Me quedé con hueco en el estómago, de esos que sientes cuando pierdes un amor.
No sé si reir, llorar, gritar o qué; Me enamoré de Daniel Cuenca por su libertad, pero también lo hice del Doctor Zavalza por su ternura.
La novela está narrada de tal forma que me hizo embelezarme con la belleza de Daniel, con su risa de niño y su manera de moverse por el mundo.
Emilia Sauri es hija de un boticario que después de mucho viajar por el mundo regresó a su México encontrándose de frente con el amor de su vida, Josefa Veytia. Emilia creció con los ideales de su padre por la política antiporfirista, con las ideas de la revolución en su cabeza, entre las tertulias de la casa del Dr. Cuenca y los días metida entre botes llenos de yerbas y polvos medicinales en la botica de su padre.
Daniel, es hijo del Dr. Cuenca, que desde pequeño tuvo a bien enamorarse de Emilia, así como ella de él. Cuando él cumple 12 años, su padre lo manda a una escuela militarizada para tratar de aplacar su espíritu aventurero y lo único que logró, fue reforzarlo; con las ideas políticas de su padre y su espíritu libre, se enreda en la guerra de Revolución, luchando por causas perdidas y muchas veces, sólo luchando sin saber bien por qué.
Daniel y Emilia se demostraron su amor cuando ella tenía 17 años, después de que Daniel regresó del norte convertido en un Abogado por alguna universidad de EUA. Su primer encuentro les duró poco más de un mes, hasta que Daniel "tuvo" que regresar al norte para apoyar la revolución. Pasaban meses, e incluso años, antes de que se volvieran a ver, pero la atracción que Emilia sentía hacia él, siempre le hizo regresar a sus brazos, como imán al metal; el via crucis que vivió Emilia por ese amor se vió entre ires y venires, viajes y regresos, arribas y abajos, todo al sentir de Daniel, ella lo seguía al fin del mundo, del cual él, se iba al poco tiempo.
Un buen día, Emilia conoce al Dr. Zavalza, que al instante se enamoró de ella; para entonces Daniel estaba "luchando" por una causa perdida en la revolución. Sin siquiera proponérselo Emilia fue queriendo a Zavalza sin darse cuenta y sin demostrarlo, pero siempre aparecía su caballero andante para desestabilizar su vida.
Al final, me quedé contemplando el horizonte sin saber qué decir, simplemente "estos hombres un día nos van a matar de amor".
Recomendable mucho, esta narrada de una manera que me envolvió y me trasladó a la época de Don Porfis y todos los demás consecuentes; me hizo reir, llorar, y hasta gritar de coraje por culpa de Daniel.