Me prestaron el libro, una edición ilustrada por Gabriel Pacheco, publicado por el FCE. Bonita edición, un libro grande a lo ancho y alto, aunque delgado, realmente son pocos relatos. He leído poco de Paz, ahora que lo pienso, nada más allá de su famoso El laberinto de la soledad, o Aguila o sol (donde ya se recogían estos cuentos), algunos versos, y éstos relatos. Realmente poco, considerando la inmensidad de su producción.
¿Qué me pareció este libro? Bueno, un tanto críptico. Está hecho de la misma sustancia de la que está hecho el llamado realismo mágico, sólo que con el toque de Paz se vuelve un mensaje velado, de difícil acceso a las emociones. Paz siempre apunta a la razón, y está bien, sólo que requiere masticarlo, releerlo, para encontrarle sentido a algunas metáforas e imágenes que utiliza. Hay también una atmósfera onírica en todo el libro, como en el realismo mágico, la realidad se trastoca en fantasía y viceversa, hay saltos fantásticos, realidades mágicas, misteriosas, ilusorias.
A veces hay sangre y violencia, como en los mejores relatos del gore, pero hay poesía, y metáfora, imágenes y un suspenso extraído de la curiosidad, uno quiere saber en qué termina todo aquello. Hay personajes kafkianos, en todos los sentidos, es decir, en el sentido del determinismo trágico, y en el sentido de la transformación o una alternancia dual, entre la bestia y el hombre, entre el objeto y el hombre.
Si no han leído a Paz, este es un asomo interesante para ir conociendo su obra, en el limbo entre la poética y el relato, bastante entretenido.
Dejo aquí un par de frases como muestra:
“…si somos algo, somos esperanza de algo. A mí ya me gastó la espera”.
“No es la espada lo que brilla en la confusión de lo que viene. No es el sable, sino el miedo y el látigo”.