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Te di la mano

256 pages, Paperback

Published September 10, 2026

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Nuria Pérez

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Profile Image for Javier.
1,283 reviews333 followers
September 15, 2026
“Nunca deberíamos subestimar las posibilidades que esconde un instante, porque la brevedad no excluye la trascendencia.”

‘No tocarás’, la primera novela de Nuria Pérez, me fascinó tanto por lo que contaba como por la manera de hacerlo, con una delicadeza que le permitía abordar asuntos difíciles sin que la historia perdiera nunca su humanidad. Y ‘Te di la mano’, su segunda novela, lo ha vuelto a hacer. Es de esa clase de historias que consiguen que, después de cerrar el libro, empieces a mirar de otra manera cosas que hasta entonces formaban parte de tu vida cotidiana sin que te hubieras detenido demasiado a pensar en ellas. Después de acompañar a sus personajes durante más de un siglo, desde el Congo de 1908 hasta nuestro mundo hiperconectado, resulta difícil volver a mirar un teléfono móvil o un coche sin preguntarse qué historias hay detrás de todo aquello que damos por hecho.

La historia comienza a orillas del río Maringa, en el Congo, a principios del siglo XX. Allí conocemos a Makasi, una joven que trabaja como sirvienta en una casa colonial. Para los blancos que la rodean es prácticamente invisible y ni siquiera respetan su verdadero nombre: la llaman Ladouce, una palabra que refleja la imagen que han construido de ella, una muchacha dócil y manejable. Pero mientras permanece en aquella casa y escucha a Madame Lambert leer, Makasi empieza a descubrir algo que terminará cambiando su vida: las palabras.

Makasi significa “fuerza de la naturaleza”, y pocas cosas describen mejor a este personaje. Su historia es la de alguien que, en un mundo empeñado en silenciarla, encuentra en la lectura y en la escritura una forma de conservar aquello que otros pretenden borrar. Primero aprende a leer observando y escuchando. Después aprenderá a escribir. Y escribir acabará siendo mucho más que una habilidad: será una manera de dejar constancia de lo ocurrido y de impedir que determinadas vidas desaparezcan de la historia.

‘Te di la mano’ no es una saga familiar al uso. La autora construye un mosaico de historias que van saltando entre personajes, generaciones y lugares muy diferentes. Algunas conexiones son evidentes desde el principio y otras tendremos que descubrirlas nosotros mismos. El resultado es una especie de efecto dominó que se extiende durante más de un siglo.

La novela está dividida en tres grandes bloques: caucho, cobre y cobalto. Tres materias primas que representan distintos momentos del desarrollo industrial y tecnológico y que sirven a la autora para mostrar cómo determinados mecanismos de explotación pueden mantenerse aunque cambien los tiempos. El caucho nos lleva al Congo colonial; el cobre acompaña la industrialización y la electrificación; y el cobalto nos acerca a la tecnología que forma parte de nuestra vida actual. Cambian los materiales, cambia el contexto histórico y cambian los protagonistas, pero detrás de todos ellos permanece una pregunta incómoda: qué coste hay detrás de aquello que llamamos progreso.

Pérez no se limita a contarnos la historia de la explotación de los recursos congoleños, sino que utiliza esa idea como punto de partida para mirar otras formas de dependencia y sometimiento mucho más cercanas. Está la esclavitud y el trabajo forzado de quienes extraen las materias primas, pero también están otras formas mucho más cercanas y reconocibles de sometimiento: personas atrapadas en trabajos que las consumen, en adicciones o en un modelo de vida basado en producir y consumir sin detenerse demasiado a pensar qué hay detrás de aquello que tenemos entre las manos.

El salto entre escenarios contribuye a construir esa idea. Del Congo pasamos a espacios tan diferentes como las viviendas comunales soviéticas, Milán, la costa irlandesa o Londres. Son mundos que aparentemente no tienen nada que ver. Sin embargo, la novela va demostrando que las distancias pueden ser bastante más engañosas de lo que pensamos. El Congo parece muy lejos cuando encendemos una luz, utilizamos un ordenador o miramos el móvil, pero aquello que tenemos tan cerca y utilizamos con tanta comodidad puede estar relacionado con historias que ocurren a miles de kilómetros y de las que apenas sabemos nada.

Lulu es el personaje que mejor representa esa conexión con el presente. Su vida está marcada por el trabajo y la imposibilidad de desconectar. Vive pendiente del ordenador y del teléfono, trabaja hasta el agotamiento y poco a poco su cuerpo empieza a pasarle factura. Esa lesión que, en principio, puede parecer un detalle más de su historia, adquiere otro significado cuando lo relacionamos con todo lo que hay detrás de la tecnología que utiliza constantemente.

Una de las cosas que más me ha gustado de la novela es que no intenta establecer una división sencilla entre quienes explotan y quienes son explotados. El sistema es mucho más complejo. Hay víctimas directas de la extracción de recursos, pero también personas que, en otros lugares y circunstancias, terminan atrapadas en mecanismos que tampoco controlan por completo. Y ahí es donde la novela consigue que esa distancia de la que hablaba antes empiece a desaparecer. Porque cuanto más avanzamos, más difícil resulta contemplar todo lo que ocurre desde fuera y no preguntarnos qué relación tenemos nosotros con esa cadena.

La relación entre las mujeres de diferentes generaciones adquiere un peso fundamental en la historia. Bokilo, Nseya, Monganza, Elodie… son los eslabones de una cadena que permite que esa memoria no se pierda y que lo ocurrido pueda seguir pasando de una generación a otra. Sus historias están separadas por el tiempo y por las circunstancias, pero cada una aporta algo que resulta necesario para que esa cadena continúe. Y esa idea de conservar lo ocurrido, de impedir que determinadas vidas y determinados acontecimientos queden borrados, conecta directamente con la importancia que tendrá la escritura para Makasi.

Porque, en el fondo, la novela también plantea una pregunta sobre quién tiene derecho a contar la historia. Durante mucho tiempo, Makasi no es nadie para quienes mandan. Ni siquiera consideran necesario llamarla por su verdadero nombre. Pero esa mujer aparentemente invisible termina encontrando precisamente en las palabras una manera de hacerse visible y de contar su propia historia.

El Congo no queda reducido a un escenario de pobreza y violencia. La explotación y la brutalidad están muy presentes, pero también hay familias, música, comida, humor y amistad. Sus personajes tienen deseos, contradicciones y esperanzas, y eso hace que la novela consiga mostrar el Congo más allá de la tragedia y que el contexto histórico no termine eclipsando a las personas que viven dentro de él.

Nuria Pérez tiene además una forma de contar que hace que una novela con tanta carga histórica y social no se convierta en un ensayo. Su escritura es muy visual y sensorial, y tiene una capacidad especial para introducir información, curiosidades o acontecimientos históricos dentro de la narración de manera que terminas queriendo saber más. Pero también hay humor. Mucho más del que cabría esperar en una historia que aborda asuntos tan duros. El narrador interpela al lector, juega con nuestra atención, adelanta acontecimientos, comenta lo que está sucediendo y, en definitiva, nos acompaña por la novela.

‘Te di la mano’ es una novela muy ambiciosa que consigue convertir la historia del colonialismo y la explotación de los recursos naturales en una historia de personajes, familias y conexiones que atraviesa más de cien años. Pero, sobre todo, es una novela sobre la memoria y sobre la necesidad de mirar aquello que resulta más cómodo ignorar. Al cerrar sus páginas no queda solo la sensación de haber recorrido buena parte de la historia del Congo, sino también la de haber entendido un poco mejor las conexiones que existen entre lugares y vidas que, a primera vista, parecen muy alejados.

Porque sí: el Congo está muy lejos, pero una parte de ese Congo está ahora mismo en tus manos mientras lees esto. Nuria Pérez ha escrito una novela que obliga a mirar. Y, sobre todo, a prestar atención. Porque quizá el primer paso para cambiar algo no sea hacer nada extraordinario, sino simplemente dejar de pasar de largo.
Profile Image for Merce.
157 reviews8 followers
September 20, 2026
Me ha gustado mucho, como hila los personajes de las distintas épocas. Fácil de leer.
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