Este volumen reúne tres de los libros de cuentos que Thomas Hardy publicó en vida Cuentos de Wessex, Pequeñas ironías de la vida y Un hombre cambiado y otros relatos. Muchos de ellos inéditos en español, y por primera vez juntos, cuentan con traducciones de Catalina Martínez Muñoz, Javier Marías, Carlos Mayor, José Luis López Muñoz y Marta Salís.
Los Cuentos de Thomas Hardy son un auténtico compendio de maestría narrativa, presentación de personajes, inventiva y manejo de la trama. Inspirados en su mayoría por la tradición oral, figuran entre ellos leyendas históricas, relatos con elementos fantásticos algunos próximos al género gótico y otros al cuento de hadas, cuentos de ingenio y astucia al estilo bocacciano, y dramáticas historias de desarraigo y deseo de instrucción. Sus héroes pertenecen a veces a la tradición romántica fugitivos, contrabandistas, húsares, ausentes reaparecidos, caballeros melancólicos, cónyuges arrepentidos y sus heroínas se debaten entre seguir mecánicamente el camino que les «ha tocado en suerte» y «pensar que el camino que uno no tomó habría sido el mejor». Parejas que nunca se unirán, por caprichos del carácter y del destino, protagonizan anécdotas trágicas o enredos de comedia shakes-peareana repletos de divertidos equívocos y suplantaciones.
Thomas Hardy, OM, was an English author of the naturalist movement, although in several poems he displays elements of the previous romantic and enlightenment periods of literature, such as his fascination with the supernatural. He regarded himself primarily as a poet and composed novels mainly for financial gain.
The bulk of his work, set mainly in the semi-fictional land of Wessex, delineates characters struggling against their passions and circumstances. Hardy's poetry, first published in his 50s, has come to be as well regarded as his novels, especially after The Movement of the 1950s and 1960s.
The term cliffhanger is considered to have originated with Thomas Hardy's serial novel A Pair of Blue Eyes in 1873. In the novel, Hardy chose to leave one of his protagonists, Knight, literally hanging off a cliff staring into the stony eyes of a trilobite embedded in the rock that has been dead for millions of years. This became the archetypal — and literal — cliff-hanger of Victorian prose.