—¿Dices que eres el demonio? -preguntó Karras.
—Te lo aseguro.
—Entonces, ¿por qué no haces que las correas desaparezcan?
—Eso sería un despliegue de poder demasiado vulgar, Karras. Demasiado burdo. Después de todo, soy un príncipe.
Luego de haber leído “Los elementales” de Michael McDowell, me quedé con ganas de subir la apuesta y decidí leer “El exorcista”.
No me equivoqué. La novela posee los más altos ingredientes de terror con los que me haya topado, aunque no haya leído mucho del género y por supuesto posee un suspenso adictivo, propio del estilo de estos libros.
Su autor, William Peter Blatty, quien publicó esta novela en 1971, basándose en una experiencia vivida por él mismo en el año 1949, causó un revuelo instantáneo, tanto por la historia narrada, como por los condimentos de alto contenido polémico, repulsivo, escatológico y demasiado violento para la época, llevó en dos años más tarde su novela a la pantalla grande, junto con el director William Friedkin para terminar ganando un premio Oscar por “Mejor guion adaptado”.
Fue tal el impacto de la película en los cines por aquellos años, que mucha gente salía vomitando de las salas. La película se transformó en objeto de culto instantáneo y sigue vigente hasta nuestros días.
Es digno de destacar la manera en la que Blatty se informó e investigó en distintas áreas para solventar el argumento de la novela. El autor profundiza sobre la medicina clínica, la psicología, la psiquiatría, la teología, las supersticiones, todo lo referente a posesiones, brujería, hechizos, inquisiciones, civilizaciones antiguas y la religión católica.
Los síntomas de Regan se van manifestando de menor a mayor, comenzando con simples explicaciones que los profesionales atribuyen como propios de su edad, como los desórdenes normales previos a la adolescencia para ir incrementándose en complejidad.
Tanto médicos, como psicólogos y psiquiatras divagan entre conjeturas tratando de explicar el estado de salud de Regan que incluye hiperactividad, mal genio, insomnio, trastorno hiperkinético, sonambulismo histérico, contracciones clónicas, convulsiones, epilepsia, desdoblamiento de la personalidad, enfermedad mental, desborde psiquiátrico, histeria, esquizofrenia, paranoia hasta llegar a la conclusión de una posible posesión demoníaca.
A partir de allí, Chris MacNeall, la madre de Regan completamente desesperada y abrumada, contactará al padre Damien Karras para pedirle que le realice un exorcismo a su hija.
El padre Karras, un sacerdote experto en psiquiatría, quien atraviesa una crisis de fe ante la reciente muerte de su madre, batallará en primer lugar contra su propio escepticismo para terminar luchando contra el demonio que consume el frágil cuerpo de Regan.
Es aquí donde Blatty nuevamente despliega un bagaje de conocimientos técnicos relacionados a la posesión diabólica y a los exorcismos.
Es indudable que, en primer lugar se asesoró con médicos especialistas en la materia y sobre todo contactó a diversos sacerdotes y personalidades eclesiásticas que le brindaron la información necesaria para desarrollar su novela.
La inclusión de libros como "Psicología y patología de los fenómenos ocultos", “Posesión” de Osterreich, “Los demonios de Loudun”, de Huxley, y “Parapraxis en el caso de Haizman” de Freud; “Posesión por el demonio y exorcismo en la primera época del cristianismo, a la luz de las ideas modernas sobre las enfermedades mentales”, de McCasland, así como extractos de revistas psiquiátricas sobre “Neurosis de posesión diabólica en el siglo XVII”, y “La demonología de la psiquiatría moderna”, de Freud no están incluidos por casualidad. Todo esto le da solvencia y credibilidad a la novela.
Cuando un comienza a leer la tercera parte llamada “El abismo” es allí donde el horror de desata. Todo lo que sucede en la novela será replicado fielmente y sin censura en la película.
Algunas escenas y situaciones realmente superan al lector causándole asco, repugnancia e incluso ganas de detener la lectura, desde el lenguaje altamente obsceno que sale de la boca de Regan ya poseída, junto con toda una serie de sustancias, vómitos, flujos, sangre, excrementos, escupitajos y hasta una controvertida escena de masturbación con un crucifijo, hace que uno sobrelleve una lectura verdaderamente tortuosa.
Ciertas escenas realmente son difíciles de soportar si tenemos en cuenta que de quien hace y dice todo esto es una niña de doce años.
Esta novela no es para lectores susceptible ni para estómagos flojos ni tampoco para aquellos poco acostumbrados a la violencia y la obscenidad.
Muchas situaciones chocan al lector, propinándole golpes verdaderamente bajos, pero uno en cierto modo, leyéndola, logra compadecerse de lo que le sucede al personaje de Regan, poseído por un demonio que no le tiene piedad y que la está matando de a poco, mientras su cuerpo maltrecho resiste sus embates, atada a una cama y en dormitorio cuya temperatura es de varios grados bajo cero.
Este detalle no es menor. Cuando Dante Alighieri describe el lugar donde se encuentra el Diablo en “La divina comedia”, está castigando cruelmente a Judas Iscariote en el Cócito, situado en último círculo del infierno, que para variar, está congelado, algo que contrasta con la idea de que el Infierno es un lugar ardiente.
Por otro lado, para la película, los actores fueron sometidos a verdaderas temperaturas congeladas que hicieron verdaderamente tortuosas sus actuaciones.
Volviendo a la novela, nos encontramos también con otros personajes muy importantes como por ejemplo los personajes que trabajan en la casa de Chris, o sea su mayordomo Karl, la esposa de este, Willie y una joven llamada Sharon quienes tiene implicancia directa en todo el asunto.
Y no debemos olvidar al detective Kinderman, que investiga la muerte del director de cine Burke Dennings y sobre todo al verdadero exorcista, el padre Lankenster Merrim, un afamado y experto sacerdote que en la película es personificado por el maravilloso Max Von Sidow.
“El exorcista” es una novela aterradora, difícil, incómoda, cruda, violenta, visceral y hasta repugnante, pero realmente atrapante.
Considero que William Blatty alcanzó la fama a partir de una novela que se salió de todo lo conocido hasta ese momento y que aún hoy, con el agregado de la película de 1973, sigue causando la misma conmoción y espanto que cuando fue publicada.