Un fotógrafo de pueblo le da su archivo analógico con retratos familiares reunidos durante años a un programador perturbado para que alimente a una IA generativa. Las animaciones resultantes de este proceso, una serie de videos sexuales elaborados sin consentimiento, tendrán consecuencias de un alcance mayor que los evidentes dilemas morales implicados en la circulación clandestina de contenido falso. La concatenación de fuerzas tecnológicas y esotéricas desatadas por ese episodio alterará de manera definitiva la realidad, al hacer ingresar al mundo entidades extrañas hechas de una sustancia que los investigadores llamarán “materia hipersticional” y que recuerdan a los hrönir, réplicas o duplicados de objetos y seres perdidos descritos por Jorge Luis Borges en su cuento “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”.
Al retomar las obsesiones que ocupaban el centro de su anterior novela, JuanMattio conforma una suerte de díptico en torno a la cultura digital, los territorios de la inteligencia artificial, la fragmentación de la memoria y las dinámicas oníricas. Si en MATERIALES PARA UNA PESADILLA ya daba cuenta de la fragilidad ontológica de lo real, en LA NACIÓN DE LOS SUEÑOS DIURNOS Mattio profundiza en la crisis del sistema de verdad del que hoy somos testigos y se atreve a imaginar el colapso metafísico y civilizatorio que presagia.
Juan Mattio nació en 1983 al oeste de la Provincia de Buenos Aires. Fue co-editor de la revista literaria “Juguetes Rabiosos”. Después tuvo un breve pero aleccionador paso por el periodismo policial y judicial. En el 2014 empezó a dar clases en la Facultad de Periodismo de la UNLP. Su novela “Tres veces luz” obtuvo una mención en el premio Casa de las Américas (Cuba) en 2015. Escribió a cuatro manos con Kike Ferrari “Punto ciego”, novela negra que fue editada por Vestales ese mismo año. Es hincha de Racing, le gusta la música de Tom Waits y la ética de Kafka. Vive, ama y escribe en Buenos Aires.
En una época en donde hay casi un fetiche por el argumento es refrescante poder encontrar libros que apuestan por otra cosa. Como dice Juan citando a Lucrecia Martell, llegará un día en el que la gente tenga más tiempo libre, es para ese momento para el que hago cine.
Como ya hace Juan en Materiales para una pesadilla, aquí no existen unos personajes principales como tal, sino más bien van apareciendo fragmentos que se articulan en torno a una anomalía. Es precisamente esta estructura, que rescata de "ciudades de la noche roja" de Burroughs, la que nos permite pensar un mundo-sin-nosotros. Uno de los temas principales de las novelas de Mattio, y del new weird en general, es el horror cósmico. Lo verdaderamente aterrador del mundo, como diria Fischer, no es que el mundo tenga un fallo o una anomalía sino darnos cuenta de nuestras limitaciones para comprenderlo. Así el terror cósmico no es solo algo externo sino algo que nos rompe por dentro. Pobre de nosotros que nos cremos amos y señores del mundo, capaces de dominar la naturaleza.
Ah bueno y ni siquiera he hablado de la hiperstición, uno de los conceptos más interantes para mi actualmente, que además es la pieza central del libro. La hiperstición, dicho rápido y mal, es la creación de realidad a partir de la difusión de ideas. Tampoco voy a entrar mucho en detalle porque es todo un tema que se escapa del alcance de esta humilde reseña. Si no lo conocéis y os interesa podéis leer mi artículo "Retrocausalidad, hiperstición y la guerra por imaginarse el futuro". En el libro las hipersticiones aparecen como anomalías que inundan la realidad ya sea por deseo o miedo de las ideas. El deseo de un perro por parte de un niño crearía así un perro hipersticional. Me parece brillante como no se queda en estas simples anomalías sino que aparecen niveles de aberración. Estos 4 niveles, a mi parecer, se asimilan a los 4 niveles de simulacro de Baudrillard. Si no lo conocéis recomiendo mucho buscar algún meme "4 levels of simulacra meme" donde se puede tener una pequeña concepción de esta idea y como poco a poco lo imaginario se convierte en más real que la propia realidad. Un ejemplo que me gusta mucho es como el meme de JD.Vance se hizo más popular que el propio JD.Vance. De manera que ya no es el meme que representa a un JD.Vance, sino que lo principal, lo hiperreal es el meme y JD.Vance solo un resquicio antiguo que no todos conocen.
Otro de los temas que atraviesan todo el libro es la desconfianza por el lenguaje, como decir algo no siempre clausura un significado sino que lo abre. En gran parte por que las palabras no vienen solas, sino con su historia y con la nuestra propia. Uno nunca es capaz de decir con exactitiud lo que piensa, el mot just es inalcanzable. El inconsciente imprime en las palabras un significado que se nos escapa. Para definir una palabra tenemos que utilizar otras, que a la vez neccesitan otras, que a la vez ... Juan refleja perfectamente esta angustia ante la incapacidad de comunicarse.
como dice otra reseña de goodreads, esto no es un libro, es otra cosa. la nación de los sueños diurnos es un rejunte de narraciones, testimonios, entrevistas, textos judiciales, notas periodisticas; un artefacto tan desordenado y fragmentado como el mundo que propone mattio en esta novela. no es de extrañar que uno de los principales elementos de la historia gire en torno a los hrönir, esos objetos imaginados por borges en tlön, uqbar, orbis tertius, un cuento donde la misma ficción termina por modificar la realidad.
Hacía falta un libro así en la actual literatura argentina (y en la actual literatura mundial, también); sí, hacía falta un libro que retrate la irrealidad desmesurada que invade desde hace rato la memoria y el tiempo.
Voy a empezar con lo negativo y me lo quito de encima. El orden de los capítulos se llega a sentir demasiado azaroso. Se nota que no pretende otra cosa, pero creo que se podría haber trabajado mejor en qué cantidad y de qué modo llega la información al lector de las diversas líneas de la novela. Por ejemplo, en uno de los últimos capítulos del desierto se empiezan a utilizar... definiciones, literalmente. ¿Por qué dejar eso para el final cuando ya es bastante inútil? Luego, hay cosas que aparecen en la sinopsis que no aparecen hasta la página 300. Se siente que nos tiramos la primera mitad e incluso los dos primeros tercios del libro masticando la misma información y esta empieza a llegar a borbotones hacia el final.
En ese sentido, hay una descompensación de las tramas. De hecho, el personaje de Darío Niza, que es prácticamente el protagonista en la sombra, queda muy desdibujado. Me he quedado con muchísimas ganas de saber más de él. En cambio, la del desierto me parecía demasiado grande para ser contada como está contada. Nunca he logrado hacer pie en ella y me interesa mucho menos.
Dicho esto, qué viaje. Cuesta hablar de esta novela. Está planteada con gran inteligencia: a través de un fenómeno weird puro (como dice mi colega del Mattioverso Hugo, las latinas están construyendo un Nuevo Gótico y los latinos un New New Weird) logra hablar de forma muy honda de nuestra realidad.
Y a Mattio le interesan tantas cosas que no quiere dejar ni una sin tocar. Lo digo para bien, es un gusto ver todos los temas que maneja y como los acopla a las diferentes voces. Cómo se mueve entre el informe médico, la reflexión y la acción. Su modo de narrar tranquilo, sin obsesión por la trama, pero sin abandonarla.
Este tipo está jugando a algo superior en cuanto a literatura y perdérselo o poner por delante sus asignaturas más flojas en un expediente de matrículas de honor es un tanto bobo. Una construcción admirable. Al hacer lo que hace también habla, claro, de literatura.
Reseñable cómo logra juntar todo lo que se propone, casi como reto y acaba, como buen «weirdista», atracando en Lovecraft.
De los autores más lúcidos que se me ocurren sin ser en absoluto discursivo, en el sentido de que plantea muchas más dudas que respuestas.
Este y Materiales para una pesadilla, recomendaciones totales. Me costaría elegir; este creo que es todavía más ambicioso y a cotas más altas que alcanza, más se notan sus defectos. Yo me leería los dos.
La premisa es interesante y la metáfora sobre la tecnología muy bien pensada. Si se mira cada capítulo por separado la verdad que está bastante bien escrito. Sin embargo, para mí la novela cojea al pretender que el único hilo conector sea descubrir qué está pasando. No hay personajes, el lector no desarrolla vínculo emocional con nadie, al autor no le interesa el desarrollo de ningún carácter, sólo la reconstrucción cacofónica de los hechos. Personalmente, esto me hizo sentir desconectado de la historia y cansado al leer ciertos capítulos que se sienten como puro relleno con ínfulas filosóficas. Lectura interesante por lo demás.
Decir que me encantó es quedarme corta. Una novela donde la tecnología deja de ser herramienta para convertirse en una fuerza capaz de alterar y meterse en nuestra realidad hasta desquebrajar lo cotidiano. Recomiendo mucho la experiencia de leer este librazo.