Muy buenos cuentos. Rápidos de leer, atrapantes y que captan esa esencia solitaria de los pueblos gringos.
“No sé qué esperaba cuando huí de Chile, pero me encontré con este mundo de maizales interminables donde cada noche se instala una quietud rígida y el frío invernal te embrutece. Un país de gente viviendo a la sombra de fábricas abandonadas en un mar de maleza, acereras, papeleras, plantas automotrices y todos esos edificios desocupados hace apenas unas décadas, pero que hoy parecen construcciones de una civilización perdida.” (p. 166)