He tenido la suerte de cruzarme en los últimos meses con dos maravillosas novelas que centran parte de sus tramas en las cárceles franquistas, especialmente las dirigidas a mujeres.
Relatos muy duros ambientados en los años 40, una época 'remota' que parece lejana en el tiempo. Pero la realidad que se narra en esta novela-ensayo-artículo periodístico sucede ya entrados los años 80, una época en la que yo tenía casi 10 años cuando la protagonista, un poco mayor, murió en un centro del Patronato de Protección (sic) a la Mujer.
Una institución que estuvo años vigente, después de haberse aprobado la Constitución. El suceso que denuncian las autoras no se investigó y apenas queda constancia de las diferentes diligencias que se practicaron... y que podrían haber dado algo de luz al caso. O quedan y no se quiere que salgan a la luz.
Pero el de Inmaculada, siendo dramático e intolerable, es uno de los cientos de casos de represión sistemática contra jóvenes, algunas de ellas por el mero hecho de haberse quedado embarazadas tras ser violadas por familiares.
Casos que no se dieron en los años 40, sino en los estertores del régimen franquista. En el relato aparecen diferentes testimonios de jóvenes que fueron encerradas en diferentes centros para corregirlas de actitudes tan peligrosas como ser lesbianas, salir a la calle o no plegarse a la sociedad represora.
Algo que suena antiguo y superado, pero no lo está. Y viendo el panorama que se avecina, la verdad es que es preocupante pensar que hay mucha gente que aboga por regresar a las políticas de esos años. Sin olvidarnos que, aún hoy, lo rancio sigue instalado y mandando en determinados sectores y órdenes de la sociedad.
Las mismas personas que (con razón) abominan y condenan, con golpes en el pecho, los excesos y dogmas de la religión musulmana, especialmente contra los derechos de la mujer, callan o niegan cuando se habla sobre estas prácticas, muy recientes en nuestra querida España.
Las religiones, uno de los grandes males de la Humanidad.
No le concedo las cinco 🌟 porque algunos capítulos (hacia el final) se hacen pesados y bastante farragosos con excesivos textuales y fragmentos de documentos que lastran el frenético ritmo inicial.
Pero, sin duda, una lectura para conocer y no olvidar.