Los poetas de la China clásica supieron hacer del instante una eternidad, de la contemplación una revelación y del lenguaje un cauce para lo inefable. En esta antología, Édgar Trevizo nos acerca a la esencia de su poesía con una traducción que equilibra rigor y sensibilidad, manteniendo intacto el “sabor del original”. Aquí resuenan los versos de Su Tung P’o, Wang Wei y Li Po, con su caligrafía libre y su pulso contenido, revelándonos un mundo donde el vino, la luna y las flores no son solo imágenes, sino puertas a otra dimensión del tiempo. Cada poema, en su aparente levedad, es un eco de la vacuidad y un testimonio del arte sutil de nombrar lo inasible. Una edición que es, en sí misma, un gesto de devoción y un puente entre lenguas, tiempos y sensibilidades.
Esta antología de poesía china idealmente debería ser leída de noche, bajo el brillo de la luna, recostado contra un árbol, sobre el césped, junto a un río, oyendo el canto de los grillos y con una botella de vino como compañera; en el contexto de nuestra vida moderna podemos conformarnos con la noche, una luz tenue y una copa de vino. Son sorprendentes los niveles de profundidad y las alturas de filosofía vital que alcanzan estos versos, sin perder en ningún momento la belleza natural, la atmósfera de misterio, un tono que es a la vez alegre y nostálgico, risueño y melancólico, juguetón y sufriente. Y también resulta increíble la presencia de un tópico esencial que atraviesa toda esta poesía: la ebriedad, el alcoholismo, el goce del vino en el contexto de soledad, como un amigo que aligera los pesares de la vida y la certeza de nuestra caducidad como humanos, tal como aparece en el célebre “Con la luna y mi sombra somos tres” de Li Po y en esa especie de homenaje-reescritura que es “Luna, flores, hombre” de Su Tung P’o, donde figura el verso que da título al libro. Los poetas que más me gustaron: Li Po, Lu Yu (conocido como Lu You), Po Chu-I, Su Tung P’o, Tu Fu y Wang Wei. El poema “Camino en el campo, por la noche” de Lu Yu me produjo un quiebre interno por su juego de contrastes y me hizo llorar como un niño. Es a la vez un libro para llevar bajo el brazo y releer en cualquier momento, idealmente algún poema al azar, y un libro como umbral de ingreso para seguir buscando e investigando sobre la poesía china.