Vaya por delante mi respeto hacia Javier Sáez y hacia un pensador de la talla de Marx, un filósofo fundamental todavía hoy. ¿Quién puede dudar de que es bien injusta la diferencia de salarios entre, digamos, un profesor, un deportista de élite o un influencer? Algo estructural en nuestro sistema material falla, desde luego.
El problema de Lewis es que es al marxismo ortodoxo (el cual debería transformarse de una vez por todas) lo que un inquisidor al cristianismo. Creencia, dogma, unidireccionalidad, ortodoxia unívoca. Ciertamente, Lewis rehuye del exceso de moralismo de la Nueva Izquierda, pero lo hace para caer en una llamada colectiva universal revolucionaria donde cualquier otra posibilidad no tiene lugar. No hay más luchas posibles. El anticapitalismo es la única finalidad y solo hay una vía y, además, debe der total. El resto da igual.
La autora reniega de cualquier autorreflexion individual, sondear la alienación propia, modificar hábitos, replantearse posiciones subjetivas o dudar de nuestras latencias psíquicas. Somos redondos y perfectos, y nuestra consciencia es pura y cristalina. Somos víctimas (o verdugos, si somos capitalistas) Solo tenemos que darnos cuenta de la injusticia del sistema en su totalidad. No hay lugar para la etica, que ella compara con un libro de autoayuda o con un capitalista haciendo yoga...(!) Derrida, Foucault o Lyotard son criticados sin piedad, de un modo que hace dudar que realmente los haya entendido. Según Lewis el "mal impersonal" está ahí, tan cierto como el demonio, y solo la acción colectiva total podrá destruir el sistema y alcanzar un mundo de amor y justicia absolutas. Cualquier otra cosa está pre-determinada.
Para Lewis atacar el consumismo, por ejemplo, es sólo una estrategia de las altas clases sociales para hacer sentir mal a los pobres. Lewis no es sutil, incapaz de distinguir entre moralismo estupidos y la posibilidad de respeto hacia uno mismo (un espacio a trabajar).
Por otro lado, se contradice. Aunque dice que no hay "capitalistas malvados", sino un sistema impersonal del que somos víctimas alienadas, posteriormente no para de distinguir entre malvados personajes y víctimas pobres. Sin grises. Para ello afirma que el concepto de alienación marxista es un pecado de juventud de Karl Marx, y que sólo debe aplicarse al sentido de enajenación material. En este sentido, si bien está demostrando seguir a Althusser, no ha entendido la conclusión radical (véase ”El sublime objeto de la ideología" de Zizek): no es que haya falsa conciencia de la realidad, es que "la realidad" ya está ideologizada...en cada individuo. A Lewis le falta teoría lacaniana, hegeliana y adorniana (entre otras).
La mezcolanza interseccional de Lewis es un circo a tres pistas. Por una parte, el marxismo ortodoxo político más reaccionario y cerrado. Por otra, la tercera ola y lo queer aparecen un tanto escamoteados. Reconoce su valor (evita criticar su posible falsa conciencia, su mercantilismo o su radicalismo ideológico...) pero los reduce a una mera identidad no revolucionaria si no se pliegan al marxismo total.
Aunque a veces tiene alguna reflexión interesante, lo cierto es que el producto final es limitadisimo, autocomplaciente, inflado de lógicas obtusas y sin críticas (constructivas) al feminismo o lo queer, que asume tal cual (al contrario que el feminismo de la segunda ola, que los despacha bien rápido -aunque de modo acertado en gran medida-). Sólo parece importarle conseguir aliados.
En conclusión, paradójicamente parece una apología de la ignorancia propia y del narcisismo mercantil. Fuera del materialismo histórico no hay salvación. Hagas lo que hagas, estás alimentando el capitalismo, así que...o revolución mundial absoluta (¿cómo?) o...haz lo que quieras...no se te puede criticar por ello. (Lo estoy exagerando, pero viene a ser algo asi).
Un libro, por tanto, que disfrutarán sólo los creyentes más radicales de cierta interpretación del marxismo tradicional. O los que quieren conocer otra posibilidad de desarrollo para el feminismo y lo queer (que no sé si merece la pena).
Recomiendo, de partida, "El yo soberano" de Elizabeth Roudinesco como terapia de choque para una contextualización y reflexión acerca de la lógica errada de Lewis al respecto de la french theory. También la lectura de "Capitalism and desire" de Todd McGowan para una crítica actualizada del capitalismo despojada de banalidades. Sobre una mejor perspectiva al feminismo, Laura Llevadot, ”Mi herida existía antes que yo". Acerca de lo queer, "Teoría queer y psicoanálisis" de Javier Sáez. Sobre cómo incluso la identidad trans necesita ser revisionada, reflexionada y debatida (como todas, mal que le pese a Lewis), léase a Miquel Misse ”A la conquista del cuerpo equivocado" Y paro ya...
Como Terry Eagleton ha señalado en más de una ocasión (y otros, como Zizek), el tipo de delirio "a-lo-Holly-Lewis" sólo acaba fortaleciendo todo el sistema, censurando y forcluyendo un sinfín de estrategias y luchas vitales de un modo totalitario.