Una joven llamada Dulcenombre sufre delirios místicos a ojos de los psiquiatras. La aparición de un estigma en su cuello parece darle la razón. Pero en lugar de convertirse en una elegida de Dios podría estar convirtiéndose en algo mucho más oscuro.
Dulcenombre ha sido una de esas lecturas que no te dejan indiferente. Sigo pensando en él, en su protagonista y en algunas de las imágenes que construye Marina Arrabal a lo largo de la novela.
La historia sigue a Dulcenombre, una joven profundamente marcada por la fe católica que vive aislada del mundo tras la muerte de su madre. Cuando comienzan a aparecer unas extrañas marcas en su cuello, interpreta que pueden ser una señal divina relacionada con el destino que lleva años esperando. A partir de ahí, la novela alterna entre el presente y una serie de grabaciones que realiza para su psiquiatra, a través de las cuales va reconstruyendo episodios de su infancia y adolescencia. Poco a poco vamos conociendo su historia, su entorno familiar y las experiencias que han moldeado su forma de entender el mundo.
Lo que más me ha gustado ha sido, sin duda, la construcción de Dulcenombre. Es un personaje que despierta muchas emociones a la vez. Por momentos resulta entrañable por su ingenuidad, mientras que en otros genera una enorme inquietud. Me ha parecido una protagonista muy compleja, marcada por la soledad, la culpa, la necesidad de pertenecer y una fe que termina convirtiéndose en el filtro a través del cual interpreta toda la realidad que la rodea.
También me ha gustado mucho la atmósfera que consigue crear la autora. Hay algo incómodo y perturbador recorriendo toda la novela, una sensación constante de que algo no termina de encajar. La religión, la enfermedad mental, las dinámicas familiares y la dificultad de comprender a quienes se salen de la norma se entrelazan de una forma muy interesante. De hecho, en algunos momentos me ha recordado a Carrie, no porque las historias sean iguales, sino por esa mezcla de fanatismo religioso, aislamiento y la sensación de estar acompañando a una protagonista cada vez más atrapada por su propia realidad.
Además, me ha parecido una lectura muy visual. Hay sensaciones que se quedan grabadas mucho después de cerrar el libro. Marina Arrabal consigue crear una voz muy particular para su protagonista y construir un universo que resulta tan extraño como absorbente. A través de los recuerdos de Dulcenombre también se exploran temas como la precariedad, la sobreprotección, la culpa o el peso que puede tener la educación religiosa en la forma en que entendemos el mundo y a nosotros mismos.
Si tengo que ponerle un pero, diría que el final me ha dejado algo descolocado. No sé si he terminado de interpretar del todo algunas de las decisiones que toma la novela en sus últimas páginas. Aun así, tampoco creo que sea un libro que busque ofrecer respuestas sencillas ni cerrar todos sus interrogantes.
En definitiva, Dulcenombre me ha parecido una novela muy particular y distinta a cualquier otra que haya leído recientemente. Más allá de la religión o la enfermedad mental, me quedo con la sensación de estar ante una historia sobre la soledad, la necesidad de pertenecer y lo difícil que puede ser vivir sintiéndote diferente al resto.
«El amor no debe doler, pero debe dejarnos marcas de haberlo vivido. Como esas lineas finas alrededor de los labios de besarse tanto, alrededor de los ojos de cerrarlos cuando la boca se estira para sonreír. Un cuerpo amado no estará pulido, estará deslucido de manosearlo».
Les dates d’inici i final de lectura ho diuen tot - ha sigut una lectura realment addictiva.
Independentment de la relació que tinguis amb la fe i religió cristiana, l’autora té una manera de descriure tan… tangible? que et captiva, des de la primera pàgina fins l’última. Sento que he entrat dins la història, que he vist, olorat, tocat i mossegat (ifykyk).
Super recomenable.
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Pero que maravilla es esta. Me ha encantado la delicadeza y crudeza para tratar salud mental y obsesión religiosa en generaciones llena de miedos a lo desconocido. Salirse de los parámetros y descubrir límites para luego negar que existen. Cuando vi novedad de blackie books de esta colección me lo llevé y que acierto. Posiblemente de lo mejor que lea este año
Una novela muy original, con un formato tb original y que nos acerca a la enfermedad mental desde el misticismo y la inocencia de su protagonista. Dulcenombre despierta ternura en todo momento, su inocencia sobre todo lo terrenal me hizo deshacerme y su conexión con lo divino lejos de hacer que lo rechaces te acerca a ella.
Todos los personajes son un conjunto necesario que apuntalan la “locura” de Dulcenombre y que hacen que la trama se convierta en divertida pese a la desgracia real de la historia.
Me ha gustado y sorprendido por partes iguales, he reído e incluso llorado ante la frialdad de una sociedad tan dura con los que son diferentes a ellos. Si puedes no te la pierdas 💕💕💕
en realidad 3,75. un certero retrato de la combinación de fanatismo, enfermedad mental y soledad. dulcenombre es un personaje al que hay que querer (también a josé ratón). GRACIAS a marina arrabal por ambientar bien una novela ambientada en los 90... pero le quito estrellas porque el final no me ha gustado. bueno, más bien me ha dado igual.
Hagiografías, una niña santa y mística que tiene "hambre" de fe, secretos familiares, soledad, ambientes opresivos con olor a cerrado. Una vibra de Carrie, Inocencia Interrumpida y el Exorcismo de Emily Rose. Amé 🖤
3,5⭐️ "Hoy los gorriones vuelan sendas desconfiadas, el verde los asusta. Tú abandonas este cuerpo de hueso que nos separa y para que. Antes tocabas mi cara con tus dedos. Yo era una raíz en tus bosques, tú eras ese signo al que pertenezco, algo distinto y armónico, quizás un beso. Ahora perdido y armónico como la palabra Arimatea"
Cae prácticamente del tirón, es muy ligero en la lectura y ocurre que, incluso cuando no lo estás leyendo, se te viene a la cabeza todo el rato. Es difícil salir de él. La autora trabaja con mucha delicadeza lo asqueroso, es realmente original. Por otro lado, el final me ha dejado pensando mucho y no tengo claro haberlo entendido, si alguien tiene pistas que me diga, por favor.
Dulcenombre es una chica extraña que habita en la devoción, rodeada de santos y santas, sus amigos. En ese universo de santidad, rezo continuo y velatorios, algo pasa con Dulcenombre, algo que no ella ni esta lectora esperábamos.
Wow. Me ha encantado este libro, lo he devorado en un día y me ha dado pena hacerlo, porque me apetecía pasar mucho tiempo más en esta historia. Me ha sorprendido muchísimo, de lo que pensaba que sería cuando lo vi en la librería y me atrajo su portada y su sinopsis, a lo que ha sido finalmente. Me quedo con ganas de más, ya echo de menos a Dulcenombre. Junta todos los elementos que me gustan, religión, fantasía, oscuridad, delirio, fetiche, deseo, rareza, trastorno, inocencia...este libro abarca muchísimas cosas en muy poco espacio y, al contrario de lo que podrías pensar cuando te dicen esto, lo hace de manera estupenda.
"Dulcenombre" de @_marinaarrabal_ me ha encantado!
Hacía mucho tiempo que un libro no me atrapaba de esta manera. Incluso cuando estaba ocupado con otras cosas, mi cerebro seguía pensando en Dulcenombre.
La novela está escrita con una aparente sencillez que esconde una enorme fuerza expresiva, con una voz propia que sostiene toda la novela.
Es intensa, a veces angustiosa e incluso desagradable en algunos momentos, pero precisamente por eso me ha parecido profundamente realista dentro de su universo de ficción y fantasía. Hacía mucho tiempo que no tenía la sensación de estar leyendo auténtica literatura, y no simplemente una historia construida como un guion de cine.
Me parece una maravilla, una obra que, a través de la ficción, consigue remover recuerdos, emociones y heridas de la infancia que quizá nuestro cerebro había escondido para ayudarnos a sobrevivir en la edad adulta.
Desearía ser Dulcenombre, a pesar de que siempre he sido como ella.
Dulcenombre, la protagonista de esta historia, te enseña con devoción a venerar a santas y mártires. A recolectar y cuidar reliquias.
Penitencia y castigo. Mucha soledad, demasiada. Culpa y castigo. Estigma y delirio.
Marina Arrabal teje una historia que te lleva de la mano para que no te pierdas del todo en esa inmensa oscuridad. Sus páginas están llenas de descripciones perturbadoras que huelen a repollo cocido y leche agria, tan vívidas que te llega el tufillo de todo.
Yo todavía estoy regresando de allí, intentando sacudirme esa atmósfera de tinieblas. Pero hay libros de los que no se vuelve indemne, y este me ha dejado en un vivir sin vivir en mi :-)
* "Escribo Anotaciones sobre la culpa, pero nada cambia. Lo único que me calmaría serían esas manos apretándome hasta romperme. Hasta entrarme dentro"
❤️🔥 «El amor no debe doler, pero debe dejarnos marcas de haberlo vivido. Como esas lineas finas alrededor de los labios de besarse tanto, alrededor de los ojos de cerrarlos cuando la boca se estira para sonreír. Un cuerpo amado no estará pulido, estará deslucido de manosearlo».
«Cada vez mi deseo es más violento y es más difícil de aplacar. Algo me ruge de tro y, de la misma forma, yo le rujo a Dios».
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Originalísima en todos los sentidos.
Una 'opera prima' algo forzada a nivel estilístico en algunos momentos y falta de un ensamblaje que dé sentido y unidad total tanto a la historia como a la construcción de la protagonista.
Sin embargo, es endiabladamente ágil y aborda temas oscuros con una lucidez sorprendente. Sin duda, habrá que seguirle la pista a Marina Arrabal.
Fedea eta osasun mentalaren arteko harremana beldurgarria da liburuan. Dulcenombre ez da una loka, le han vuelto loka. Berriro ere heziketa eta familiak duen pixua ikusten degu. Gaixua obsesionatu egiten da Jainkoarekin inork ez diolako kasu iten. Gainera, berdin berdin, erortzen da presio estetikoan. La pobre es bollera x si era poco.
El amor no debe doler, pero debe dejarnos marcas de haberlo vivido. Como esas finas líneas alrededor de los labios de besarse tanto, alrededor de los ojos de cerrarlos cuando la boca se estira para sonreír. Un cuerpo amado no estará pulido, estará deslucido de manosearlo.
“El amor no debe doler, pero debe dejarnos marcas de haberlo vivido. Como esas lineas finas alrededor de los labios de besarse tanto, alrededor de los ojos de cerrarlos cuando la boca se estira para sonreír. Un cuerpo amado no estará pulido, estará deslucido de manosearlo”.