Este es un libro de los que me gustan a mí. Un asesino despiadado, cruel y vengativo que se dedica a torturar a sus víctimas para librarlas de sus pecados, como si fuera la reencarnación del mismísimo Torquemada. De la autora ya había leído Una pieza de más, que disfruté mucho y con esta novela se convierte en un acierto seguro para pasar un muy buen rato entre vísceras y sangre.
El equipo policial es de los que engancha. El poli serio y gruñón a punto de jubilarse, el joven inspector que busca su hueco a través del trabajo duro, la comisaria que empatiza más con el trabajo de calle que con sus responsabilidades, la forense con sus rancheras, el informático que todo lo puede...grandes todos. La familia Castro también está muy bien ideada, con miembros a los que cogerás cariño y otros a los que odiarás profundamente.
Es una novela fácil de leer. De esas que te cogen y no te sueltan hasta el final. Y con la que aprendes un montón sobre el arte de la tortura. Bueno, yo conocía casi todos los métodos, pero siempre está bien refrescar conocimientos. Vamos, que he disfrutado como una enana con esta historia tan sangrienta, y también he sufrido ante un final tremendo de esos llenos de adrenalina. El único pero es que adiviné demasiado pronto...aunque probablemente la autora contaba con ello.