Este es uno de los libros de mindfulness que me han resultado más interesantes e incluso amenos de leer. La mayoría de los consejos que da la autora son pertinentes y útiles para resolver gran cantidad de situaciones que surgen diariamente en el trato con adolescentes. Y, sin embargo...
Empecemos por el elefante en la habitación: ¿qué formación tiene esta señora? La información que he encontrado sobre ella en internet parece deliberadamente vaga: «terapeuta». ¿Y ya? Me parece claro que la experiencia es un grado, pero también lo es la formación académica, y me da la sensación de que esta señora tiene cero. Además, si es cierto lo que afirma (a saber: que todos los ejemplos que expone en el libro están extraídos de la vida real), en Holanda tienen serios problemas con temas como la pederastia (en uno de los textos aparece una niña de 13 años que tiene un novio de ¡¡22!!, y a su madre le parece bien siempre que no duerma en casa de este) y lo que se debe o no permitir a un adolescente (la propia autora deja que su hija de 17 años se vaya a África a trabajar con niños enfermos de SIDA, lo que me parecería muy loable en una persona mayor de edad, pero no en una adolescente).
En segundo lugar: el uso del fatídico término «coach». ¿Qué demonios es un coach? Pues, básicamente un tiparraco (o una tiparraca, da igual), sin ninguna formación real, salvo en la siempre socorrida (a la par que risible) «universidad de la vida», que gana pasta a costa de ingenuos. Así de claro. A mí me interesa el mindfulness como docente y padre, pero no para sacarles el dinero a los crédulos. Lamento ser tan claro, pero esta es la impresión que tengo de estos personajes que últimamente proliferan como setas. No me merecen más respeto que los youtubers, los influencers y demás lacras contemporáneas.
Y, por último, la edición en español es horrible, plagada de erratas y faltas de ortografía. La concordancia del verbo impersonal «haber» con el complemento directo me parece una atrocidad en alguien que se atreve a traducir un libro. Y esa es solo la punta del iceberg: por poner un ejemplo, el puñetero CD que se incluye con el volumen no sirve para nada. ¿Quién diablos tiene hoy en día un lector de CDs? Un código QR habría sido una solución infinitamente mejor. Por suerte, las meditaciones para adultos están todas en internet (pero no en el canal de la editorial, que conste). En cuanto a las dirigidas a adolescentes, en el libro se afirma que están en la página web de Kairós, pero yo no las he podido encontrar por más que las he buscado. En fin, un desastre.
Sin embargo, y pese a todo, recomiendo el libro. Como ya he dicho, resulta interesante, ameno y aplicable a la realidad, al menos en buena parte. En mi opinión, sus virtudes superan ampliamente a sus defectos.