienda al resto de víctimas, civiles, miles de personas tiradas en fosas comunes, familias destrozadas, exilio y muerte. Quizás la cuestión está en que nos hemos olvidado demasiado rápido de la dictadura franquista, de lo que supuso la guerra y de los restos, nunca mejor dicho, que siguen, desgraciadamente, más vivos que nunca.
Al final, la única verdad absoluta la tiene el propio Federico:
“Cuando se hundieron las formas puras
bajo el cri cri de las margaritas
comprendí que me habían asesinado.
Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias.
Abrieron los toneles y los armarios.
Destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro.
Ya no me encontraron.
¿No me encontraron?
No. No me encontraron”.
Vivirás siempre, Federico. Sea donde sea.
Termino este libro queriendo más, si cabe, a Federico y odiando más, sí cabe, este país de “charanga y pandereta”. Las últimas palabras de esta reseña, se las dejo a Larra: «El pueblo no es verdaderamente libre mientras que la libertad no esté arraigada en sus costumbres e identificada con ellas”.
Termino este libro con la misma sensación, unida a la decepción reinante cuando se trata de buscar alguna verdad en este país de desgaste cultural, de deformidad grotesca sempiterna.
El tema del libro está claro: la fosa de Lorca. Investigaciones, testimonios y exhumaciones se suceden en sus 333 páginas para terminar tal y como se empezó: sin saber dónde se encuentran los restos del poeta y de los fusilados con él. Lo cierto es que me han surgido algunas reflexiones al cerrarlo: ¿quiero saber dónde se encuentra el cuerpo? ¿Qué cambiaría saberlo?
A mi modo de parecer, el asunto que nos concierne podría resumirse en dos grandes palabras: olvido y silencio.
Por un lado, el silencio selectivo por parte de la familia García Lorca. Su negativa a buscar y encontrar los restos de Federico, su constante manejo silencioso en cualquier acción legal y política en torno a Víznar - Alfacar y su colectiva decisión de dejar las cosas como están. ¿Por qué nunca lo han buscado? Mi parte onírica y emocional me llevan a pensar que rescataron el cuerpo tras el asesinato y le dieron una justa sepultura; mi parte racional me induce hacia el interés económico y literario que de él podrían extraer.
No obstante, a medida que avanzaba en la lectura, he llegado a empatizar con la postura que adoptó la familia. ¿Encontrar los restos, para qué? ¿Para que terminaran siendo de dominio público? ¿Para que el político de turno se apropiara, aún más, de la figura de Federico? ¿Para que un país que durante tanto tiempo lo ha olvidado, se lucre de su persona? Ante todas estas preguntas, mi respuesta es no. No me gustaría que encontraran sus restos en las circunstancias que describe Ian Gibson, autor del libro. Con todo, tampoco me parece clara la escisión que realiza su familia en torno a su figura. ¿Qué criterio utilizan para decidir lo que importa y lo que no del poeta?
En palabras de su sobrina, Laura García de los Ríos, “el hecho de que los restos de Federico estén mezclados con las otras víctimas es más relevante que la propia Memoria Histórica [...]”. Su hermana, Gloria García de los Ríos, continúa por la misma línea: “Y fue lo que fue. Ocurrió lo que ocurrió, y eso no se puede cambiar. Espero que se quede donde murió, porque él es el símbolo de lo que ocurrió para muchas personas”. ¿Que debe seguir donde está, aún encontrándolo? Posiblemente. ¿Que es el símbolo de lo que ocurrió? Sin duda. ¿Que alguien recuerda “lo que ocurrió”? En absoluto. De aquí, me permito extraer la segunda palabra: olvido.
Según el propio Gibson, si bien somos el segundo país con más muertos en sus cunetas, solo por detrás de Camboya, me atrevo a decir que sí nos quedamos con el primer puesto en olvidar. Olvidar lo que nos interesa. Y reprochar más de lo mismo.
Si en algo se caracteriza España es en la rumorología. Pregonar rumores, falacias y mentiras es el deporte nacional, y en este caso, no podíamos ser distintos. Descuidos constantes en la investigación y excavación, irregularidades en el proyecto que efectuaría el actual Parque Federico García Lorca, traslado de restos óseos sin identificar y bajo ley de silencio -justo, ¿casualmente o causalmente?, cuando el sobrino del poeta, Manuel Fernández-Montesinos, pululaba por la política granaína de la época-, desamparo y pantomima -¡cómo no!- de la Junta de Andalucía en todo el proceso, disputas patéticas por parte de todos los sectores políticos por conseguir la mejor publicación sobre el paradero del desaparecido, secretismo y hermetismo. Eso es lo que encontramos, a lo largo de los años en los que Gibson describe, en forma de diario, la única búsqueda fallida de Federico. En suma, un circo mediático, la especialidad española.
Quizás la cuestión no esté en diferenciar a Lorca del resto de fusilados o crear un debate en torno a porqué él sí y, el resto, no. Quizás la cuestión está, haciendo alusión a Federico, en la metáfora lorquiana que podemos extraer de aquí. La insulsa importancia en el asunto, el ocultismo y la despreocupación por nuestra historia más reciente representa, no solo que nuestro poeta más universal y único esté en una cuneta, sino también que ese pasotismo patriótico se extienda al resto de víctimas, civiles, miles de personas tiradas en fosas comunes, familias destrozadas, exilio y muerte. Quizás la cuestión está en que nos hemos olvidado demasiado rápido de la dictadura franquista, de lo que supuso la guerra y de los restos, nunca mejor dicho, que siguen, desgraciadamente, más vivos que nunca.
Al final, la única verdad absoluta la tiene el propio Federico:
“Cuando se hundieron las formas puras
bajo el cri cri de las margaritas
comprendí que me habían asesinado.
Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias.
Abrieron los toneles y los armarios.
Destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro.
Ya no me encontraron.
¿No me encontraron?
No. No me encontraron”.
Vivirás siempre, Federico. Sea donde sea.
Termino este libro queriendo más, si cabe, a Federico y odiando más, sí cabe, este país de “charanga y pandereta”. Las últimas palabras de esta reseña, se las dejo a Larra: «El pueblo no es verdaderamente libre mientras que la libertad no esté arraigada en sus costumbres e identificada con ellas”.
August 20, 2026
En el último libro, Ian Gibson comparte su diario (escrito entre 2009 y 2010) y por tanto sus reflexiones y sus frustraciones en la búsqueda de Lorca. Siento que he conectado menos con esta parte tan personal del autor y que son los testimonios, entrevistas y noticias recogidas en el texto la parte que ha parecido más interesante y con la que me quedo.
May 29, 2026
Me ha gustado mucho, aunque me confieso imparcial por la admiración que le tengo al autor.
August 27, 2026
Lo de que haya podido ser desenterrado en la construcción del parque y se haya ocultado en otro sitio es una broma pesada.
September 23, 2026
Sin palabras. Creo que nunca encontraremos a Lorca
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