Esta obra ocupa un doble vacío: el de los libros sobre teoría del paisaje y el de una literatura en español sobre estos temas. Para paliar el primero, Alain Roger se enfrenta, con la prosa ágil del novelista y el lenguaje accesible y riguroso del profesor, a alguna de las cuestiones más importantes que en los últimos años se están suscitando en torno al controvertido tema del paisaje. Para aliviar el segundo surge la colección Paisaje y Teoría en la que se incluye este Breve tratado del paisaje, que obtuvo en 1997 el premio «La Ville à lire», otorgado por France Culture y la revista Urbanisme. El autor reflexiona sobre la muerte del paisaje, las confusas relaciones entre paisaje y medio ambiente o las políticas que se deben aplicar en estos campos. Para ello, parte de un enfoque cultural, fijándose en la importancia que el arte ha tenido en la invención del paisaje. Este Breve tratado es un ensayo que manifiesta su rechazo a todos los conservadurismos, de carácter lúdico y, sobre todo, optimista. Es un homenaje a todos los artistas que han inventado nuestros paisajes y un apoyo a todos aquellos que continuarán esta aventura estética.
Aunque inicie con una determinación crítica frente a la óptica despótica del hombre sobre la naturaleza (todo esto con ayuda de los asistentes artísticos), se torna rápidamente en un recuento histórico de la invención del paisaje en diferentes regiones de Europa y Asia. Está espolvoreado con apuntes exquisitos sobre nuestro entendimiento recursivo del territorio, la explotación, la ilusa ayuda de los artistas y sus influencias en las miradas hegemónicas, las expediciones como instrumentos de colonización y finalmente la etimología del país (land) y el paisaje (landscape); pero es inevitable la incomodidad de tener un prefacio fundamentalmente filosófico seguido por un libro de narración histórica.
Importante y corto para todo aquel interesado en nuestros aparatos de control óptico y su inclusión en la eterna disputa entre la fuerza implacable de la maraña natural y el pretencioso sueño del hombre que quiere dominarla. El arte una vez más probando su parcialidad histórica, pautando, respaldando, y a veces respondiendo, a las hegemonías antrópicas del momento; en este caso, la estetización o embellecimiento del territorio, volviéndolo un blanco para todo aquel con espíritu aventurero, pero ante todo con ganas de sentir su poder, su fuerza, su presencia y sobrevivir para contarlo. Los insaciables por lo sublime dispuestos a encontrar placeres estéticos en el riesgo de la interperie.
Funciona como un libro de referencias, como una suerte de catálogo bibliográfico para lecturas de la problemática medio-ambiental y el arte; todas las páginas dedican una sección del pie de página a mencionar las referencias intertextuales, lo que hace oportuna la lectura si se quiere ahondar en algun frente particular que Roger mencione. Es breve y como al principio menciona, ausente del argot impenetrable de los ensayos filosóficos y artísticos; solo es confuso en su premisa cuando se inicia la lectura, es todo. Continua siendo parte esencial de la biblioteca en común entre la ecología y el arte.