Dos hombres se conocen en una aplicación buscando sexo. Uno quiere infectarse de VIH; el otro está dispuesto a dárselo. Y lo que comienza como algo esporádico muta en una relación de pareja.
El relato teje una historia en la que lo cotidiano da paso a una red de mentiras, marcadas por el deseo y el miedo a la pérdida. Las palabras del narrador constituyen un ejercicio de honestidad tardío, que busca comprender y comprenderse, a la vez que conjuga universales como el duelo o la culpa. El libro calca «un dibujo a tinta negra» del amante, «olvidando que existen nubes y días claros». Y en ese dibujo, dialogan el arte y la literatura: elementos que, junto al recuerdo y la mala conciencia, plasman un retrato del presente.
Marcos Augusto compone en Te hice dios un debut provocador que aborda sin embudos la pulsión erótica y la decadencia del cuerpo, así como el uso que hacemos de las aplicaciones, la confianza que depositamos en la ciencia o el pensamiento mágico y, sobre todo, las mentiras sobre las que, a veces, se construyen las historias de amor.
Lo compré en la Feria del Libro de Madrid justo el día que se publicaba gracias a la recomendación de un conocido. Y menuda sorpresa. Menudo golpe a la línea de flotación de la literatura queer.
Sin ánimo de juzgar ni señalar ni hace pedagogía barata de asociación lgtbiq+, esta novela aborda uno de los grandes problemas que tiene la comunidad gay (pero no exclusivamente): sus dinámicas destructivas para con uno mismo y para con las personas con las que quedamos para mantener relaciones sexuales donde el placer y el morbo sustituyen a cualquier otro tipo de vinculación empática. Sexo, drogas, mentiras, dominación, poder y sida...
La historia de los dos protagonistas de esta novela, una historia de dependencia y amor muy gay, muy época aplicación de sexo expres, gira en torno a la obsesión por el sexo, el físico y el morbo. Pero, sobre todo, alrededor de una mentira dicha por el narrador para poseer al otro protagonista de la novela, el que más sufre por su falta de rumbo y orientación en la vida, por la falta de cariño que se intuye pero no se ve explícitamente.
Esta es una novela puramente queer en la que cualquier miembro del colectivo gay se va a ver reflejado directa o indirectamente. Y levantará ampollas quizá por el hecho de poner luz y taquígrafos a una realidad que callamos y asumimos, pero que, desde luego, no puede conllevar nada bueno. Y, aún así, es una novela para cualquier lector que va al grano y no divaga, que expone sin moralizar y que pone el foco en esas zonas de sombra a las que preferimos no mirar directamente.
¿Qué ha sido esto? ❤️🩹❤️🩹❤️🩹 Qué forma tan bella de narrar una historia de amor construida sobre mentiras y filias muy poco normativas. Un tema que yo personalmente desconocía (el bugchasing) y que me ha dejado completamente alucinado. Se mezclan además otros temas como el VIH, el sexo, la muerte, la culpa… El autor consigue darle forma a todo con una prosa tan lírica como cruda. Sin palabras. Me ha fascinado.
“Esa literatura con la que aliñabas tu vida en un intento de verbalizar la follada.”
“Todos estamos hechos un poco de vida y otro poco de muerte.”
«Cada persona elige su imagen del mundo a partir de las palabras que emplea».
Bastó con leer la sinopsis para añadir este libro a mi lista de pendientes. Por mi cumpleaños, aunque había dicho que no quería más libros, terminé pidiéndoselo a Jamie, y él, que sólo quiere verme feliz, me lo regaló. Dos semanas después, ya acabado, ¿ha cumplido con mis expectativas?
Si hay algo que, claramente, juega a favor de la novela debut de Marcos Augusto, es su premisa. La idea de explorar la relación entre dos personas —una busca el VIH; la otra promete dárselo—, con dinámicas tan tóxicas como peligrosas, resulta, sobre el papel (nunca mejor dicho), de lo más atractiva. A través de ellos, asistimos a una espiral de autodestrucción, al ocaso de una relación cuyos cimientos se levantaron sobre la inestabilidad. Y bien sabe Dios, en quien yo no creo, que nada bueno sale de ello.
La novela también incorpora un interesante componente divulgativo. El autor aprovecha la historia para explicar conceptos como el bugchasing, el giftgiver o la PrEP. Todos ellos se introducen con naturalidad y resultan especialmente útiles para quienes buscan un primer acercamiento a prácticas muy extendidas en aplicaciones de sexo como Grindr.
A pesar de ese atractivo, «Te hice dios» no ha sido para mí. La principal razón es que siento que la sinopsis no refleja el tipo de libro que realmente es. Quien se acerque a la novela lo hará pensando que encontrará la historia entre una persona que busca el VIH y otra que promete dárselo. Y, aunque esa relación existe, el libro acaba siendo otra cosa. En realidad, adopta la forma de una carta, una confesión con la que el narrador intenta ordenar sus pensamientos. Ahí reside, para mí, su principal problema.
Al depositar toda la voz en un personaje que trata de confesarse y, quizá, de redimirse, el relato termina resultando caótico. Desde el principio queda claro que sólo vamos a conocer la cara más oscura de la historia, pero no he tenido la sensación de que avanzara hacia un lugar concreto. Los constantes saltos temporales y algunos capítulos que se alejan del conflicto principal acaban diluyendo el foco.
Tampoco he terminado de conectar con el lenguaje. Me ha parecido demasiado coloquial y poco cuidado, hasta el punto de transmitir la sensación de que el texto necesitaba una edición más rigurosa (aunque, probablemente, no sea así). Aunque entiendo que responde a la voz del narrador, en mi caso, no ha conseguido que la lectura fluyera.
Mi conclusión es que es una novela con una premisa fascinante y una voluntad evidente de explorar temas poco transitados en la literatura. Sin embargo, la forma en que decide contarlos ha terminado alejándome más de lo que me ha acercado. Me quedo con las preguntas que plantea y con su componente divulgativo, pero no con la historia que esperaba encontrar.
1. La práctica del bugchasing. No digo que no haya existido, pero que el autor explota el morbo y distorsiona la realidad es evidente.
2. La moralidad con la que habla del cruising, las saunas, los chills o directamente el sexo casual (asociándolo muchas veces al bugchasing), que no falte en pleno siglo XXI. Ojo, cuando menciono los chills no le quito importancia al problema del chemsex, sino todo lo contrario. Pero una cosa es hablar de una práctica asociada a un problema de salud y otra meter en el mismo saco cualquier forma de sexo casual.
3. Menciona también el fracaso farmacológico de los antirretrovirales. Teniendo en cuenta que está ambientado en 2019 en España, estaríamos hablando de un caso muy muy excepcional. Si a ello le sumamos el bugchasing... Creo que es más fácil encontrar un perro verde.
4. La comparación que hace entre el cáncer y el VIH es sangrante. "Pero el cáncer es otra cosa". Lo dice de manera muy sutil, pero el mensaje que subyace es bastante claro: el cáncer te ha tocado; el VIH "te lo has buscado tú".
5. Romantiza hasta la saciedad los comienzos de la epidemia y el drama que fue el virus hasta hace escasos 30 años, el morbo le ha podido.
Como nota final, me ha parecido un libro violento, tanto en lo que dice como en lo que da a entender.
uno de los libros más duros que he leído. ha habido momentos en los que he tenido que parar de leer porque lo que cuenta se sentía demasiado cercano. no me esperaba la crudeza de sus palabras ni la forma en la que se adentra en uno de los grandes estigmas que todavía sobrevuelan la comunidad lgtbiq+.
es de esos libros que acabas destrozado, pero también con una mirada diferente, con cosas en las que pensar y una nueva perspectiva sobre una realidad que muchas veces preferimos no mirar de frente.
La verdad no se, entiendo que es ficción y que no necesariamente tenga un mensaje para dar ¿pero sin embargo lo da? La "mentira" del protagonista es bastante absurda para todo lo que cuenta la historia, realmente no se entiende no ser descubierto. Mete un personaje de la nada en un momento. El otro chico es un capítulo es de tal forma y al siguiente capítulo de otra, capto la dualidad, pero son incompatibles porque el mismo texto las vuelve así. No se si me gustan algunos términos a los que se hace referencia respecto al vih sida. Que se yo, por momentos creo que el autor busca shockear (lo logra) más que poner sobre la mesa un tema bastante complicado.
tiene guasa citar "La enfermedad y sus metáforas" en la primera página de un libro que no dejará de referirse a la enfermedad en términos bélicos, de invasión, de putrefacción, de monstruosidad... los mismos que Sontag criticaba. no considero que esta sea una novela deshonesta, pero ya solo partiendo de aquí es, quizá, algo corta de miras.
es una buena historia si la tomas como solo eso, una historia, y tiene una prosa preciosa y un ritmo rápido que a ratos recuerda a The Sluts por intercalar cortos dialogos en las apps. sin embargo me parece que no se puede obviar el tinte moralista que permea toda la novela, las situaciones extremas a la cautionary-tale a las que somete a su co-protagonista. miramos el mundo del chill, del bareback y del bugchasing desde fuera, en una segunda persona que está a todo momento consternada, y que dice no juzgar a su compañero, pero sí que lo juzga.
me parece un retrato superficial y aleccionador de lo que son subculturas extensísimas (en lo temporal, entiendase) que se cimentan en muchas cosas diferentes y que aquí quedan deshumanizadas. se aplana y se pierden los matices en pos de lo mórbido y del shock value, de un breve tour por lo torcido para el público generalista. ¿se supone que me tiene que resultar impactante? parte del atractivo de la novela recae en el tabú, en su forma de mirar de cerca lo moralmente reprochable. somos poco generosos con el deseo disidente, siempre buscando un por qué, siempre un "víctima de si mismo", historietas de muñequitos rotos. el debate, pienso, está en otro lado.
He de decir que he aprendido muchísimos conceptos de los que era desconocedora, véase aquí; bugchaser, giftgiver, barebacking, PrEP, “el bicho” (pensaba que solo podía ser Cristiano Ronaldo, que equivocada estaba… Perdón por mencionar a un futbolista en una reseña, tremendamente impropio de mi).
También me llama la atención la manera egosintónica que tiene de narrar la parafilia, creo que refleja muy bien la percepción y creencias de las personas que las sufren.
Sin embargo, es un libro que me ha incomodado mucho, he sentido impotencia y si me diesen la opción de leerlo ahora que sé de qué trata, seguramente no lo haría (tengo un mal cuerpo que para que te cuento y aunque comprendo la figura de Joaquín me ha generado muchísima tristeza la situación en la que ha aparecido).
Me hubiese gustado que se reflejase mejor la historia de amor entre ambos (a lo mejor no ha sido así de manera intencionada), siento que fuerzan a que haya una persona que sufra por el que tiene la enfermedad cuando en parte, ha sido el primer conocedor y no ha hecho nada por evitarlo (cosa de la que se culpa), solo había pasividad. Me ha frustrado más él que el enfermo. Agradezco que vaya a terapia.
Si Dennis Cooper es tan excesivo y macabro que, por momentos, acaba siendo hasta cómico —y ese humor negrísimo te da un pequeño respiro para seguir leyendo—, Marcos Augusto hace justo lo contrario. En Te hice Dios no hay tregua. Todo es una bomba de ansiedad y confusión contado desde una frialdad y una normalizacion de la situación que no afloja en ningún momento.
[COMENTÁRIO] ⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️ "Te hice dios" de Marcos Augusto A premissa deste livro é deliberadamente chocante: dois homens encontram-se numa aplicação de engate, de sexo casual; um deles deseja infectar-se com VIH, o outro promete dar-lho. E sei que muitos de vós acabaram de se espantar... O que começa como um encontro esporádico transforma-se – pouco a pouco - em relação de casal, e o que se segue é uma teia de mentiras tecida pelo desejo e pelo medo da perda. O relato é construído num tom epistolar, na segunda pessoa do singular, um recurso que força o leitor a habitar o lugar do amante ausente ou perdido. Neste tom o livro dialoga com toda uma tradição de escrita do luto amoroso em segunda pessoa, com essa sensação de perda e ausência. Entre os seus leitores este livro marca pelo cruzamento entre a formação poética do autor e a matéria narrativa: a prosa aplica o ritmo e a aura da poesia a uma precisão psicológica e atmosférica que muitos críticos qualificam de admirável. E que a mim, enquanto leitor me facinou. A comparação recorrente nos media — um novo Gil de Biedma que descobrisse que o Grindr, a vida e a morte "vão os três a sério" — é reveladora: situa o livro na linhagem de uma poesia da experiência convertida agora em prosa do corpo doente e desejante, uma elegância que reside precisamente em "sujar as mãos". Para além da história de amor e engano, o livro tece nele as leituras do próprio narrador – mormente pensando literatura e a arte como matéria de partilha - e aborda a decadência do corpo, e sobretudo as mentiras sobre as quais por vezes se erguem as histórias de amor e de desejo. Se a premissa tão radical - o desejo de contágio como fundamento de uma relação amorosa – pode fazer a obra deslizar para o sensacionalismo ou para uma exploração meramente chocante do tema. É certo que irá chocar muitos leitores mais conservadores, mas o texto tem uma elegância e um cuidado que tornam a sua leitura num exercício de reflexão sobre o luto, sobre a confiança nas relações amorosas e o cuidado como expressão primeira do amor.
3'75/5 Cando o collín, só tiña unha vaga idea do que iba grazas a algún comentario de tiktok recomendándoo, sen máis detalle nen profundidade. Animeime a lelo porque estaba na sección de novidades LGTB da biblioteca, soábame o nome e quería mergullarme no tema, así que collino prestado. Entenderedes a miña sorpresa ao descubrir que trataba un tema tan cancelable e quizais desagradable a ollos da sociedade "normal" como o ser bugchaser, giftgiver e demais xerga arredor das prácticas que ensalzan o VIH. Debo recoñecer que, como tema principal, causoume moito rechazo nun principio. Descoñecía que esa práctica existise sequera e costoume crelo, porque me resulta tan antinatural perseguir con empeño unha enfermidade que pode chegar a volverse tan grave e letal como o é o VIH e despois o SIDA... Non entendín en ningún momento a Pedro, nen tampouco ao seu mozo, pero grazas á forma na que está narrada a historia puiden empatizar con ambos. Sentir a desesperación de querer a alguén que quere destruirse e que está disposto a todo por logralo e logo ver como se consume pouco a pouco ata que xa non queda nada caloume ata os ósos. Crudo como si solo. Pero tamén esa ansia de Pedro de querer tanto algo que os demais non entenden e que te queima por dentro, que se che vai a vida se non o consigues. Son as dúas caras dunha mesma moeda. Como resumo, por favor, sexo seguro e vacinas. E psicólogos. Moitos psicólogos.
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És una novel·la molt íntima, gairebé confessional, escrita des d’un lloc molt vulnerable i fosc. Em va sorprendre molt al principi i em va tenir completament enganxat.
A estones té alguna cosa d’assaig, per tota la informació que va incorporant, però funciona sobretot com el relat d’algú que intenta ordenar i entendre el que ha viscut. Potser per això també he trobat a faltar conèixer una mica més el personatge més enllà d’aquest costat fosc, tot i que el mateix narrador deixa clar des del principi que no és això el que vol explicar.
El meu principal problema ha sigut amb el tram final. El que al principi em tenia totalment atrapat es va anar diluint i les últimes pàgines se m’han fet massa llargues, com si la novel·la s’anés estirant quan, per mi, ja havia dit pràcticament tot el que havia de dir. Tot i així, ha estat una lectura inesperada, incòmoda i molt interessant.
Te Hice Dios no es una novela sobre el VIH, es una confesión por una mentira demasiado alargada en el tiempo. Escrito en segunda persona y con palpable cariño en sus descripciones; muestra remordimiento y confusión, dejando de lado los prejuicios. Con una voz cercana, humilde e inocente (a pesar del vocabulario soez) Augusto pone el foco en algunas de las dinámicas insalubres de la narrativa gay actual, la epidemia del Grinder y la inseparable relación con la salud mental. Usando términos como "barebacking", "bugchaser" y "giftgiver", escribe una carta de disculpa que funciona casi como una charla haciéndole de psicóloga a tu amigo.
¿Alguna vez te has descubierto pensando algo que jamás reconocerías a nadie? Un pequeño gesto, una decisión, una idea, una vergüenza. El autor te da la mano, universaliza tu secreto y te hunde en unas arenas movedizas. Cuando tu cuerpo deja de relampaguear para salir a flote y se relaja, te abraza. Pero no por mucho tiempo.
Una ventanita al colectivo G sin demasiados bozales morales. Necesaria. Nunca hay que tener miedo al debate, yo aún sigo procesando el enfoque, sin una opinión clara. Ahí radica, en mi opinión, la luz del libro. En sacudir la homofobia interiorizada (de la que no se habla pero -creo- recorre la obra), en el análisis de la tensión entre eros y tanatos, en la necesidad de romper el corsé de la heteronorma -de forma violenta, radical, letal-, en la confrontación del peligro que supone construir una identidad G individualista desde la otredad y la necesidad de pertenencia, en el tenso equilibrio entre decisión y consecuencia. En la no aceptación de la reducción del espacio vital. En la denuncia de la serofobia. Y en la comprensión de las dinámicas que nos aniquilan. Maricón, léelo y hablamos.
No se que opinión tener sobre este libro. Habla sobre un tema que me ha parecido muy interesante y que nunca había visto en otros libros, pero también creo que lo podía haber aprovechado mucho mejor. En algunos momentos la historia se vuelve muy cíclica y repetitiva y no llegas a conocer ni empatizar con los personajes.
“ Todos estamos hechos un poco de vida y otro poco de muerte.”
“El problema no era el sexo, sino la pulsión que sentías hacia la autodestrucción.”
Le pongo un 4,5! No conocía nada sobre los bugchasers y me he quedado loca. Pero el libro no habla solo de eso. Ponerte en la piel de una persona que ama a otra a pesar de todo, a pesar de los defectos, las mentiras, capaz de mentirle para que se quede, para que te quiera, para estar juntos. Uf todo ha sido un descubrimiento y cómo está escrito, esa incomodidad que produce, ese explicitud, la forma de narrarlo... Muy top.
La vida contándole a la muerte sus mentiras: Quería dejar de leer y no podía, es que no podía. Hay escrituras sobre el duelo que matan y otras que te rematan.
Una historia sobre lo más bajo del mundillo homosexual, con todo el vicio y morbo elevado al cuadrado. La manera de escribir del autor es simplemente exquisita (aunque a veces se escapen puntos ordinariamente gratuitos e innecesarios). La historia deja sobre papel un estereotipo de los hombres homosexuales que, por mucho que quisiera, no es ficción en absoluto. Una historia que cualquier lector/a con amigos maricas habrá sufrido y escuchado: gente enganchada a alas drogas y fiestas para dejar vía libre a cualquier perversión que se te pase por la cabeza. Amigos que no son capaces de salir de ese agujero negro. Me sorprendió descubrir vocabulario y prácticas que desconocía que existían, y a la vez me hizo odiar el colectivo del que formo parte. Un libro sobre una relación tóxica (en todos los sentidos) que a veces peca de ser demasiado básica y que deja un mal cuerpo duro y hardcore.
La historia es original pero me ha mantenido indignada el 100% de la lectura. 1. la romantización total y absoluta que hace de follar sin condón... es para flipar. 2. Increíble el trato al enfermo (terrible), la mentira constante, la infantilización, y hablar todo el rato en clave de lucha. 3. Contradicciones claras que no mencionaré por no hacer spoiler pero básicamente se criminaliza a la ciencia ("la ciencia te ha fallado") cuando no es así. y bueno, ya como último aunque la culpa no la tiene el libro; menuda vergüenza que haya medicación para que los tíos sean, lo que son siempre en el sexo (generalizo obviamente) unos irresponsables, y las mujeres no tengamos, ya no hablo ni de tratamiento digno, sino de forma digna de diagnosticar enfermedades como la endometriosis. Es una maldita vergüenza.
ESTO LO LEÍ HACE YA. No lo tenía actualizado? Hmmm Bueno. Qué sé yo. Cita con la muerte y uno siempre llega tarde. Es un libro curioso, distinto en parte. Porque realmente no sé quién ha perdido y qué (obviando lo que sucede en la novela no?), me gustó mucho, para ser cortito así muy bueno
No es que no hubiera escuchado antes sobre esos hombres homosexuales que, por alguna razón, intentan contagiarse de VIH a propósito, lo buscan, lo desean, lo persiguen incansables hasta que al fin, inevitablemente, lo consiguen… y lo transmiten luego a otros, de cuando en cuando de forma clandestina (sin informar al otro), pero casi siempre de forma abierta y con justo ese propósito. No sé por qué.
No lo entendía antes de leer este libro y sigo sin entenderlo, quizás porque la perspectiva de la narración proviene enteramente de una voz externa, muy cercana al bugchaser de quien se ha prendado, sí, pero externa a él de todos modos, y que, no obstante todas las experiencias vividas juntos, el intentar entenderlo y no culparlo, a final de cuentas es incapaz de comprender por qué, como nosotros.
Siendo una especie de carta de amor y de despedida, de un narrador que siente como tantos otros una pesada culpa ante la muerte del ser amado, bien poco se nos dice en realidad de Pedro, el chico alegre, ligero y empedernido bugchaser que, un buen día, al fin obtiene lo que desea y, como en un cuento con moraleja, obtiene justo lo que desea.
Sin duda el morbo por el riesgo, el peligro, la enfermedad, la muerte, va mucho más allá de un deseo de exprimir la vida al máximo y, al igual que al narrador, nos va quedando más o menos claro que algo dentro de Pedro está “roto”, él mismo lo está y seguramente lo estuvo desde mucho tiempo atrás de conocer —por una pedestre aplicación de citas gays— al narrador, pero, de nuevo, nada se nos dice de cómo o porqué, no hay historia familiar, no hay anécdota macabra o terrible que contar, no hay voz interna, su pasado o aquello que pudo haberlo llevado a buscar “el bicho” de forma maniaca son cosas que no están en la narración. Y sólo queda suponer.
Será una forma extrema de afrontar y recibir de una vez el daño de lo que tanto espanta (amenazante) en cada nuevo encuentro, o una desesperada respuesta ante el sinsentido del mundo, su vacuidad y sus miserias, el no-futuro, o quizá una forma infantil-perversa de autocastigarse para dañar a otros, como hace el niño abandonado y desprovisto de cariño.
No lo sé. No lo supo tampoco el narrador del cuento, y lo que queda es sólo la perenne incomprensión, nuestra infranqueable incapacidad de conocer realmente al otro-cualquiera, y que cuando es amado y luego muere deja tras de sí la insatisfacción de lo no dicho y lo no hecho en quienes, dado que el mundo sigue dando vueltas, sobrevivimos aún sobre la tierra.
Eso, y la desolación de la cruda enfermedad que todo se lleva, que no respeta nada y se cobra con creces los placeres de la carne, tan efímeros, tan intensos, tan arteros, pues aquí no hay romance alguno ni siquiera como pretexto, es sólo sexo, sexo y luego más sexo, crudo y sin tapujos, sin complicaciones, sin trabas ni recatos, sólo por el sexo mismo, implique lo que eso implique.
Este fue el segundo libro que leí para mi club de lectura, y con todo y hacerme sentir incómoda en no pocas ocasiones, me lo leí de una sola sentada, intrigada por ese mundo tan lejano del mío, y que es no obstante el mismo donde habito, con gente de carne, sangre y huesos como los míos, que anda por ahí.
Una historia dura pero bella que entrelaza el deseo extremo, el duelo y la crudeza de la intimidad contemporánea.
El libro aborda la compleja relación de dos hombres que se conocen en un chat de contactos sexuales donde uno le pide al otro que lo infecte de VIH y el otro promete dárselo. A partir de ahí, la obra explora temas como la decadencia del cuerpo, la confianza en la ciencia y las mentiras sobre las que se construyen las relaciones de pareja.
Con el ritmo de un diario libérrimo, el narrador nos cuenta las dinámicas que tiene con su pareja: tóxicas, peligrosas y hasta censurables. Ambos se necesitan tanto como se autodestruyen, y tal vez sea por los cimientos sobre los que construyeron su relación: la mentira y la inestabilidad.
Es un libro crudo, guarro, loco y desgarrador. Con una prosa poética que te incita a seguir leyendo a pesar de estar rompiéndote un poquito con cada capítulo. Es imposible de soltar. Sumamente vertiginoso, adictivo, obsesivo y atrapante. Peligroso.
En resumen: este libro nos narra de manera oscura y a bocajarro el deseo, el duelo, la pérdida, la insatisfacción y el anhelo.
Durante la narrativa, el autor aprovecha para explicar el significado de algunos conceptos dentro del mundo queer como el bugchasing, el giftgiver o la PrEP, especialmente útiles para quienes buscan un acercamiento a prácticas extendidas en aplicaciones de sexo como Grindr.
«...el amor y la preocupación nunca son anónimos».
«...los años se miden en ruido y tú habías dejado de soñar».
dos hombres chatean por grindr. uno busca contagiarse de vih. el otro promete dárselo. y algo que no parecería ser más que un encuentro fetichizado termina convirtiéndose en una historia de amor.
"ufff" fué mi primera reacción al leer la contraportada del asombroso debut en la novela de marcos augusto. "ufff" ha sido también mi primera reacción al terminarla en una sola mañana. misma onomatopeya, sí, pero emociones muy distintas detrás de cada una. porque "te hice dios" empieza en un punto turbio y de ahí no hace más que ir cuesta abajo y sin frenos pero tratando a sus protagonistas con una humanidad y una falta de condescendencia que aleja la historia de cualquier atisbo de pornografía emocional. sí, augusto se mete de lleno en el campo de una fetichización provocadora pero su espectacular forma de escribir —una prosa formidable en la que se nota su recorrido previo por la poesía— disecciona un segmento concreto de la sexualidad homosexual masculina para, poco a poco, terminar hablándonos de los puntales que alimentan cualquier vínculo emocional importante, independientemente de lo normativo de su origen y cláusulas relacionales. es precisamente a partir de su tercio final cuando la novela despliega todo su potencial y, con una sensibilidad que, por momentos, me ha hecho pensar en philippe besson, termina tejiendo un complejo mapa de vida, deseo, muerte y mentira del que es imposible salir igual que cuando empezaste. tremendo.