Difícil, intensa, abstracta, introspectiva, sobre la realidad sin nombres, sin artificios, sin comprenderla. A ratos repulsiva.
Muy original.
No es un libro que narre... exactamente. Es una experiencia. Ocurre.
La protagonista, G.H., al principio tan segura, tan seria, tan cabal, explota su identidad a partir de un hecho nimio para todos.
Y ese proceso interno nos acontece en su lectura.
Nivel Kafka.
Desde el principio muestra su intención, su objetivo, y su forma, con un lenguaje muy complicado. He tenido que releer casi cada párrafo sin terminar de comprenderlo.
“¿Tendré que fabricarme la palabra como si lo que me aconteciera fuese crear?
Voy a crear lo que me ha acontecido. Solo porque vivir no se puede narrar. Vivir no es vivible. Tendré que crear sobre la vida.
Y sin mentir. Crear sí, mentir no.
Crear no es imaginación, es correr el gran riesgo de acceder a la realidad. Entender es una creación, mi único modo.”
Esta frase funciona como el manifiesto de lo que pretende transmitir en este libro y la manera de hacerlo; entender no es reproducir la vida, sino crearla, porque la experiencia es demasiado cruda para describirla directamente. No imagina, rehace su propio sentido mientras lo vive.
¿Algo que se puede ir acotando mientras se va expandiendo?
Su pensamiento parece ir descubriéndose a sí mismo mientras se escribe, es casi una revelación mística, el tono de toda la narración es muy filosófico. Ir desgranando esta experiencia es ir aceptando la pertenencia a algo más grande e inabarcable. Una compresión íntima y universal.
“En cuanto a mí misma, siempre conservé una comilla a mi izquierda y otra a mi derecha. Esa imagen de mí entre comillas me satisfacía, y no solo superficialmente.
Yo era la imagen de lo que no era, y esa imagen del no ser me colmaba por completo: uno de los modos más fuertes de ser es ser negativamente.”
Son numerosos los párrafos así de extraños y complejos. Parece una paradoja, construye su identidad a partir de su ausencia o negación, no se define por lo que es, sino por lo que no es; se siente plena precisamente en el vacío, en el no ser, se empieza a conocer al reconocer la conciencia de lo que falta. El no ser también es una manera intensa y verdadera de ser.
Y parece que plantea además que la identidad en lugar de afirmación puede ser vacío, límite, borde. Creo que una de las bases es esa noción de identidad a partir de G.H...
Llevaba una máscara confortable que se va armando desde fuera, desde su yo social, y su verdadero yo está fuera de esa máscara.
Vivir entre comillas es verse como una representación, como una versión artificial o citada de sí misma, como un personaje construido dentro de una cita o de una interpretación de sí misma. Pero esa idea le satisfacía, tal vez porque así encuentra una existencia reconocible. Nos asumimos en esa versión representada socialmente de nosotros mismos. Aunque no sea real o del todo auténtica, nos da "forma", nos da "existencia". (También es muy posible de que se me vaya la pinza porque la narración se las trae...)
Y en esos pensamientos llega, como un acontecimiento clave, como una epifanía negativa, la confrontación con una cucaracha, y a partir de ahí esta mujer se asoma al abismo de lo vivo.
Esa cucaracha intrascendente, repulsiva y sin mayor significancia, está tan viva como nosotros, y reconoce ésto como una revelación insoportable, envejece de golpe:
“Entonces, antes de comprender, mi corazón encaneció como encanecen los cabellos.”
Es la señal de un tránsito radical: G.H. entra en contacto con lo elemental, con la materia viva antes del lenguaje, antes del poner nombre a cada cosa, antes del concepto.
Como si el lenguaje interfiriera en su descubrimiento, poner nombres es apartarse de la verdad de las cosas. G.H. dice:... Pero a mí me corresponderá impedirme el dar nombre a la cosa. El nombre es una añadidura, e impide el contacto con la cosa. El nombre de la cosa es un intervalo… la cosa desnuda es tan tediosa...”
La cucaracha, el trozo de cosa, lo que es irreductible y bruto, aparece como una verdad primigenia, sin los filtros humanos.
De ahí que G.H. también diga:
“Procuré racionalizar mi repugnancia.”
Pero diría que fracasa, porque la experiencia no es racionalizable, es algo anterior, es algo animal. “Haber matado era mucho más grande que yo.” El intento de aplastar la cucaracha la pone frente a la desproporción entre su vida tan organizada y superior con esa vida tan básica que quiere destruir, y en la que, al mismo tiempo, se revela a sí misma. Y ese estado alterado lo describe así: “Y en mi gran dilatación, yo estaba en el desierto. ¿Cómo explicarte?” El desierto como metáfora del vacío, para su desnudez interior, ya no es laimagen entre comillas, sino solo la esencia.
En lo más bajo encuentra una revelación de lo más alto en este viaje interior. La autora asocia lo abyecto con lo sagrado, el mundo sin filtros. Y aceptar sin comprender.
“Pero mi liberación solo se producirá si tengo el impudor de mi propia incomprensión.”
El impudor de no entender es la libertad, el dejar de fingir, de construir máscaras, de racionalizar. La incomprensión como verdad.
Solo podrá liberarse si se atreve a reconocer sin vergüenza que no lo entiende. Su propia incomprensión es admitir su no saber, su confusión interior, y solo podrá ser libre si acepta que no hay que comprenderlo todo, y aún así mira de frente, sin miedo.
Y así parece finalizar la novela: “No temas la carencia: ella es nuestro mayor destino… El amor ya está, está siempre. Falta solo el golpe de gracia. Que se llama pasión.”
La carencia no es la falta de algo sino la condición para abrirse a la vida. La pasión es ese toque que rompe la fachada de la identidad, para adorar lo que no se comprende, y cierra con una idea muy hermosa y desconcertante:
“La vida me es, y no comprendo lo que digo. Y entonces adoro.”
Es la culminación del viaje interior, G.H. llega a un punto donde el lenguaje, la razón, ya no sirve. Y, al no comprender, solo queda la adoración, una forma de entrega, de aceptación de lo real. Ésa diría que es "La pasión según G.H.", la protagonista reconoce sus límites en lo más elemental. Y lo que acontece, para ella, solo puede ser narrado creando este libro, porque
“Vivir no es narrable… Entender es una creación.”
Esa frase resume el libro y la esencia de lo quiere decir Clarice Lispector.