Este es el primer libro de Mariano Ovejero, y es un debut que me encantó.
Sus cuentos navegan por diferentes mundos y ambiciones, con un despliegue de personajes tan diverso que atrapa desde la primera página. Hay juegos sobre el futuro y mucha nostalgia, costumbrismo, humor, amor, desamor y algunas escenas macabras que siempre vienen bien. Caminos que se bifurcan, diferentes tipos de huida obedeciendo a un deseo de escapar, escenas familiares que descubren lo lindo en lo cotidiano y también ayudan a enfrentar lo que no queremos mirar.
Son cuentos cortos en los que la lectura de uno te lleva al otro, como empezar a comer pochoclos: una actividad divina que no querés que termine. Lo estiré para ir descubriéndolo a lo largo de varias semanas. Fui dosificando los relatos, frenándome, y, en cambio, me fui sumergiendo en este mundo que Oveja construyó para nosotros, sus lectores.
Me gusta pensar en este libro como el regalo perfecto para incentivar la lectura, para destrabarse, para enamorarse de los cuentos. Anima a leer, a asomar la cabeza, también a escribir. Para quienes buscan relatos breves, accesibles, con finales que sorprenden con una sensibilidad muy particular.
Espero (me encantaría) que le sigan muchos libros más.