Quizá no es una obra cumbre de la literatura, pero me emociona que Cervantes y Don Quijote, tantos siglos más tarde, sigan inspirando y siendo un símbolo para personas de todo el globo, a pesar de estar en geografías lejanas y hablar idiomas completamente diferentes. El mensaje del libro también es muy bonito, y no puedo dejar de sentir pena por Seong-Min, que dejó morir el niño que llevaba dentro (al menos, así lo veo yo). Es una lectura ligera, agradable y emocionante.
Trata sobre el dueño de un videoclub en corea que vivía obsesionado con Don Quijote. Desaparece y sus amigos de antaño comienzan su búsqueda. Me ha parecido lento y un poco repetitivo.