Me tardé más de lo esperado con este libro porque estaba a final de semestre. La verdad es que me siento ligeramente decepcionado, porque recuerdo la grata sorpresa que fue leer a Nietzche, o el arduo trabajo de leer a Kant; en este caso, estaba muy emocionado por leer a San Agustín pero encontré un trabajo, creo yo, viciado. El autor continuamente demeritaba la obra de San Agustín, la criticaba y ridiculizaba (a diferencia del objetivo pero que venía en la edición de Platón). Esperaba leer más de su teología, pero la información me pareció algo escueta, insulsa, sin sentido y poco sistemática (eso sí ocurre de igual manera en Aristóteles). Lo único es que espero poder leer más de San Agustín pronto.