Y, quizás, uno de los propósitos de la escritura sea lo que Pablo Echart hace en «Mirar el mar». Dotar de significado con una narración impecable y precisa pequeños retazos de la vida cotidiana.
Leerlo se siente como ojear un álbum de fotos o ir a un museo. Quieres avanzar leyendo y, a la vez, quedarte en cada escena que plantea.
Puro arte y costumbrismo: evocador, elegante, limpio, minimalista, sencillo y sutil.