Nos encontramos con Diego, un actor famoso que está grabando una serie de gran éxito en Valencia. Su vida parece ir viento en popa, pero un disparo cambia su realidad por completo: pierde un ojo y, con él, buena parte de la seguridad que tenía en sí mismo y de la imagen que había construido de cara al mundo.
Porque Diego no solo es actor, también es alguien cuya profesión está estrechamente ligada a su físico. Y aquí es donde cobra especial sentido el título de la novela. ¿Qué ocurre cuando aquello que consideramos nuestra mayor fortaleza deja de serlo? ¿Hasta qué punto la belleza condiciona nuestra vida y la manera en que los demás nos perciben?
La portada me parece muy acertada: esa estatua con el rostro dividido entre la belleza y la destrucción me ha parecido una representación muy visual de lo que plantea la historia. Por un lado, la perfección; por otro, las marcas que nos deja la vida. Y es que, a veces, basta un instante para que todo lo que creíamos seguro se tambalee.
Pero Diego no es el único protagonista de esta historia. También conocemos a Marc Gutiérrez, un periodista de un periódico valenciano que comienza a investigar tanto el caso del actor como los movimientos sospechosos de un gimnasio situado en un pueblo de Valencia. Un centro deportivo que cuenta con instalaciones de última generación, pero que parece tener muy pocos clientes. ¿Qué se esconde detrás de todo aquello?
Me ha gustado mucho cómo Pablo va desarrollando esta trama y cómo nos permite acompañar a Marc en sus investigaciones. Además, hay un detalle que me ha parecido muy curioso: mientras investiga el gimnasio, Marc acaba descubriendo el gusto por el deporte. Se nota que el autor conoce bien este mundo, porque las explicaciones sobre los ejercicios, la técnica, los batidos y la creatina están muy bien integradas en la historia y aportan naturalidad a la narración.
Otro personaje que me ha gustado especialmente es la madre de Diego. Una mujer de otra generación que demuestra que nunca es tarde para abrirse al amor y darse una nueva oportunidad. Me ha encantado encontrar esa mirada sobre las relaciones y el paso del tiempo, recordándonos que las ganas de vivir y de compartir la vida con alguien no tienen fecha de caducidad.
También he encontrado una crítica interesante al mundo editorial y a la exposición pública. En un momento de la historia surge la posibilidad de que Diego escriba un libro, pero existe una diferencia entre lo que él quiere contar y lo que esperan de él. ¿De verdad importa lo que una persona desea expresar o interesa más aquello que puede venderse? Una reflexión que va más allá de la novela y que nos hace pensar en cómo, en ocasiones, parece que la vida de los demás se convierte en un producto de consumo.
En líneas generales, me he encontrado con una novela sencilla, ágil y con mucho ritmo. No necesita giros vertiginosos ni grandes sorpresas para mantenerte enganchada, porque el interés está en ir descubriendo las conexiones, atando cabos y comprendiendo poco a poco qué hay detrás de todo lo que sucede.
Y si hay algo con lo que me quedo es con el mensaje que nos deja Diego. A veces vivimos sin ser plenamente conscientes de lo que tenemos, damos por sentadas muchas cosas y no valoramos nuestra propia felicidad hasta que la vida nos obliga a detenernos. Sin embargo, incluso cuando todo cambia, siempre podemos encontrar motivos para seguir adelante y mirar al futuro con esperanza.
Porque quizá no se trate de recuperar lo que éramos antes, sino de aprender a vivir con lo que somos ahora. ❤️
El final me ha gustado precisamente por eso. Después de todo lo que ha vivido Diego, decide aceptar su nueva realidad y mirar hacia delante con una actitud positiva. Y eso me parece un mensaje muy bonito: las circunstancias pueden cambiar, pero no tienen por qué arrebatarnos las ganas de seguir viviendo.
En definitiva, Culto al cuerpo ha sido una lectura entretenida, con una trama que combina investigación, deporte y crítica social, y que nos invita a reflexionar sobre la belleza, la imagen que proyectamos y la importancia de valorar aquello que tenemos.
Ana, administradora del club de lectura Amantes de las Letras