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208 pages, ebook
First published August 29, 1990
How small, of all that human hearts endure,Although Judith Shklar disagrees with Doctor Johnson's couplet, it could work as an epigraph for this book. Shklar's colleagues at Harvard, Rawls and Nozick, had written books in the 1970s describing duelling theories of "justice" from first principles. This book takes on injustice, based on the idea that it is not just the complement of justice, but a vast, untameable domain worthy of individual discussion. (This slim adaptation of Shklar's 1988 Storrs Lecture in Jurisprudence is a much easier read than either of them.)
That part which laws or kings can cause or cure?
...las teorías de la justicia tal y como han sido desarrolladas de Platón a Rawls no abarcan todas las dimensiones de lo que se supone es su opuesto, la injusticia.En cierto modo, Shklar sigue a Platón quién, según Wikipedia, afirma en Critón que no sabe lo que es justicia, pero sí qué es injusticia. Cierto es que si consideramos a la injusticia lo contrario de la justicia, las teorías de justicia quedan cortas al definir la injusticia como lo contrario de la armonía social (Platón), dar a cada quien lo que le corresponde (Aristóteles), tener derechos naturales (Tomás de Aquino), maximizar la utilidad agregada (utilitaristas), por citar sólo tres teorías. Shklar decide analizar la injusticia y para ello comienza por preguntar ¿realmente sabemos qué es injusticia?
[D]efinir lo justo en abstracto no da cuenta de la multiplicidad de matrices de la psicología moral de la injusticia. Nuestra concepción de la justicia, tal y como la trasladamos al orden institucional, resulta abstracta, general, impersonal: nuestra experiencia de la injusticia, por el contrario, es inmediata, específica, directa, emocional.En el capítulo dedicado al sentimiento de injusticia Shklar escribe capítulos sobre el sentido democrático de la injusticia, la relación entre la sed de venganza y el sentimiento de injusticia, por qué la justicia pública genera insatisfacción y descontento en las víctimas, lo ofensivo e injusto que puede resultar el trato dado por funcionarios públicos al público, lo inevitable de suscitar sentimientos de injusticia al promulgar nuevas leyes o normas, lo muy injusto que puede sentirse usar loterías y el azar como mecanismo de distribución de bienes escasos. En relación a este último punto, la autora atiende la pregunta ¿decidir por el azar es un procedimiento justo?
Después de todo, no creen, como los griegos que sean los dioses los que deciden. Simplemente lo dejan al puro azar para evitar el conflicto y la discusión. No les preocupa evitar en la medida de lo posible un resultado injusto. […] La relación de la injusticia con la indiferencia también pasa por ser una forma de fraude, pues desde el principio hay un rechazo a considerar todos los hechos relevantesShklar ilustra muchas de sus ideas con casos llamativos, precisos y muy legibles tomados de juicios reales y de la literatura.
[...]
Pese a toda su aparente justicia, las loterías son profundamente fatalistas; tratan de rodear o sortean, nunca mejor dicho, las incertidumbres asociadas al ejercicio de la deliberación y del voto. Es verdad que también a la gente no parece gustarle el recurso a la lotería cuando lo que hay que distribuir es algo importante.
Todos los agentes públicos se parecen en un aspecto: todos ellos tienen un dilatado acervo de excusas para los resentimientos que generan. Esta lista es demasiada conocida para ser reproducida aquí, pero se puede decir que todas ellas habitualmente son invocaciones a las circunstancias, a un error inevitable o simplemente un ejercicio de pasar la culpa a otro. La necesidad parece cercarles por todas partes cuando se les pide que afronten las injusticias de las que son directa o pasivamente responsables.En este sentido puede resultar muy interesante consultar los trabajos asociados al enfoque de Innovación Responsable desarrollado en la Unión Europea desde hace más de una década. De hecho, sorprendentemente Shklar trabaja muy poco la relación entre injusticia y faltas o fallas de responsabilidad individual y colectiva, así como la injusticia como fallas en el reconocimiento recíproco entre personas. Aún así, es sorprendente la extensión del terreno que cubre la autora en un libro mucho más breve y elegante de lo que pudiera dar a entender esta reseña.