Barcelona, 1980. A group of survivors in a battle to control the streets, Nen and his friends, dream of winning in the world of rumba. Things change when Nen discovers the reasons for his fathers disappearance, and the relationship between his mother and the leader of the Exile.
El verdadero nombre de Francisco Casavella (Barcelona, 1963) es Francisco García Hortelano, sin embargo muy pronto previno las molestias e inconveniencias que a la fuerza han de llegarle a cualquier novelista que se apellide igual que otro más veterano y famoso, así que decidió publicar bajo seudónimo.
Ese debut se produjo en 1.990, cuando tenía 26 años de edad, año en el que se publicó la novela El triunfo, de la que años más tarde Mireia Ros haría una adaptación cinematográfica. Esa evocación de la Barcelona canalla jamás dejaría de ser una de sus señas de identidad como escritor. La novela cosechó buenas críticas y también obtuvo el premio Tigre Juan.
Después llegaron Quédate y Un enano español se suicida en las Vegas, que también contó con adaptación cinematográfica. Esa conexión con el cine, otra de sus grandes pasiones, sería experimentada por él en primera persona cuando escribiera para Manuel Huerga el guión del film Antártida.
El secreto de las fiestas fue publicada en 1.997 y fue el paso previo a preparar su obra magna: El día del Watusi. En esta trilogía Casavella aborda la historia de un arribista a la vez que retrata la transición española en Barcelona. En ella no sólo destaca la extensión, también lo hace su habitual sentido del humor, la acertada contextualización de novela picaresca, el comentario sociológico y político, además del acertado apunte histórico.
Un infarto de miocardio terminó con su vida demasiado temprano, cuando sólo contaba con 45 años de edad. Afortunadamente el dramático suceso ocurrió después de la publicación de Lo que sé de los vampiros, que fue premiada con el Premio Nadal y se ha convertido en uno de sus títulos más populares.
Encuadrada en El Raval de los años 80, malfamado suburbio barcelonés popularmente conocido por la denominación de Barrio Chino, lugar que fue testigo de los primeros compases del período azul de Picasso y cuna de la rumba catalana, Casavella nos brinda la gloria y la ruina de este sórdido ambiente en el que se mueve como cocodrilo por sus cloacas, pues es tal su desenvoltura en este entorno, y la verosimilitud que desprenden sus personajes, que uno no puede sino cuestionarse hasta qué punto indagó o se arremangó para meterse en ese peligroso fango.
Tenemos a un difunto rey de la rumba local, a una reina viuda soberana tras su barra de bar, a un joven príncipe heredero de los dones de su alegre y triste padre, y a un “tío” de legionario pasado por el norte de África del que mejor será no decir nada…
¿Os suena de algo?
Exacto: es Hamlet.
Un Hamlet nacional.
Drama castizo.
Tragedia patria vestida en chándal de tactel relatada por un idiosincrático Horacio que aquí, junto a unos no menos particulares Rosencrantz y Guildestern, componen esa suerte de pantomímica trinidad que nos servirá de hilo conductor entre unos y otros mientras que, y como telón de fondo, el capo actual y su guardia pretoriana asisten a un cambio de gobierno que se va gestando de forma tan gradual como imparable, y todo ello contado en el argot de la época y estrato social del que sale gormada esta pléyade de defenestrados de la vida, relato que solo se ve interrumpido por la intercalación de unos capítulos muy breves y diferentes, los cuales nos permitirán ir averiguando el cómo se ha ido incubando esa catástrofe que no cesa de crecer página a página.
A mí a veces me ha recordado a «El padrino», a «Perros callejeros», a cine quinqui y épica de alto calibre, de la de ponerte los vellos como escarpias, y buena muestra de esto que digo son esas tres páginas introductorias que es de los prólogos más potentes que recuerdo, o ese sicario apodado Naranjito quien asimismo tiene un momentazo muy peliculero.
«La locura acierta a veces, cuando el juicio y la cordura no dan fruto».
...perquè aquest senyor no és un senyor gran, que ens estigui parlant de nostàlgia, sinó que és un senyor jove que parla de la nostàlgia de els vells...
Difícil de seguir por el vocabulario que usa y por la cantidad de personajes que aparecen. Seguramente no era el tipo de historia que estaba esperando, pero aún así, no me ha gustado.
De esta nouvelle me ha impresionado la voz del protagonista, Palito, que me hacía sonreír con la boca pequeña. El argumento, sin embargo, me aburría a veces y otras levantaba el vuelo. Todo es muy cañí, muy macarra de Barcelona. Y encima las dichosas notas a pie de página sobran en el 80% de los casos. Lo que sí se nota es que el monólogo está hecho a base de historias oídas porque algunas veces es todo tan increíble. Espero sintonizar más con la próxima novela que me lea de Casavella.
Primer libro de este autor que leo y uno de los mejores que he leído en el año. Crónica desterritorializada de un territorio, notable protagonismo colectivo (el narrador y dos amigos que funcionan como un ente único), Hamlet de personajes decadentes y un poco de pantomima, solemnidad y decrepitud... Lectura bastante exigente, pero que vale la pena (exige y da).
Casavella mete en ambiente al lector en una realista novela, aunque para los legionarios que hemos crecido en barrios humildes de Barcelona no es difícil.