En la nota preliminar del primer tomo, la editora aclara que cuando una obra es muy extensa deciden dividirla en dos volúmenes para su publicación. Sé que las comparaciones son odiosas, pero esta estrategia editorial ha tenido un resultado agridulce para mí: mientras que la primera parte me pareció una absoluta delicia (desde ya una de mis lecturas favoritas en lo que llevamos de año), la segunda mitad se me ha hecho cuesta arriba. Lo curioso es que tardé exactamente tres días en leerme cada uno de ellos, pero las sensaciones no pudieron ser más opuestas; con este segundo volumen no he sentido que leyera dos partes de un todo, sino dos historias totalmente distintas.
Al ser un enemies to lovers ambientado en el mundo del espectáculo, intuía que el futuro de Ane y Luz tras terminar el rodaje no iba a ser precisamente un camino de rosas. El problema es que me he quedado con la sensación de haber leído la historia de dos personajes que se enamoran sin apenas conocerse. Lo único que realmente tienen en común es la profesión en la que se mueven y una atracción física irremediable.
Entiendo que ambas arrastran un bagaje emocional y familiar muy pesado, lleno de fantasmas del pasado que buscan la forma de colarse en el presente, pero capítulo tras capítulo resulta abrumador ver cuántos frentes abiertos tienen para el poco tiempo que llevan juntas. Cuando por fin logran avanzar un paso, inmediatamente algo o alguien les hace dar tres hacia atrás en una carrera de obstáculos interminable. No siento que fuesen dos personajes preparados para tener algo serio; necesitaban sanar todas esas heridas fuera de la relación, no dentro de ella.
No me malinterpretéis, con esto no quiero dar a entender que buscara una historia rosa y aburrida, ni que una relación deba estar exenta de conflictos para ser perfecta, pero aquí se cumple el dicho de «ni tanto ni tan calvo». Al final, se abusa demasiado de las escenas spicy como el comodín para resolver casi todos los conflictos y los problemas de comunicación, y si a este libro le quitas ese recurso y el «bollodrama» tan excesivo para una relación tan incipiente, te queda muy poco. Me cuesta encontrar motivos que justifiquen la existencia de esta segunda entrega.
Aun así, la lectura tiene sus aciertos. Me pareció muy coherente con el desarrollo que el personaje de la abuela Isabel, abiertamente homófoba, no cambiase repentinamente de parecer para dar un giro fácil. El desenlace también me ha gustado mucho. La autora utiliza una bonita metáfora aprovechando que las protagonistas son actrices, planteando el cierre como el final feliz de su propia película. Sin embargo, para mí, ese punto final no es el desenlace de nada, sino el comienzo real: el momento exacto en el que por fin normalizan su historia de cara al mundo. El epílogo es otra de las cosas que salvo y que me ha parecido un acierto total. El recurso del recorte de periódico, mostrando a Ane ganando el premio a mejor actriz, cierra el círculo de manera preciosa con respecto al primer libro (donde Luz ganó el de actriz revelación, desatando originalmente su rivalidad). Leer el discurso completo de Ane ha sido un broche de oro muy emotivo.
En definitiva, es una pena que el primer libro me dejara las expectativas por las nubes, porque aunque esperaba que este estuviera a la altura o que incluso superase a su predecesor, no he logrado conectar con la historia de la manera en que creí que lo haría.
Después de acabar el primer libro te quedas con ganas de más Luzane, pero personalmente no sabía qué esperar de esta segunda parte porque la historia ya estaba bastante encaminada (y no es ningún spoiler, porque la portada de la toma 2 ya da muchas pistas).
Pero, aun así, ha sido tan adictivo como el primero. Hay momentos en los que la descripción de los sentimientos de los personajes está tan bien hecha que te hace sentirlos y meterte todavía más en la historia. ¡Una continuación genial!