Pedro Santacruz Castro, nacido en diciembre de 1940 en Ahuachapán, hace un recorrido por su prolongada y sacrificada trayectoria revolucionaria, que inicia el año 1958, cuando se organiza en la Unión Nacional de Estudiantes de Educación Media, UNEEM. Posteriormente, en 1959 pasa a formar parte de la Vanguardia de la Juventud Salvadoreña, VJS, antecedente de la Juventud Comunista, JCS, junto con Lico Baires, Armando Herrera, Ricardo Castro Rivas y Rafael Aguiñada Carranza. Es en las filas de esta organización que participa en la marcha de octubre de 1960 que exigió la salida de la cárcel de Roque Dalton y logró la liberación de los presos políticos. Recuerda que Roque salió “todo seco, peludo, con la ropa sucia, pero lo llevamos en hombros”. Y luego aborda las luchas electorales y sindicales de los años setenta, su participación en los años ochenta en las Fuerzas Armadas de Liberación, FAL del PCS, su captura y otras experiencias. Este testimonio con valiosa información es uno más que surge de la necesidad de documentar y procesar los traumas colectivos y personales vividos por Pedro Santacruz junto a grandes camaradas, compañeros de trabajo, amigos personales y la querida familia, de la que debido a su compromiso político-militar, y para seguridad de ellos tuvo obligado que separarse. Esta obra ya forma parte del rescate de la “cultura de la memoria histórica salvadoreña”.
Pedro Santacruz Castro nació en 1940 en una zona rural y empobrecida del departamento de Ahuachapán, al occidente de El Salvador, y ha tenido una vida de activa militancia comunista que lo llevó a estrechar la mano del Che Guevara, a vivir en países como Cuba, Vietnam o Libia y a formar parte —desde una escogida segunda fila— del Partido Comunista de El Salvador antes, durante y después de la guerra civil. Comió gatos en los cerros de San Pedro, amputó pies y brazos, extrajo cordales con instrumental precario y manejó un tanque M4 Sherman. Este libro autobiográfico podría haber dado para más, pero da lo suficiente, al menos para un devorador de la historia —de la macro y de la micro— como yo. Si cojeás del mismo pie —es decir, si disfrutás las historias donde la gran Historia se mezcla con la intemperie cotidiana— probablemente este libro también sea para vos, y me atrevo a recomendártelo.